Peseta Street Journal

El éxito de los trasplantes en España: ¿qué lo hace posible?

España sigue batiendo récords. Estas últimas tres décadas, nuestro país ha mantenido un liderazgo indiscutible a nivel mundial. En el año 2023 se registraron los niveles máximos hasta el momento en cuestión de trasplantes de órganos, superando en un 9% la cifra de procedimientos de años anteriores. El pasado 2024 se realizaron más de 6.000, entre los que destacan los trasplantes renales, con 4.047 intervenciones, seguidos de los hepáticos (1.344) y cardíacos (347). La tasa de intervenciones por millón de habitantes se situó en 132,8, el mayor número hasta la fecha, y la de donantes en 52,6 por millón de población, rebasando con creces el objetivo de 50 establecido por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Sin embargo, cabe preguntarse: ¿dónde reside el éxito de trasplantes en España? El camino hacia estos logros comenzó en 1965 con el primer trasplante renal exitoso en el Hospital Clínic de Barcelona de mano de María Gil-Vernet y Antoni Caralps. Después de varios intentos fallidos, los equipos de ambos profesionales lograron injertar en una mujer de 35 años un riñón procedente de una persona fallecida en un accidente de tráfico. Años después, en mayo de 1984, Josep Oriol y Josep María Caralps realizaron el primer trasplante de corazón con éxito en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona, permitiendo que el paciente sobreviviera 9 meses. No obstante, este hito histórico no habría sido posible sin la aportación clave del médico sudafricano Christian Barnard en diciembre de 1967. Logró trasplantar el primer corazón a un paciente de 53 años que padecía una insuficiencia cardiaca en estado terminal asociada a la diabetes. Esta intervención, hoy en día una actividad habitual, asombró al mundo, llegando a considerarse una verdadera “odisea” científica.  Esta terapéutica no solo fijó el camino para futuras intervenciones, sino que marcó un antes y un después en la percepción de la sociedad acerca de la donación de órganos. Antes de este primer trasplante, la opinión pública ponía entre las cuerdas la moralidad de estas cirugías. La principal controversia yacía en el hecho de que, mientras que los donantes vivos poseen intereses legítimos y deben ser respetados de manera rigurosa, el fallecido no los tiene, pero nosotros tenemos obligaciones de estima hacia ellos. Hoy en día, esta práctica es vista como un verdadero acto de solidaridad y generosidad capaz de transformar vidas.  El éxito del sistema español es explicado, en gran medida, por la adopción de un modelo que se encargó de sentar las bases de la donación de órganos y tejidos, conocido internacionalmente como el “Spanish Model”. Dicho sistema corresponde con el conjunto de medidas aplicadas en nuestro país para buscar un incremento de la demanda de órganos, una mejora de la supervivencia y calidad de vida y una cifra cada vez superior de pacientes que se benefician de los trasplantes. Está siendo aplicado en diversos países con resultados favorables, similares a los obtenidos en España, lo que nos proporciona la idea de que es un sistema con una buena base y altamente eficaz. Asimismo, este modelo se fundamenta en la Ley de Trasplantes de 1979, que ha ido experimentando cambios a medida que se producían avances científico-técnicos; y el Sistema Nacional de Salud, permitiendo el acceso universal de cualquier paciente al trasplante sin ningún tipo de discriminación.  Los progresos que se producen en este ámbito han permitido incrementar el número de donaciones y la cifra de pacientes beneficiados, que no solo involucran al personal médico de los centros sanitarios, sino que también requiere una profunda coordinación entre la administración y multitud de profesionales no sanitarios. A pesar de la gran cantidad de éxitos que ha cosechado el modelo español, este no se encuentra libre de desafíos y problemáticas. Entre ellos, destaca el repunte en la demanda de órganos y tejidos fruto del envejecimiento de la población, las desigualdades entre regiones que afectan directamente a su disponibilidad y los dilemas éticos que rodean esta práctica, especialmente en relación a la priorización de los pacientes receptores.  El modelo español, gracias a su coordinación, avances científicos y técnicos y la solidaridad ciudadana, es una clara muestra de que es posible salvar la vida de miles de personas cada año. Todos tenemos el derecho de que se haga realidad nuestra intención de regalar vida a otros a través de la donación de órganos. Además, aquellas familias que, aún sumidas en el dolor por la pérdida de un ser querido son capaces de apostar por la donación de órganos para así poder proporcionar a una persona la oportunidad de rehacer su vida y vivir de manera digna merecen un profundo reconocimiento. España no solo lidera a nivel estadístico, sino también en humanidad, mostrando al mundo que la colaboración y la solidaridad son las bases para regalar vida a los demás.  Marina Chamorro López – 1º Bachillerato

