Peseta Street Journal

Una herida al patrimonio y la confianza

Recientemente, se ha producido un robo que parece extraído de una película y recuerda a los golpes de ficción de Arsène Lupin. El domingo 19 de octubre de 2025, cuatro asaltantes accedieron al Louvre por la fachada del Sena a través de una escalera mecanizada en la avenida François Mitterand. En tan solo 7 minutos se adentraron en la galería Apolo, rompieron las vitrinas con una radial y robaron las nueve joyas de la corona. El Museo del Louvre es el más visitado y seguro de todo Francia. Según afirma el Ministro de Cultura, el golpe fue “rápido y brutal». Cinco presentes en la sala activaron rápidamente el protocolo de seguridad: llamar a las fuerzas del orden y evacuar la zona. El fiscal detalló que las alarmas funcionaron pero que «o los agentes no las escucharon o no sonaron en la Galería» lo que muestra una gran falta de seguridad. Además, la alarma sonó a las 9:37 y a las 9:38 los ladrones habían abandonado el lugar. Por si fuera poco, el Sindicato CGT denuncia desde hace años la falta de personal y agentes de seguridad. Según esto, ¿se debería  aumentar la seguridad o ha sido un error puntual? No es el primer robo que sucede, ya que, una de las obras más famosas, La Gioconda, fue robada por un exempleado. Por lo que no ha sido un error puntual. Más allá del valor económico, estimado en decenas de millones de euros, las nueve joyas forman parte del patrimonio e historia de Francia. Estas coronas no eran simples adornos sino símbolos de una historia que lleva estando presente en Francia durante décadas. Su pérdida supone una herida al patrimonio francés. Este caso deja al descubierto que, a pesar de que vivimos rodeados de tecnología y vigilancia, una cosa tan simple, como el acceso por una ventana en obras, es fácil de conseguir, lo cual apunta a que ha sido más que una casualidad. Este robo debe servir como advertencia global, que demuestra que, aunque vivamos en una época llena de avances y seguridad. Seguimos siendo vulnerables ante cualquier cosa. No trata solo de perder joyas, sino de perder parte de la historia francesa.   Rafael Muñoz-Pacheco. 1ºBTO

De la esperanza al destierro

Hace poco se di una situación espeluznante en un juzgado de Estados Unidos, no es la primera. Un niño de cuatro años sentado solo, nervioso, temblando ante un juez, eso fue lo que pasó. «¿Estás un poco nervioso, verdad?» preguntó la autoridad. «Sí», respondió el niño con un nudo en la garganta cuando la respuesta era obvia. Miedo, abandono, soledad, eso era lo que sintió ese niño tras la deportación de sus padres y solo en aquel juzgado. Diminuto, como una hormiga en un mundo de gigantes, así debió sentirse ese obre niño. ¿Te imaginas ir en busca de una vida mejor y volver a los principios? La deportación de inmigrantes, sobre todo de personas latinas en Estados Unidos, es una injusticia que viola los derechos humanos y el debido proceso legal. En muchas ocasiones, estas personas son expulsadas sin tener la oportunidad de defenderse ante un juez ni de explicar sus circunstancias. Este problema está empezando a generar graves repercusiones sociales y económicas en el país. Miles de seres humanos migran con la esperanza de encontrar seguridad, trabajo y una vida digna. La mayoría huye de la pobreza, la violencia o la persecución por pensar diferente, como es el caso de muchos venezolanos, hondureños, cubanos o mexicanos. Son devueltos a condiciones de vida inhumanas, donde predomina el miedo, la inseguridad, el sufrimiento y la falta de libertades. Una decisión que pone en riesgo su vida y se les niega la posibilidad de construir un futuro mejor, no solo para ellos, sino también para sus hijos. Además, son precisamente muchos de ellos los que sostienen con su esfuerzo gran parte de la economía estadounidense. Trabajan en la agricultura bajo el sol, en los campos que luego alimentan al país, limpian calles, casas y oficinas para mantener las ciudades en buen estado, cuidan niños y ancianos con mucho cariño y paciencia , como si fueran su propia familia. Son los primeros en levantarse y los últimos en descansar. Sin embargo, su trabajo, aunque es esencial, pocas veces es valorado o reconocido. Es irónico pensar que un país tan desarrollado se apoye en las manos de aquellos que rechazan. Y no solo eso, entre los soldados que defienden la bandera estadounidense hay miles de latinos que arriesgan su vida en guerras que no son suyas. Jóvenes, que con tan solo veinte años, dejan atrás su familia por defender una nación que les discrimina. Muchos de ellos lo hacen con la esperanza de obtener un futuro mejor o la posibilidad de quedarse en el país que consideran su hogar. Algunos han muerto en combate sin recibir el reconocimiento que merecían, y aun así su sacrificio sigue siendo ignorado por un sistema que les da la espalda. Todo ser humano tiene derecho a quedarse, a ser escuchado y tratado con dignidad. No es justo llamarlos «ilegales» cuando lo único que buscan es una oportunidad para vivir en paz. Tal vez, en lugar de perseguir a quienes solo quieren trabajar y aportar, habría que prestar más atención a quienes verdaderamente incumplen las leyes, sin importar su nacionalidad y de dónde vengan. Porque nadie es ilegal por intentar sobrevivir, porque detrás de cada inmigrante hay una historia y una esperanza que merecen ser respetadas, y ningún muro ni frontera debería ser más fuerte que la humanidad que todos compartimos. Y a ese niño, nervioso y aterrado en el juzgado, sin poder recurrir a nadie, le hubiera venido bien un poco de esa humanidad. Jimena García Baño – 1º BTO

