Peseta Street Journal

¿Los influencers son buenos modelos a seguir?

En la actualidad, los influencers ocupan un lugar importante en la vida de muchas personas, pero sobre todo en la de los jóvenes. A través de las redes sociales, estas personas transmiten valores, recomendaciones y aspiraciones. Sin embargo, muchos jóvenes se preguntan; ¿hasta qué punto son personas dignas de admiración? Desde mi punto de vista, aunque algunos influencers puedan ejercer una influencia positiva, muchos de ellos no son buenos ejemplos a seguir para las nuevas generaciones. Es importante pensar bien  en cómo afectan los influencers a la forma en la que los jóvenes se ven a sí mismos, se comportan o como se sienten. Algunos de ellos solo muestran vidas que se enfocan en solo comprar cosas, ser siempre perfectos, y sobre todo en destacar a toda costa. Esto lleva a que algunos jóvenes piensen que solo eso es importante en sus vidas, cuando en realidad hay muchos otros valores más importantes. Es verdad que en las últimas décadas, gracias a las redes sociales, mucha gente puede decir lo que piensa y dar su opinión. Eso está bien, pero también puede hacer que olvidemos las cosas que de verdad importan. Muchas veces la opinión sincera de los demás en los comentarios de un vídeo, pueden ayudar a ese creador de contenido a mejorar. No obstante, lo que sucede de verdad en la mayoría de casos es que las faltas de respeto superan a los cumplidos que pocas veces aparecen en un video.  Por otro lado, algunos modelos de internet usan su fama para hablar de salud mental, que todos seamos diferentes y nos respetemos, o que enseñen a ayudar a los demás, lo cual puede promover actitudes responsables. Estos influencers, sí que pueden ser imitados, ya que nos animan a ser buenas personas y a preocuparnos por los demás. No obstante, no se puede generalizar. La verdad es que muchos otros influencers prefieren mostrar una vida idealizada, llena de lujo y mostrando una sola apariencia, lo que en muchos casos genera rabia, envidia, comparación e incluso en ciertos casos violencia emocional. ¿De verdad esto es lo que queremos que los jóvenes tomen como ejemplo? Sinceramente, creo que eso no es cierto. En conclusión, aunque haya influencers que aporten valores educativos y sociales, todos los jóvenes debemos de reflexionar sobre qué tipos de personas merecen realmente ser elegidas como buen ejemplo a seguir y qué valores debemos obtener para convertirnos en una mejor generación. Porque, si no lo hacemos, corremos el riesgo de aceptar sin filtro modelos superficiales.   Carla Huerta Ovejero – 4º ESO

El pueblo salva al pueblo

El 29 de octubre de 2024 la provincia de Valencia se veía sacudida por la tragedia como nunca. 224, esos fueron los muertos que dejaba la fatídica DANA. Y aquí estamos, a finales de 2025, casi un año después, sin haber depurado responsabilidades, sin haber atajado el quid del problema. España sigue con una herida abierta.  Empecemos por las responsabilidades. Estas incluyen a los gobiernos tanto regional, como nacional. A la escasa, más bien nula, cooperación entre los políticos de unos y otros partidos, que vieron en la catástrofe una manera de obtener rédito político. Y mientras el pueblo a “verlas venir”. Recordemos frases infames. Estaba comiendo, Carlos Mazón. Si quieren ayuda que la pidan, Pedro Sanchez. Ambos son políticos de altísimo nivel que han demostrado una escasa catadura moral. Una auténtica vergüenza. Tardar en declarar el nivel de emergencia, en enviar al ejército a ayudar a los afectados, movilizar medios de toda índole, en avisar a la población. Cuando cesaron las lluvias, bajo el agua, y pasó todo peligro, fue entonces cuando aquellas figuras que debían, en el más alto de los imperativos haber sido garantes de seguridad, hicieron su aparición. Pero el pueblo, aún embarrado, no olvida tan fácilmente, y estas visitas no fueron precisamente bien recibidas, ni de unos ni de otros. Llegó así el momento de liberar fondos para paliar el bolsillo de los afectados, de darles algo con lo que volver a empezar, a reconstruir su vida y la de los suyos. Pero quien esperaba que estos fondos se enviarán con cuentagotas. Curiosas, como poco, las prioridades de nuestros gobernantes. Aunque tampoco habría que extrañarse, dado que los afectados del volcán de la Palma siguen esperando esos millones tantas veces prometidos por unos y por otros, y siguen viviendo en contenedores. Desde el 2021. En fin. Volviendo al tema que nos ocupa, más allá de las meteduras de pata, de la extrema lentitud en la llegada de ayudas, y la inexistente cooperación entre administraciones, están los hechos. Es un hecho que la ciudad de Valencia y aledaños llevan sufriendo el mal que representan las avenidas y las inundaciones desde que se tienen registros. Es un hecho que la naturaleza está mucho antes de que llegásemos nosotros, los seres humanos. Es un hecho que todo esto se comprendió hace mucho, y por ello en Valencia, tras la inundación del 57, se desvió el cauce del Turia fuera de la ciudad, se represaron ríos, se embalsó la cuenca aguas arriba, encauzaron torrentes… un plan hidrológico diseñado específicamente para salvaguardar Valencia de las furibundas aguas que todo se llevan. Y vaya si funcionó bien ese plan, que la capital se salvó de la DANA. Ahora bien señores políticos, dejen de echar pestes de unos y otros, y atajen el problema. Barrancos, torrentes, y cauces de similar condición (que en lluvias torrenciales pueden llegar a tener el mismo caudal que el Ebro) pueden y deben ser encauzados, desviados, controlados y mantenidos todo el año. Las casas no deben levantarse más allí donde el agua se las pueda llevar. Y sobre todo, nunca, pero nunca se debe volver a abandonar de semejante forma a las personas, ni antes, ni durante, ni tras un aciago suceso. El pueblo salva al pueblo. Más vale que no se convierta en norma. Mario Maldonado Jaramillo  