De la Guerra Fría al McDonald’s

Estados Unidos.  Actualmente país líder mundial en cualquier cosa que nos imaginemos: deporte, economía, política (por desgracia), gastronomía…  Y es que, ¿quién no se ha comido un McDonald ‘s? ¿O quién no ha llevado unos vaqueros? ¿y qué hay de Star Wars? Todos estos elementos, y tantos más que serían incontables, provienen de la cultura americana. Esto tiene un trasfondo histórico, iniciado tras la 2ª Guerra Mundial. Cuando acabó en 1945, el mundo se dividió en dos; capitalismo o comunismo. Este enfrentamiento tan tenso, que derivó en la Guerra Fría, tuvo su final con la caída del muro de Berlín y por consiguiente, la URSS. Fue en ese punto que el “águila” se apoderó del mundo. Otro elemento clave en este proceso, aunque parezca mentira, es la cinematografía. Las sagas de películas, las entretenidas, aunque simples, comedias románticas y las comedias absurdas han servido como medio para proyectar su estilo de vida y representar el famoso “sueño americano”.  Todo ello ha conducido a que la cultura global actual sea homogénea, sin diferenciación por mucho que lo parezca. Así, debemos ser un poco más independientes y dejar de endiosar a un país cuya Constitución (de una hoja) no se ha modificado en más de dos siglos, desde su fundación como país. Si no, acabaremos pagando 300€ por una simple consulta médica.  Marina Gallego Díaz – 2ºBTO  

INCAPACES DE ELEGIR NUESTRO FUTURO

Con 18 te queda toda la vida por delante, tienes mucho que aprender, descubrir, experimentar… Apenas sabiendo nada de esta, la sociedad espera que seamos capaces de saber a qué nos queremos dedicar.  Solo una pequeña parte de los estudiantes tiene claro qué estudiar, pero ¿y qué pasa con el resto? La presión que sienten estas personas es inmensa, desde el momento en que hacen la EVAU tienen apenas un mes para decidir todo su futuro. Una decisión tan importante requiere de tiempo para meditar y plantear las diversas opciones.  Por todo esto, ¿realmente un adolescente tiene la capacidad de saber qué es lo que quiere estudiar? Según muestran varios estudios, más del 38% de los estudiantes se arrepiente de la carrera universitaria escogida, y un 34% deja los estudios o se cambia de carrera en el primer año.  Mucha gente se centra solo en la carrera universitaria y si realmente su carrera elegida es la adecuada, pero el problema viene de mucho antes. En la actualidad la elección de asignaturas que cursar comienza en 1º de la ESO. La nueva educación se basa mucho en asignaturas optativas y da a los niños la responsabilidad de escoger entre varias opciones de materias. En 1º, 2º y 3º de la ESO se empieza a decidir entre optativas como Tecnología, Ciencias de la computación, una segunda lengua extranjera… Los niños no tienen el cerebro bien desarrollado, este órgano termina de desarrollarse entre los 25 y 30 años, todavía no tienen la capacidad de elegir de manera inteligente. Entonces, ¿en qué criterios se basan los niños para decidir qué materias cursar? Muchos escogen aquellas asignaturas que consideran que van a ser más fáciles, otros se decantan por las que piensan que van a tener más tiempo libre y que van a poder jugar en clase…Es normal que creamos que estas asignaturas son en cierto modo insignificantes, es decir, que la opción por la que nos decantemos no va a suponer un gran efecto en nuestros estudios, pero sin que nos demos cuenta, poco a poco se van cerrando puertas y opciones. Pero es en 4º de la ESO cuando tu elección de asignaturas tiene un gran efecto en tu futuro. En este curso ya se debe escoger una modalidad, científica, humanidades, tecnológica… A partir de aquí hay asignaturas que ya no vas a volver a dar.  En Bachillerato ya todo cuenta para la EVAU y la carrera. ¿Qué pasa si estudias el bachillerato equivocado? Sí que es verdad que puedes cambiar de bachillerato durante el segundo curso, pero el esfuerzo que debes hacer para llevar al día las asignaturas es inhumano. Al fin y al cabo, has perdido toda la base que dan durante el primer curso. Lo mismo sucede si haces un bachillerato que luego no se corresponde con tu carrera.  Solo somos adolescentes, no podemos saber con certeza qué es lo que vamos a querer en el futuro. Cae una inmensa responsabilidad sobre nosotros y en muchos casos tomamos la decisión equivocada. Si no sabemos ni lo que queremos comer, ¿cómo vamos a tener la capacidad de decidir algo tan importante como los estudios?  Yo solo soy una simple estudiante que quiere seguir formándose y estudiando y que no quiere que toda su carrera profesional se vea marcada por una decisión que tomé con apenas 16 años. En un futuro, no quiero mirar atrás y estar arrepentida de la decisión tomada por no saber a qué quiero dedicarme.  Sara Gómez Vesperinas – 1ºBTO