A la caza de una casa

Es de sobra conocida la excelente retórica de Gabriel Rufián, un político que, más allá de filias o fobias, domina como pocos la palabra. Miembro de Esquerra Republicana (ERC), Rufián es, guste o no, uno de los oradores más contundentes del Congreso de los Diputados. Hace poco reprochaba, en sede parlamentaria, las palabras del presidente Sánchez, quien afirmó que esta sería “la legislatura de la vivienda”. Nada más alejado de la realidad. Y en esta ocasión, hay que decirlo: lleva razón, quizás no toda, pero sí buena parte. Porque no, señor presidente, la vivienda no está en su mejor momento. Está disparada. Eso es irrefutable. Los precios, especialmente los del alquiler, son inasumibles no ya para una minoría vulnerable, sino para la gran mayoría. Comprar o alquilar un piso, uno digno, en una gran ciudad se ha convertido en una odisea para miles de jóvenes, familias y trabajadores. Y no es que falten viviendas. Al contrario: hay más de 3,7 millones de casas vacías en España. Pero muchas están ubicadas en zonas menos pobladas, lejos de los principales núcleos urbanos. Y los seres humanos, oh sorpresa, nos empeñamos en vivir todos en el mismo sitio. Así, nadie pugna ni pelea por un estupendo chalet en medio de Burgos, pero se pagan auténticas millonadas por un escueto ático en Sol, quizás un minúsculo estudio en la Gran Vía. Parafraseando a Rufián, se vive en zulos pagando como si fueran palacios. ¿Por qué ocurre esto? La explicación es relativamente simple: Hay más personas buscando pisos, que pisos que las cuentas bancarias de esas personas puedan asumir. La demanda supera la oferta de viviendas accesibles, y eso dispara los precios. Al principal problema se suman los fondos buitre, los pisos turísticos, la especulación, los grandes tenedores…etc, pero cuidado: aunque todos tienen su parte de la culpa, no poseen ni de cerca la mayor parte del parque de viviendas. La mayoría de los pisos, casas, apartamentos o similares, pertenecen a pequeños propietarios. Y estos, ante trabas, fiscalidad punitiva, o inseguridad, se retiran enseguida del mercado, reduciendo aún más la oferta. Mientras tanto, se construye poco o directamente no se construye. Y así, los precios siguen subiendo. Y la vivienda, derecho fundamental, pasa a ser mero producto comercial. Entonces, ¿qué se puede hacer? Quizás la solución no pase tanto por regular, imponer o prohibir, sino por competir. Tal vez el Estado deba funcionar como una empresa a gran escala: construir viviendas de forma masiva, venderlas a precios razonables, generar economías de escala, levantar barrios enteros. Forzar al mercado a bajar los precios no mediante control, no a base de decreto o prohibición, sino con exceso de oferta. En suma, ganar al mercado en su propio juego.  Las personas descontentas son un gran caladero de votos. Siempre que haya frustración, habrá partidos dispuestos a prometer soluciones milagrosas a cambio de un escaño. Y así, la patata caliente va pasando de legislatura en legislatura, de gobierno en gobierno,  Así que, señor Rufián, enhorabuena, es usted un gran político, un gran orador. Pero en España, a día de hoy, nos sobra política y nos falta valor, y bastante humanidad. Mario Maldonado Jaramillo – 1ºBTO