El caso Magnitsky: un ejemplo de la lucha contra la corrupción

El caso Magnitsky es un claro ejemplo de las graves consecuencias de la corrupción gubernamental del gobierno de Putin, que ha llevado a Europa a la ruina y a la dependencia de terceros. Sergei Magnitsky, un abogado y asesor fiscal ruso cualquiera, trataba de destapar la corrupción de la grandísima compañía rusa Gazprom y sus funcionarios, la cual ha estado suministrando a Europa gas durante décadas y cuya corrupción ha ido causando que a nosotros los europeos nos salga más cara la existencia. No ha sido hasta el año 2012,  tras la muerte de este indefenso abogado, que el gobierno americano sancionó a los responsables de este delito con sus propios bienes y derechos, como viajar. A consecuencia de la “Ley Magnitsky” en Estados Unidos, una legislación que permite reprimir a las personas involucradas en violaciones de derechos humanos y grandes casos de corrupción, varios países han seguido el camino de este, como Reino Unido, que ha adoptado medidas para amonestar a estos criminales, lo cual ha causado que estos casos de corrupción vayan disminuyendo, y así se han estabilizado ciertos costos.  Creo que tras estos grandes casos, Europa, y más nuestro país, por su posición geográfica, debería barajar ideas más limpias y con regímenes menos totalitarios, para buscar a largo plazo una estabilidad en estos costes que tanto sufrimos los ciudadanos de a pie y que tanto varían los precios por razones tan irracionales como esta. También, todos debemos conocer las consecuencias de la corrupción rusa y exigir más responsabilidad por parte de nuestros gobiernos para evitar depender de regímenes corruptos y optar por otras potencias emergentes, como Brasil, más transparentes y lo más importante, con una inflación mucho más baja y proyectos a futuro sostenibles y fiables. En definitiva, el caso Magnitsky nos deja una lección clara, la corrupción tiene un alto costo no solo para quienes la sufren directamente, sino para toda la sociedad, y más nosotros los europeos. Es responsabilidad de los ciudadanos y más de los gobiernos exigir medidas efectivas para eliminar y evitar que se repitan situaciones similares en el futuro y aún más cuando la vida de alguien ha sido arrebatada, y quién sabe de cuántas más. Alejandro Gallego – 2º Bachillerato