¿Te consideras más machista o más racista?

La diferencia que afrontan las mujeres entre llevar un trozo de tela para cubrir su rostro y no llevarlo radica en elegir si desean vivir en constante vigilancia, reprendidas por un cuerpo policial o ponerse un velo. Esta es la situación actual de la mujer en Irán. Si para algo tan insignificante como llevar un velo, las mujeres son detenidas y las agresiones de la policía son amparadas por la ley, ¿cuáles son las limitaciones contra la violencia hacia la mujer? Lo cierto es que en algunos países de Oriente, las interpretaciones incorrectas y radicalizadas del Corán que constituyen la ley, autorizan al marido de cada mujer a agredir a su esposa físicamente. Esto da paso a que miles y miles de abusos se pasen por alto en los tribunales de estos estados sin que nadie haga nada. Si lo máximo a lo que aspiran estos abusos es a generar titulares de noticias en occidente y vetos comerciales insignificantes de la ONU, quizá será porque desde nuestro cómodo sofá nos parece que el asunto no se desarrolla lo suficientemente cerca para afectarnos. En ese caso, hay zonas que disparan las estadísticas, y bastante cerca; sólo 3 de cada 100 mujeres que sobreviven al abuso lo terminan denunciando en Marruecos. Quizá esta falta de medidas con resultados útiles pueda explicarse por la negligencia de los políticos, como es el caso de Errejón, exportavoz de SUMAR y comprometido difusor de la ley de Sólo sí es Sí,  que ya acumula dos denuncias por agresión sexual que se han llevado a juicio, casi tan rápido como él ha hundido su propia carrera política vulnerando las ideas que él mismo utilizaba para dar lecciones a otros políticos. Es evidente que no se puede esperar dichas medidas útiles de personas cuya ética y honor pesa menos que sus palabras. Lo realmente preocupante sucede cuando se combinan ambos factores: negligencia política y extremismo islámico, como fue el caso de las violaciones a las más de 1400 mujeres menores en Reino Unido desde 1997 a 2013. Un grupo de taxistas de la comunidad pakistaní de Rotherham, que eran pertenecientes a pandillas de abusadores de origen asiático, violaban a mujeres adolescentes extorsionándolas a cambio de sus servicios. Durante todo ese tiempo, diversas investigaciones por especialistas se comunicaron al resto del cuerpo policial local sobre el caso ya habiéndose identificado los delitos, pero estos cuerpos hicieron caso omiso e ignoraron todo lo que se expuso por no ser calificados de racistas y evitar conflictos con grupos minoritarios.  Si debe ser considerado como un acto “racista” el de afirmar con hechos empíricos que hay grupos radicalizados islámicos en Asia que practican el abuso hacia las mujeres, entonces me considero muy racista (por favor, véase la ironía). Por otro lado, la policía local de Rotherham eligió voluntariamente ser menos “racista” a costa de ser definitivamente machistas al permitir toda una trama de abuso sexual gravísima hacia tanta cantidad de menores. ¿Y qué eligirán los dirigentes políticos en occidente, ser “racistas” o machistas?, ¿se centrarán en elaborar medidas que puedan solucionar los abusos o los seguirán dejando pasar? En el segundo caso, resulta difícil hacer que otros países cumplan normativas que no estén reconocidas en su ley, principalmente porque para que en Oriente se reciban sanciones, se debe tener un poder sancionador que sencillamente no tenemos, por la razón de que en Oriente hay petróleo y aquí no, además de que el propio cambio debe ser incentivado por las mujeres en esos países, puesto que emana de una cuestión cultural. Pero esta no deja de ser una obligación que supone tener un cargo político y si los políticos no demuestran ser capaces de proteger a las mujeres de las agresiones sexuales en el mundo, entonces, ¿quién lo hará?, ¿los partidos islamistas radicales en Irán?, ¿la comunidad pakistaní de Reino Unido?, ¿o los talibanes en Afganistán? Gonzalo Martín Díaz – 1ºBTO  