Incendios de verano, responsabilidades apagadas

Cientos de familias han perdido su hogar este verano por culpa de los incendios que han castigado zonas de Galicia y Castilla y León, además de diversos focos en otros puntos del país, como algunos devastadores en Tres Cantos en la Comunidad de Madrid. Una vez más, los españoles hemos sido testigos de la incompetencia de la clase política de nuestro país. Se pasan la pelota de unos a otros dejándonos abandonados a nuestra suerte. Como ya es costumbre, los gobiernos autonómicos han actuado tarde y como excusa dicen que el gobierno central es el que debería ocuparse de ello o se quejan de que no se les manda los suficientes medios para paliar la situación. A su vez, el gobierno delega en las autonomías principalmente del partido de la oposición; y mientras, los españoles quemándose. Un gobierno autonómico, provincial o municipal tiene que estar más que preparado para este tipo de situaciones, pero en este país, en el que tropezamos más de dos veces con la misma piedra, destinamos el dinero a causas totalmente contrarias para el beneficio de los de siempre.  Y el gobierno, viendo esta situación repetida cada verano en forma de incendios, o durante el año en forma de DANAS o temporales, tiene y debe presionar a los gobiernos autonómicos y no convertir todo en debate político. Este confrontamiento político hace que constantemente juguemos al juego de la cuerda floja, unos tiran de sus argumentos y otros de los contrarios, simplemente por fastidiar al otro y no se llega a un punto de acuerdo, por lo que tenemos un campo descuidado y propenso a desastres cíclicos cada año. Debemos, por tanto, concretar de manera clara y certera las competencias de cada gobierno o simplemente delegar funciones a uno central, además de invertir en pos de la población dejando que se cuide el campo como se ha hecho toda la vida. Y dejar de una vez por todas la confrontación que beneficia con unos cuantos votos a unos pocos y perjudica a la población  que se queda sin nada o muere por culpa de su incompetencia. Leo Roldán Almagro – 2º BTO

¿Los influencers son buenos modelos a seguir?

En la actualidad, los influencers ocupan un lugar importante en la vida de muchas personas, pero sobre todo en la de los jóvenes. A través de las redes sociales, estas personas transmiten valores, recomendaciones y aspiraciones. Sin embargo, muchos jóvenes se preguntan; ¿hasta qué punto son personas dignas de admiración? Desde mi punto de vista, aunque algunos influencers puedan ejercer una influencia positiva, muchos de ellos no son buenos ejemplos a seguir para las nuevas generaciones. Es importante pensar bien  en cómo afectan los influencers a la forma en la que los jóvenes se ven a sí mismos, se comportan o como se sienten. Algunos de ellos solo muestran vidas que se enfocan en solo comprar cosas, ser siempre perfectos, y sobre todo en destacar a toda costa. Esto lleva a que algunos jóvenes piensen que solo eso es importante en sus vidas, cuando en realidad hay muchos otros valores más importantes. Es verdad que en las últimas décadas, gracias a las redes sociales, mucha gente puede decir lo que piensa y dar su opinión. Eso está bien, pero también puede hacer que olvidemos las cosas que de verdad importan. Muchas veces la opinión sincera de los demás en los comentarios de un vídeo, pueden ayudar a ese creador de contenido a mejorar. No obstante, lo que sucede de verdad en la mayoría de casos es que las faltas de respeto superan a los cumplidos que pocas veces aparecen en un video.  Por otro lado, algunos modelos de internet usan su fama para hablar de salud mental, que todos seamos diferentes y nos respetemos, o que enseñen a ayudar a los demás, lo cual puede promover actitudes responsables. Estos influencers, sí que pueden ser imitados, ya que nos animan a ser buenas personas y a preocuparnos por los demás. No obstante, no se puede generalizar. La verdad es que muchos otros influencers prefieren mostrar una vida idealizada, llena de lujo y mostrando una sola apariencia, lo que en muchos casos genera rabia, envidia, comparación e incluso en ciertos casos violencia emocional. ¿De verdad esto es lo que queremos que los jóvenes tomen como ejemplo? Sinceramente, creo que eso no es cierto. En conclusión, aunque haya influencers que aporten valores educativos y sociales, todos los jóvenes debemos de reflexionar sobre qué tipos de personas merecen realmente ser elegidas como buen ejemplo a seguir y qué valores debemos obtener para convertirnos en una mejor generación. Porque, si no lo hacemos, corremos el riesgo de aceptar sin filtro modelos superficiales.   Carla Huerta Ovejero – 4º ESO