100 Días de Trump. ¿La demolición del sistema humanitario mundial

Donald Trump gobierna el país más rico del mundo, Estados Unidos, y desde el pasado mes de noviembre, afronta su segundo mandato. Su llegada había generado muchas expectativas: Sus partidarios esperaban y esperan que sirva para mejorar la economía americana y, algunos, incluso la mundial. Sus adversarios, por el contrario, temían un fuerte deterioro en la economía, pero sobre todo en las relaciones entre los diferentes países y en la solidaridad  dentro y fuera de los Estados Unidos. Efectivamente, las medidas que más extrañan al mundo son los aranceles económicos que están a punto de provocar una guerra comercial, porque Estados Unidos  que es la primera potencia económica y el primer consumidor mundial, ha decidido que todos los vendedores extranjeros que quieran vender su producto en EE.UU  tendrán que pagar una serie de impuestos (los aranceles) altísimos por lo que  les va a costar mucho más caro. Pero hoy no vengo a hablar sobre los aranceles, sino de un tema que es igualmente preocupante y que no se está siendo atendido tanto como debería. Donald Trump y su gabinete quieren reducir el gasto público, tanto en el interior como en el exterior, especialmente en aquellas áreas que ellos no consideran importantes: Dentro de Estados Unidos, con el lema  “Make America Great Again”, ha creado el “DOGE” (Departamento de Eficiencia Gubernamental) cuya función se resume con una frase del presidente Trump: «Desmantelar la burocracia gubernamental, recortar el exceso de regulaciones, reducir los gastos superfluos y reestructurar las agencias gubernamentales». Esto ha afectado sobre todo a la sanidad, la cultura y la educación pública. Esta agencia está liderada por Elon Musk (el dueño de la compañía de automóviles Tesla, SpaceX, X etc.). Así, se han reducido o eliminado numerosos departamentos y se calcula que alrededor de 25.000 funcionarios públicos han sido despedidos. Fuera de los Estados Unidos, el Secretario de Estado Marco Rubio (lo que vendría a ser nuestro Ministro de Asuntos Exteriores), el pasado mes de febrero, anunció la eliminación de 5.800 programas de ayuda humanitaria y al desarrollo de USAID (Agencia de Desarrollo de Estados Unidos) y del propio Departamento de Estado, lo que supondría nada más y nada menos que el 92% de su presupuesto. Estos recortes van a tener un impacto brutal en las organizaciones humanitarias y en las vidas de millones de personas en todo el mundo. El sistema político y humanitario internacional después de la Segunda Guerra Mundial, se basaba en la cooperación entre los países dentro de las Naciones Unidas, y Estados Unidos era el principal sostén de ese sistema, era el país que más dinero aportaba a la economía mundial, a las Naciones Unidas y a sus agencias humanitarias, como Unicef, ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) o las agencias de desarrollo (FAO, UNDP, y otras muchas siglas, en definitiva, al progreso de países en vías de desarrollo y a la protección de los Derechos Humanos. Digo aportaba porque, desde que Trump llegó al despacho oval por segunda vez, se ha recortado gran parte del dinero con el que EE.UU. contribuía antes de su mandato a todas estas organizaciones internacionales y también a otras tantas dentro de su país. ACNUR y UNICEF, por ejemplo, han visto recortado su presupuesto global en un 40% y van a tener que eliminar muchos de sus programas y despedir a miles de sus trabajadores, lo o que va a imposibilitar gran parte de su trabajo en la asistencia a refugiados y a niños en todo el mundo, pero especialmente a aquellos que viven en los países más afectados por las guerras, los desastres naturales o la pobreza, como República Democrática de Congo, Sudán del Sur o Bangladesh, entre otros. Yo no sé mucho de economía y aún es pronto para saber cuál va a ser el alcance total de estas medidas, pero sí que sé cómo van a afectar estos recortes de presupuesto y de plantilla a todos estas organizaciones y sobre todo a los refugiados y a los niños urgentemente necesitados por su situación, ya sea porque su país esté en guerra o por que sean perseguidos o porque simplemente busquen una vida mejor, ya que todo el mundo se merece una vida mejor. José Ortiz Puentes – 2º ESO

Eurovisión: ¿Talento musical o juego de poder?

Recientemente se ha celebrado el festival de Eurovisión y han sido muchos de los fans que han protestado por el supuesto «robo» de este año con la actuación de la querida y también odiada Melody. Pero esta no es la primera vez que quedamos en una posición similar, canciones que son las primeras en las apuestas, quedan últimas. Y luego un país en mitad de una guerra recibe la mayor puntuación del público, desde luego por su buena fama no se los llevarían. Mi pregunta es, ¿realmente cuál es el objetivo de eventos de este tipo? ¿Es un concurso donde se valora el talento musical o la cantidad de poder y contactos que tengas? No debe sorprendernos que la única vez de los últimos años que hemos quedado en una buena posición, haya sido con una canción un tanto comercial que interpretaba una chica mona. ¿Ha sido la mejor canción que hemos llevado en las últimas décadas o simplemente la que mejor vende? Deberíamos pensar si tanto espectáculo vale la pena para camuflar realmente las verdaderas intenciones de eventos como este. Si quieres lavar tu imagen como país, mejor date una ducha antes de formar todo un circo para arreglar tus intereses políticos. Porque si no, lo único que estamos consiguiendo es menospreciar el verdadero talento, premiando el dinero camuflado de espectáculo. Sofía Soler Pindado – 1º Bachillerato