El valor de las personas

 Desde el inicio de la revolución industrial allá por finales del siglo XVIII, las fábricas y los trabajadores han sido figuras fundamentales a la hora de desarrollar sus actividades adjuntas. Sigue siendo esta la realidad a día de hoy, en pleno siglo XXI, en la que los trabajadores cumplen amplias jornadas laborales realizando, muchos de ellos, labores físicas exhaustas y en las que, para colmo, su salud mental y física acaba, en algunos casos, con sus vidas.        Me fascina, en esta línea, la labor y las prioridades del Gobierno; ¿cómo vamos a cuidarnos si ni siquiera ellos son capaces de aportarnos los materiales necesarios que no supongan un riesgo para nuestra salud? Puede parecer que esto, a lo largo de los años, ha ido mejorando y ya se ha terminado de erradicar; sin embargo, supone una realidad para algunos trabajadores actuales, que sin ellos saberlo se pasan las ocho horas laborales manejando piezas o inhalando sustancias que si no les provocan bajas laborales recurrentes, les provocan cáncer o la necrosis de ciertos tejidos que desemboca en amputación.        En este contexto, cuesta no imaginarse a una familia llorando por la muerte de un ser querido; una mujer que no puede evitar culparse ante de falta de atención que prestó a su marido en sus últimos meses de vida, unas hijas que crecerán sin una figura paterna o unos padres que reclaman una solución urgente ante esta situación y un largo etcétera de consecuencias que parecen no estar a la altura ni merecer la pena para aquellos a quienes solo les importan los números rojos y cumplir con su cometido para mantenerse en su puesto.        Tras todo lo dicho, solo siento una profunda decepción por las prioridades del Gobierno, pues todo queda regulado por las normativas vigentes, y las de los altos cargos y las decisiones que toman, porque parece que lo barato y rápido, sin tener en cuenta las vidas que esto pueda acarrear, prevalece en todo momento por encima de una vida humana; al final si va a ser verdad que nos comportamos como verdaderos animales y no como seres humanos. Lucía Muñoz Marchante – 2º Bachillerato