El pueblo salva al pueblo

El 29 de octubre de 2024 la provincia de Valencia se veía sacudida por la tragedia como nunca. 224, esos fueron los muertos que dejaba la fatídica DANA. Y aquí estamos, a finales de 2025, casi un año después, sin haber depurado responsabilidades, sin haber atajado el quid del problema. España sigue con una herida abierta.  Empecemos por las responsabilidades. Estas incluyen a los gobiernos tanto regional, como nacional. A la escasa, más bien nula, cooperación entre los políticos de unos y otros partidos, que vieron en la catástrofe una manera de obtener rédito político. Y mientras el pueblo a “verlas venir”. Recordemos frases infames. Estaba comiendo, Carlos Mazón. Si quieren ayuda que la pidan, Pedro Sanchez. Ambos son políticos de altísimo nivel que han demostrado una escasa catadura moral. Una auténtica vergüenza. Tardar en declarar el nivel de emergencia, en enviar al ejército a ayudar a los afectados, movilizar medios de toda índole, en avisar a la población. Cuando cesaron las lluvias, bajo el agua, y pasó todo peligro, fue entonces cuando aquellas figuras que debían, en el más alto de los imperativos haber sido garantes de seguridad, hicieron su aparición. Pero el pueblo, aún embarrado, no olvida tan fácilmente, y estas visitas no fueron precisamente bien recibidas, ni de unos ni de otros. Llegó así el momento de liberar fondos para paliar el bolsillo de los afectados, de darles algo con lo que volver a empezar, a reconstruir su vida y la de los suyos. Pero quien esperaba que estos fondos se enviarán con cuentagotas. Curiosas, como poco, las prioridades de nuestros gobernantes. Aunque tampoco habría que extrañarse, dado que los afectados del volcán de la Palma siguen esperando esos millones tantas veces prometidos por unos y por otros, y siguen viviendo en contenedores. Desde el 2021. En fin. Volviendo al tema que nos ocupa, más allá de las meteduras de pata, de la extrema lentitud en la llegada de ayudas, y la inexistente cooperación entre administraciones, están los hechos. Es un hecho que la ciudad de Valencia y aledaños llevan sufriendo el mal que representan las avenidas y las inundaciones desde que se tienen registros. Es un hecho que la naturaleza está mucho antes de que llegásemos nosotros, los seres humanos. Es un hecho que todo esto se comprendió hace mucho, y por ello en Valencia, tras la inundación del 57, se desvió el cauce del Turia fuera de la ciudad, se represaron ríos, se embalsó la cuenca aguas arriba, encauzaron torrentes… un plan hidrológico diseñado específicamente para salvaguardar Valencia de las furibundas aguas que todo se llevan. Y vaya si funcionó bien ese plan, que la capital se salvó de la DANA. Ahora bien señores políticos, dejen de echar pestes de unos y otros, y atajen el problema. Barrancos, torrentes, y cauces de similar condición (que en lluvias torrenciales pueden llegar a tener el mismo caudal que el Ebro) pueden y deben ser encauzados, desviados, controlados y mantenidos todo el año. Las casas no deben levantarse más allí donde el agua se las pueda llevar. Y sobre todo, nunca, pero nunca se debe volver a abandonar de semejante forma a las personas, ni antes, ni durante, ni tras un aciago suceso. El pueblo salva al pueblo. Más vale que no se convierta en norma. Mario Maldonado Jaramillo  