Cuando el perfeccionismo se convierte en enemigo

Cuando alguien dice que habla 5 idiomas, saca matrículas de honor o hace 3 deportes, tendemos a pensar que esa persona es capaz de todo o, con otras palabras, que es “perfecta”. Las personas, especialmente los estudiantes, estamos cada vez más acostumbrados a ponernos objetivos muy ambiciosos y a establecer expectativas demasiado altas de nosotros mismos, llevando la autocrítica a un nivel excesivo y perjudicial para nuestra salud mental. Pese a ello, la sociedad actual nos presiona constantemente a buscar la excelencia en todo lo que hacemos. Se está normalizando y se exige cada vez más que los alumnos alcancen estándares más altos que nunca, comúnmente conocidos como “perfección”. Pero la realidad es que un comportamiento excesivamente perfeccionista conlleva muchos más problemas que ventajas. Exigir resultados académicos “perfectos” a una persona suele desencadenar un estado de frustración constante y un empeño desmesurado por alcanzar las expectativas establecidas, con el objetivo de lograr la aprobación del entorno que le rodea. En 2022, los expertos de la Universidad de Ottawa realizaron una investigación en la que relacionaron la autoexigencia excesiva con la ansiedad y la depresión, examinando el rendimiento académico de 604 adolescentes de entre 12 y 18 años. Según los resultados, los jóvenes muy perfeccionistas tenían mejores resultados académicos, pero peores situaciones emocionales. Sin embargo, aunque este estudio evidencia este problema, el perfeccionismo se está generalizando como un rasgo imprescindible en nuestra personalidad. A día de hoy, una vida sencilla y realista se suele interpretar como una señal de insuficiencia, hasta llegar a la subestimación del valor personal. Como consecuencia de estos ideales, alumnos brillantes sobrepasan sus límites y se encuentran atrapados en un bucle de resultados excelentes y autoexigencia que les lleva a situaciones de baja autoestima y sentimientos de inferioridad, de culpa y de fracaso. Como sociedad, debemos conseguir reducir esta presión y transformarla en una manera de mejorar sin sufrir por las expectativas y aprendiendo a tolerar errores. Es simplemente cuestión de cambiar la autoexigencia por la aceptación y el autocuidado, y de darnos cuenta de que no alcanzar la perfección no es un fracaso   Alegría Lobo Estrella – 3ºESO

La política y sus memes

El otro día, estaba en clase y escuché a dos de mis compañeros hablando de política. Estos temas no me suelen interesar, pero escuché que estaban discutiendo sobre los memes. Yo me quedé desconcertado y, al meterme en la conversación me explicaron que ahora los partidos políticos, como el PP o el PSOE, utilizan sus redes sociales para burlarse del contrario mediante memes y bromas. No me lo creí y fui a mirarlo… ¡Era verdad! Hasta qué punto hemos llegado, que lo que al principio era criticado y tachado por los medios, ahora es la mejor forma de llegar al público joven. Lo fascinante del asunto es que no hay ningún tipo de filtro, como con el “Perro Sánchez”. No voy a entrar en si es un buen mote o no, pero lo de consultar directamente al enemigo no lo había visto en la vida. Cuando tú ves un debate político, ves a ambos candidatos bien vestidos, con un vocabulario formal, piensas cosas como que son personas responsables y en las que te puedes fiar. Luego ves sus redes sociales llenas de bromas y memes infantiles, atacándose unos a otros para ver quién es más guay y más moderno y se te quitan las ganas de votar, la verdad.Aunque eso sí, critico los métodos, no los resultados, ya que esos vídeos tienen mucho más alcance que cualquier otro. En esta sociedad enfrentada y distraída con tonterías creo que si alguien debería dar ejemplo son los políticos. Una broma está bien, dos también. pero deberían dejarse de tanta tontería y centrarse en gobernar bien. Y si de verdad quieren el voto de los jóvenes, que lo reflejen en sus proyectos electorales en lugar de estar atacándose unos a otros en redes como niños pequeños.   Alejandro Rodríguez Carroza – 1ºBachillerato