Nuestro peor enemigo, el aburrimiento

¿Hemos perdido la capacidad de estar aburridos? En este mundo tan interconectado en el que siempre que tenemos un rato libre cogemos el móvil, abrimos las redes, leemos no sé qué o miramos no sé cuál. Es completamente imposible aburrirse. Esto de primeras podríamos pensar que es muy positivo porque el aburrimiento es un sentimiento desagradable que obviamente queremos evitar, pero si cogemos distancia es supernegativo porque evita que pensemos de manera creativa para buscar solución a esta emoción. La lucha contra esto no es nueva, a principios del S. XIX creamos entretenimiento masivo para solucionar uno de los grandes problemas de los obreros industriales, la monotonía de sus actividades. Sin embargo, con el tiempo la situación se ha desfasado y el entretenimiento ha dejado de servir para despejar la mente de vez en cuando, convirtiéndose en una actividad “obligatoria” cuando tenemos un día libre.  Esto no es tan grave, porque nuestra capacidad cognitiva sigue siendo buena y podemos seguir nuestras actividades “obligatorias” con normalidad. El problema viene con el uso masivo de las redes sociales, que están hechas para generar adicción. Estas provocan que nos acostumbremos a muchísimo contenido corto, de poca calidad. Con lo cual, cuando tenemos que estudiar para un examen, ver una serie o, escuchar música,; nos aburrimos porque nos parece que va muy lento y no somos capaces de concentrarnos únicamente en esa actividad.  En un estudio de la Universidad de Carnegie Mellon realizado a 136 estudiantes, comprobaron que los que realizaban una tarea y eran interrumpidos por mensajes en su teléfono móvil, hacían la tarea un 20% peor que aquellos que no tenían ninguna distracción. Además de todos los efectos perjudiciales que tienen las redes en nuestra concentración, las  solemos usar cómo vía de escape a nuestros problemas. Vivimos en una sociedad que supuestamente normaliza los trastornos mentales, pero luego cuando se trata de nosotros, huímos de nuestros pensamientos y de los problemas.  Lo peor es que no somos conscientes de esto, creemos que descanso es igual a entretenimiento, y por eso llenamos cada trayecto en transporte público, cada hora antes de dormir, cada comida y cena con contenido de Youtube, TikTok o Instagram. Sin embargo, estamos llenando nuestra cabeza de más estímulos. Recuperar la capacidad de aburrirnos no es tarea fácil en la actualidad. Hay que empezar a ver esos momentos de vacío como una ayuda para reconectar con nuestra creatividad, para desarrollar nuestra paciencia, y lo que es más importante para aprender a estar en paz con nosotros mismos y con nuestros pensamientos. A lo mejor es hora de redescubrir el valor del silencio, de la observación y del tiempo sin un propósito inmediato como una forma de recuperar el equilibrio en un mundo que parece no detenerse nunca. Paula Moro – 1º BTO

La felicidad

¿Qué es la felicidad? ¿Cómo se alcanza? Parece que no hay respuestas únicas para estas cuestiones. Y es que la felicidad es un concepto subjetivo. La felicidad no solo está influenciada por el lugar del mundo en el que vivimos, ni por la etapa histórica en la que hemos nacido, ni por el momento vital en el que se encuentre una persona. Sin lugar a dudas, la felicidad también está fuertemente determinada por nuestra educación, nuestros valores, nuestra forma de pensar y nuestras estrategias personales para enfrentar las dificultades. Es decir, está influenciada tanto por factores externos que, posiblemente no podemos controlar, pero sobre todo por factores internos los cuales, determinarán la manera de interpretar nuestra realidad y marcarán así nuestros estándares de felicidad. Al reflexionar sobre la felicidad en el contexto de nuestra actualidad, parece que ser feliz es una tarea sencilla. Sin embargo, tras realizar una pequeña encuesta sobre felicidad a personas de mi entorno, y escuchar y observar a unos y otros, concluyo que el concepto de felicidad varía a lo largo de la vida de una persona. Observo que a los más pequeños, lo que más felices les hace son cosas bastante simples como que su madre los mantenga en sus brazos. Cuando los niños crecen, les hace muy felices compartir tiempo con sus padres, no hay mejor plan que una tarde de juegos juntos. Pero pasados unos años, algo ocurre en la mente del ser humano, pues el niño mayor empieza a darle valor a los objetos materiales. Pienso que, en parte, esto sucede, cuando el niño madura y tiene capacidad para percibir el comportamiento general de su entorno, contagiándose de él, socializándose en él, olvidando lo innato de la felicidad para reemplazarlo de manera sencilla por el materialismo. Unos padres que inocentemente calman la rabieta de un niño comprándole un juguete, contribuyen a dar valor a las cosas materiales como medio para ser feliz. Hasta es posible que un adulto joven viva inmerso en este concepto de felicidad: “tener es sinónimo de ser feliz”. Tener una casa, tener varios coches o tener mucho dinero. Cuando la capacidad para poseer cosas se convierte en sinónimo de felicidad, producto de un mundo competitivo, materialista, ruidoso y rápido, donde no hay tiempo para dedicarse a uno mismo, ni a los demás, cada vez es más difícil sentirse feliz de la manera natural, y se busca esa manera rápida, con refuerzo inmediato (redes sociales, consumismo, drogas…) olvidando que este refuerzo es también fugaz y pasajero. Y uno de los problemas de esta felicidad inmediata, es que con ella nunca se puede llegar a alcanzar la felicidad permanente. Se trata de una felicidad pasajera y fugaz. Observo que cuando las personas se hacen mayores, y han recorrido parte del camino de la vida, cuando han vivido experiencias buenas, malas y regulares, vuelven a ser capaces de situar el foco en lo verdaderamente importante: en el valor infinito de las cosas no materiales, situando a la salud, al amor y a la familia como verdaderos ejes de la felicidad. Si nos situamos fuera de nuestro contexto histórico y viajamos al pasado, estoy segura de que la felicidad en todas las etapas de la vida se asemejaba bastante a este concepto anteriormente descrito, donde el foco no estaba en lo material. Imaginémonos en la Prehistoria. Estoy convencida que las personas eran felices cuando se sentían miembros de un grupo, cuando conseguían comida para todos y conectaban con la naturaleza pues era el lugar donde vivían. ¿Y si hacemos otro viaje, ahora en este mismo contexto histórico, pero a otro lugar del planeta, por ejemplo, un país subdesarrollado? Aquí los niños son felices con cosas o pequeñas acciones, que para nosotros son cosas del día a día, como cuando tienen zapatos para caminar, agua que beber o cuando tienen una chapa para jugar en la calle. Finalmente me gustaría dar mi opinión sobre este controvertido refrán: “el dinero no da la felicidad”. Yo estoy parcialmente de acuerdo con ello. Es innegable que hoy en día el dinero es aquello que nos facilita tener acceso a prácticamente todo lo que necesitamos para obtener un bienestar, pero la cuestión está en que cosas tan importantes como la comida o un techo bajo el que vivir, deberían llegar a todas las personas en todos los rincones del mundo. Es decir, sin que tuvieran un valor económico. Después de esta reflexión, quiero concluir definiendo lo que es, desde mi punto de vista, la verdadera felicidad: Es un sentimiento que construimos a lo largo de nuestra vida, y que depende de múltiples factores. Creo que se puede cultivar y conseguir de manera permanente cuando lo construimos alrededor de la gratitud hacia las cosas que tenemos y, el amor a los demás, cuando nos aceptamos tal y como somos, o intentamos mejorar la parte de nosotros que no nos gusta. Otros aspectos muy valiosos que favorecen este sentimiento son la familia y los amigos, verlos felices nos hace felices. También creo que es importante saber, que en la vida no todo son momentos felices, y que la adversidad forma parte de ella, pero que debemos desarrollar estrategias personales para afrontar las cosas que nos pasen de la mejor manera posible. Así que, sí, para disfrutar más la felicidad, también necesitamos aceptar y acoger la tristeza. Leyre Peinado – 4º ESO D