Con diez pesetas

El otro día fui a pedir un aumento de paga a mis padres y se negaron utilizando como excusa que ellos con diez pesetas se las apañaban para salir y comprarse sus cosas. Después de oír eso me pregunté ¿cómo puede ser posible comprar algo por diez pesetas que no equivalen ni a diez céntimos en la actualidad?  La subida de precios no es una novedad para los españoles, quién no ha notado la subida de precios. Si compras en el supermercado habitualmente habrás notado cómo productos básicos ahora parece que son capricho de algunos.  La gasolina, la vivienda, la ropa, fruta, patatas, leche, huevos… son uno de los pocos ejemplos que podemos encontrar en los que sus precios están subiendo como la espuma. El caso más claro es el aceite de oliva que ha pasado de ser un producto común a un antojo que vale su peso en oro. Ahora sí, como pasa en la mayoría de países, si los precios suben, los sueldos también suben. ¡Pues no! Los únicos en subir son los de los políticos que parecen ser los principales beneficiados de esta situación. No solo han utilizado la subida como excusa para incrementar sus sueldos sino que parece que les gusta ver sufrir a los españoles y no cambiar nada para evitar esta escalada. Además de que son inmunes a los precios desorbitados, por ejemplo el menú del congreso no ha cambiado nada su coste y ahora mismo ronda los seis euros, precio imposible de encontrar en ningún otro sitio. Durante estos años hemos podido ver algún sutil intento de ayudar a la sociedad. Un ejemplo puede ser la ayuda del alquiler de la Comunidad de Madrid o ayudas con el pago de la gasolina. Pero su propio nombre lo dice, son “ayudas” que no evitan la subida de precios ni incrementan sueldos, sino que nos hacen ser más dependientes del gobierno para llegar a fin de mes.  Estas ayudas han generado una gran inflación que hace referencia al aumento de los precios de bienes y servicios en un periodo de tiempo, o lo que es lo mismo, la disminución del valor del dinero con respecto a la cantidad de bienes y servicios a comprar con él. Este es el problema que estamos teniendo en España y los políticos no se pueden quedar de brazos cruzados sin hacer nada. Para ello necesitamos elegir a gente preparada que sepa sobre economía y cómo solventar los problemas actuales, para que puedan implementar medidas que aligeren la situación actual de los españoles,  como por ejemplo aumentar la oferta de productos en vez de intentar reducir la demanda. Solo de esta manera dejaremos de ser esclavos de un sistema que parece que su único objetivo es que dependamos de él para poder llegar a fin de mes. Marcos Benítez Sánchez.  1ºBTO

Si murieras ahora mismo…

Si murieras ahora mismo, ¿qué habrías conseguido a lo largo de tu vida? ¿Cuáles habrían sido tus últimas palabras? ¿Cuál ha sido la razón de tu última discusión? ¿Quién se llevó tu último abrazo? ¿A quién le tienes rencor? ¿Cuál fue tu última risa? Y la pregunta más importante: ¿te arrepientes de algo? No sé si mi existencia ha sido importante, tampoco sé si alguien me echaría en falta. ¿He sido un salvavidas para alguien? ¿He dado lo suficiente? ¿He hecho algo por lo que se me pueda recordar? ¿He conseguido lo que quería? ¿He terminado todo lo que me quedaba por hacer? ¿He cumplido todas mis promesas? ¿He superado mis miedos? ¿He podido ser el tipo de persona que quería? ¿He vivido para mí o para otros? ¿He disfrutado todo lo que quería? ¿He sido perfecta en algún aspecto? ¿He llevado algún secreto a la tumba? ¿He amado todo  lo que podía? ¿Me ha faltado tiempo? Algún día podré responder estas preguntas. En un futuro cercano o lejano, pero lo haré. Lo siento por todas las veces que he podido fallar o molestar a alguien. Lo siento si no he conseguido lo que querías. Lo siento si he tenido miedo. Lo siento si no he terminado de escribir ese relato. Lo siento si no he ganado ese torneo. Lo siento si no he llegado a tiempo. Lo siento por haberte gritado. Lo siento por haberte abrazado cuando no querías. Lo siento si dije alguna tontería. Lo siento si me enfadé sin razón. Lo siento si rompí algo que te importaba. Lo siento por no haberte podido contar todo lo que anhelaba. Lo siento por mentirte. Lo siento por todas las veces que lloraste por mi culpa. Lo siento por todas las veces que intenté ayudarte y… no lo conseguí. Sé que no puedes perdonar tantas cosas de repente, pero espero que lo hagas poco a poco. Por todos los sueños que tengo, por todas las pesadillas que no conté, diré un secreto: No soy invencible. Tengo miedos y preocupaciones. No soy todo sonrisas ni amor. Tengo mis límites y mis metas. No soy perfecta, ni siquiera me acerco. Sí, sí tengo envidia. Sí, sí tengo ansiedad. No, no soy tus prejuicios. No, no tengo tanta paciencia. Sí, sí soy perfeccionista. Sí, sí tengo secretos. No, no tengo risas infinitas. No, no tengo tiempo para todo. Si muriera ahora mismo, gritaría, sin miedo ni preocupación, “te quiero”; estaría dirigido a ti, a la persona que escribe esto. A veces, tienes demasiadas ganas de que alguien te comprenda, te preste atención, te quiera y cuide. Es normal. En algún momento entenderás que solo tú puedes decirte algo y te lo creas. No tengas miedo de tí, ni del futuro. Recuerda que un examen no te dice quien eres ni quien serás. Recuerda que la única persona que estará contigo, en las buenas y en las malas, serás tú. Recuerda que guardar un secreto demuestra cómo eres. Recuerda que una caída, dentro de un tiempo, puede ser un éxito. Recuerda que no eres la persona que los demás dicen, sino la que has estado preparando para algo más grande. Si muriera ahora mismo, tendría un miedo grande y aplastante. Tengo miedo a la muerte. ¿Y qué pasa?  1º ESO