Los hooligans del deporte infantil

“Si piensas que siempre tengo que ser el mejor, no vengas. Si para ti lo más importante es el resultado, no vengas. Si vas a gritar al árbitro cada vez que crees que se equivoca, no vengas. Y si te vas a enfadar cada vez que fallo, no vengas”. Esta es la campaña publicitaria que hizo la Fundación Brafa sobre los problemas que están surgiendo en las gradas de los partidos de deportes infantiles. Por ello me pregunto, ¿somos conscientes de cómo afectan todos los comentarios y acciones al juego infantil? Aunque no lo parezca, todo lo que decimos y hacemos como espectadores en estos partidos incumbe a todos los participantes del juego, desde los jugadores hasta los árbitros. Como se indica en la Guía para padres sobre actividad física y salud publicada por el Ministerio de Sanidad, entre los factores que desmotivan a los niños respecto al deporte se encuentran la presión por jugar y alcanzar las expectativas impuestas por los padres y que se dé más importancia al resultado que a la mejora y el esfuerzo puesto en el juego. Muchas veces en la grada se escucha a padres gritándoles a sus hijos lo que tienen que hacer o regañándoles por haber hecho algo mal. Pero, por lo visto, quienes hacen estos comentarios no tienen en cuenta el hecho de que probablemente el niño solo esté siguiendo órdenes del entrenador, por lo que, además, estarían contradiciendo y restando autoridad a dicho dirigente. E incluso puede ser que realmente haya cometido un fallo y no pasa nada, no van a ser peores jugadores por cometer un simple error, o varios, porque, ¿quién no se equivoca? Luego están los árbitros que, por si alguien no se había dado cuenta, también son humanos con sentimientos y con derecho a equivocarse. Como muestran estos datos extraídos de estudios realizados por la FBM (Federación de Baloncesto de Madrid), normalmente la media de bajas de árbitros es de 375 personas por año. Sin embargo, esta última temporada la cifra ha ascendido a los 450 de un total de 2.035, el 23% de ellos. La razón principal de que dejen de arbitrar es el ambiente y la presión a la que están sometidos. Dicho de otra forma, cada vez somos más exigentes con los demás y lo que no es normal es que los árbitros de partidos infantiles estén sometidos a más presión que los que arbitran mundiales de profesionales. Cada día permitimos menos errores, exigiendo una perfección idílica. Es más, apuesto a que todos los que dicen “Es que este árbitro es malísimo. Hasta yo lo haría mejor” no serían capaces de lograr este perfecto arbitraje en un partido, ya no digamos aguantar la presión más de dos minutos. Esto debería hacernos reflexionar sobre si esta exigencia excesiva es realmente necesaria. Si gritarle como un loco a un árbitro como un loco que no ha pitado una falta es la mejor manera de que sea consciente de su error y no vuelva a cometerlo. Si que vuestros hijos sean los mejores a costa de que dejen de disfrutar del deporte merece la pena… ¿Esta es la enseñanza que queremos transmitirle a los niños? Tenemos que empezar a relajarnos y disfrutar de ver a los niños jugar, de verles felices. Al fin y al cabo, el deporte es un juego, no un lugar donde descargar la frustración que nos crean nuestros propios problemas. Silvia Alba – 1ºBTO

¿Evolución?

La manera más sencilla de expresar lo que es la evolución es empleando la palabra “cambio”. Si algo ha estado en constante cambio en España ha sido la educación: en los últimos 40 años se han implantado ocho leyes educativas. La última de ellas, la LOMLOE, fue aprobada el 19 de noviembre de 2020 y entró en vigor el 19 de enero de 2021. Se basa en la evaluación por competencias y sus medidas, entre las cuales se encuentra la limitación para repetir de curso, se están aplicando de forma paulatina. Si algo se ha criticado de la LOMLOE es que fue una ley creada con prisas y con falta de consenso, que tiene buenas intenciones pero muchas pegas en su práctica. Un gran ejemplo de su mala aplicación es la manera en la que se está implantando la nueva Selectividad. La PAU estaba inicialmente programada para establecerse el año pasado, pero finalmente optaron por dejar a los nacidos en el 2007 ser los primeros en enfrentarse a ella. Se retrasó para instaurarse en junio de este próximo año 2025 y aún así hasta este octubre no supimos nada de los modelos ni concretaron las modificaciones. Al inicio del curso solo sabíamos que iba a ser más “competencial”. No nos pueden culpar por sentirnos los conejillos de Indias de un experimento con fines prometedores, pero diseñado de forma cuestionable.  Nosotros, los alumnos, por supuesto, no somos los únicos afectados. Los docentes sufren significativamente con los cambios de ley educativa, sobre todo en el momento de transición (aunque con el ritmo que llevan, este estado es casi permanente). Se ven obligados a cumplir con exigencias diferentes cada curso y tienen que lidiar con cambios en el temario o innovadoras formas de evaluación, acompañados siempre de una tediosa carga burocrática. No cuentan con la información ni recursos suficientes y, mientras las leyes educativas sigan siendo decididas por políticos y no por educadores, esto no va a cambiar. Ellos son los expertos en este tema y la nueva ley afecta a su metodología, qué mínimo que preguntarles por su opinión. Por ahora les toca trabajar en desconcierto, porque quizá cuando consigan adaptarse, los de arriba se vuelvan a sentir inspirados y redacten una nueva ley que eche por tierra a la anterior. Y cuando esto suceda nos demostrarán, una vez más, que el sistema educativo no evoluciona. Y no evoluciona porque no hay cambio. La historia lleva repitiéndose 40 años.  Patricia Arriaga – 1º Bachillerato

El secuestro político del catalán

El catalán se encuentra en el ojo del huracán político. Distintos partidos usan esta lengua como instrumento para dividir a la población y movilizar votantes. Esta situación no se repite con otras lenguas cooficiales como el gallego, el euskera o incluso los propios dialectos del catalán. La verdad es que la lengua catalana no está pasando sus mejores momentos. Los jóvenes cada vez usan menos el catalán fuera de las escuelas e institutos. Según encuestas recientes tan solo el 25,1% de los jóvenes lo habla de manera habitual, cifra que hasta antes de 2007 ascendía hasta el 43%. A pesar de los esfuerzos recientes de incentivar su uso mediante las redes sociales y programas de televisión, parece que no se consiguen remontar los datos. Recientemente, el gobierno de España junto a grupos nacionalistas promovieron una reforma del Reglamento del Congreso para permitir el uso de las lenguas cooficiales en este, y está en proceso la tramitación del reconocimiento como lenguas oficiales de la Unión Europea. Puede que este sea el futuro del catalán, puede que su destino sea quedar como una lengua administrativa, usada por organismos oficiales y nada más que eso. Puede que desaparezca totalmente como lengua callejera y de comunicación habitual.  El catalán no vive una situación así desde la dictadura franquista, cuando fue duramente reprimido, apartado del ámbito administrativo y relegado a un uso furtivo en el hogar. Irónicamente, a día de hoy, en un contexto de democracia, la lengua catalana está viviendo una situación totalmente opuesta. En la última década, el nacionalismo catalán,  ha convertido al idioma, junto a lazos amarillos y esteladas, en símbolos de la independencia. La lengua, que forma parte de la identidad de todos los catalanes, ha quedado reducida a uno de los muchos símbolos usados en este ambiente de división política en el que vivimos. Ya en el momento crítico del procés, España comenzó a creerse el relato independentista y muchas personas comenzaron a asociar el catalán no con una región, sino con una ideología, que, de hecho, no representa a todos los catalanes, viendo en ella una amenaza que busca separar y corromper la integridad territorial de España. Este discurso de odio fue especialmente difundido por el sector más conservador de la política, que promovió un boicot lingüístico y cultural contra Cataluña.  Al final, no es la primera vez que sucede algo así en España, parece que a nuestros políticos les encanta apropiarse de simbología que nos pertenece a todos. Lo mismo ha pasado con nuestra bandera, depende de a quién le preguntes te dirá que la derecha ideológica se ha apropiado de ella o que la izquierda estigmatiza a cualquiera que la lleve. Lo cierto es que, al igual que nuestra bandera, la cultura y lengua catalana forma parte de los bienes culturales de España pues, aunque a algunos les moleste, vivimos en una nación multicultural. Deberíamos celebrar  la diversidad cultural que hace que España sea lo que es a día de hoy y la que nos identifica como nación. Dejemos por favor de demonizar este idioma porque, de seguir así, puede que se pierda en el tiempo como muchas otras lenguas que han quedado en el pasado.