Orgullosos de ser ignorantes

Soy un inculto, y posiblemente tú también lo seas. Todos hemos pasado alguna vez esa situación en la que nuestros compañeros hablan sobre una persona famosa o un hecho importante del que no tenemos ni la menor idea, y cuando preguntamos, nos dicen “¡¿Cómo puedes no saberlo?! Es cultura general”. La cultura general es un fenómeno curioso. Por definición, consiste en poseer conocimientos sobre los temas más variados posibles. Aquel que tiene cultura general, sabe un poco de todo, pero actualmente esto se ha distorsionado. Parece ser que la cultura general hoy en día es conocer únicamente y en profundidad los temas en tendencia. Es normal pensar que los temas que están de moda y que se reproducen en todas las noticias y redes sociales deberían ser conocidos por todos, porque si salen tanto, ¿será porque son importantes, cierto? Por supuesto que la caída del Real Zaragoza es extremadamente importante con más de cincuenta mil búsquedas en Google. Por razones obvias, sí que es necesario conocer sobre política, como las medidas contra los inmigrantes que está llevando a cabo Trump. Pero de ahí a que en tendencia también esté la forma de vestir de los famosos, se puede notar una inmensa diferencia en el valor que damos a estos temas. Siempre me he preguntado por qué todo el mundo debe estudiar historia en profundidad, mientras que la física se puede ignorar por completo. Muchas personas ignoran el hecho de que las salamandras son anfibios y necesitan humedad, o que los corales mueren por la acidez del océano, y eso no está mal visto. Ahora bien, si resulta que no sabes quién es Fernando VI el Prudente, estás en serios problemas y deberías revisar de nuevo la historia de España. En general el concepto de cultura general se ha distorsionado en favor de aquellas personas más famosas e influyentes. Distorsión que aumenta con las redes sociales. Antes, la única forma de enterarse de las cosas era comprando el periódico, y si no se leía, no había ningún problema. Actualmente, parece que ya no solo nos recomiendan, sino que nos exigen pasar un mínimo de horas inmersos en las redes sociales para así adquirir una cultura general decente. Constantemente dicen que las redes sociales son malas y que es mejor minimizarlas, pero si no conoces a tal o cual influencer, eres un ignorante. Un claro ejemplo de hipocresía que nadie está dispuesto a admitir. Si conocer lo básico de numerosos temas, a pesar de no tener redes sociales ni enterarse de las noticias, es un problema, yo mismo soy un inculto. Pero según lo dicho, todos aquellos que dicen que el ser humano no es un animal, que el cambio climático no existe, que todo lo que lleva cloro no es comestible, o que la vacuna del coronavirus te inyecta microchips, son unos incultos más problemáticos que yo, porque no lo admiten y todos lo aceptan. Incluso muchos están orgullosos de ser ignorantes. Diego Simón Navarro – 1ºBTO