El caso Magnitsky: un ejemplo de la lucha contra la corrupción

El caso Magnitsky es un claro ejemplo de las graves consecuencias de la corrupción gubernamental del gobierno de Putin, que ha llevado a Europa a la ruina y a la dependencia de terceros. Sergei Magnitsky, un abogado y asesor fiscal ruso cualquiera, trataba de destapar la corrupción de la grandísima compañía rusa Gazprom y sus funcionarios, la cual ha estado suministrando a Europa gas durante décadas y cuya corrupción ha ido causando que a nosotros los europeos nos salga más cara la existencia. No ha sido hasta el año 2012,  tras la muerte de este indefenso abogado, que el gobierno americano sancionó a los responsables de este delito con sus propios bienes y derechos, como viajar. A consecuencia de la “Ley Magnitsky” en Estados Unidos, una legislación que permite reprimir a las personas involucradas en violaciones de derechos humanos y grandes casos de corrupción, varios países han seguido el camino de este, como Reino Unido, que ha adoptado medidas para amonestar a estos criminales, lo cual ha causado que estos casos de corrupción vayan disminuyendo, y así se han estabilizado ciertos costos.  Creo que tras estos grandes casos, Europa, y más nuestro país, por su posición geográfica, debería barajar ideas más limpias y con regímenes menos totalitarios, para buscar a largo plazo una estabilidad en estos costes que tanto sufrimos los ciudadanos de a pie y que tanto varían los precios por razones tan irracionales como esta. También, todos debemos conocer las consecuencias de la corrupción rusa y exigir más responsabilidad por parte de nuestros gobiernos para evitar depender de regímenes corruptos y optar por otras potencias emergentes, como Brasil, más transparentes y lo más importante, con una inflación mucho más baja y proyectos a futuro sostenibles y fiables. En definitiva, el caso Magnitsky nos deja una lección clara, la corrupción tiene un alto costo no solo para quienes la sufren directamente, sino para toda la sociedad, y más nosotros los europeos. Es responsabilidad de los ciudadanos y más de los gobiernos exigir medidas efectivas para eliminar y evitar que se repitan situaciones similares en el futuro y aún más cuando la vida de alguien ha sido arrebatada, y quién sabe de cuántas más. Alejandro Gallego – 2º Bachillerato

100 Días de Trump. ¿La demolición del sistema humanitario mundial

Donald Trump gobierna el país más rico del mundo, Estados Unidos, y desde el pasado mes de noviembre, afronta su segundo mandato. Su llegada había generado muchas expectativas: Sus partidarios esperaban y esperan que sirva para mejorar la economía americana y, algunos, incluso la mundial. Sus adversarios, por el contrario, temían un fuerte deterioro en la economía, pero sobre todo en las relaciones entre los diferentes países y en la solidaridad  dentro y fuera de los Estados Unidos. Efectivamente, las medidas que más extrañan al mundo son los aranceles económicos que están a punto de provocar una guerra comercial, porque Estados Unidos  que es la primera potencia económica y el primer consumidor mundial, ha decidido que todos los vendedores extranjeros que quieran vender su producto en EE.UU  tendrán que pagar una serie de impuestos (los aranceles) altísimos por lo que  les va a costar mucho más caro. Pero hoy no vengo a hablar sobre los aranceles, sino de un tema que es igualmente preocupante y que no se está siendo atendido tanto como debería. Donald Trump y su gabinete quieren reducir el gasto público, tanto en el interior como en el exterior, especialmente en aquellas áreas que ellos no consideran importantes: Dentro de Estados Unidos, con el lema  “Make America Great Again”, ha creado el “DOGE” (Departamento de Eficiencia Gubernamental) cuya función se resume con una frase del presidente Trump: «Desmantelar la burocracia gubernamental, recortar el exceso de regulaciones, reducir los gastos superfluos y reestructurar las agencias gubernamentales». Esto ha afectado sobre todo a la sanidad, la cultura y la educación pública. Esta agencia está liderada por Elon Musk (el dueño de la compañía de automóviles Tesla, SpaceX, X etc.). Así, se han reducido o eliminado numerosos departamentos y se calcula que alrededor de 25.000 funcionarios públicos han sido despedidos. Fuera de los Estados Unidos, el Secretario de Estado Marco Rubio (lo que vendría a ser nuestro Ministro de Asuntos Exteriores), el pasado mes de febrero, anunció la eliminación de 5.800 programas de ayuda humanitaria y al desarrollo de USAID (Agencia de Desarrollo de Estados Unidos) y del propio Departamento de Estado, lo que supondría nada más y nada menos que el 92% de su presupuesto. Estos recortes van a tener un impacto brutal en las organizaciones humanitarias y en las vidas de millones de personas en todo el mundo. El sistema político y humanitario internacional después de la Segunda Guerra Mundial, se basaba en la cooperación entre los países dentro de las Naciones Unidas, y Estados Unidos era el principal sostén de ese sistema, era el país que más dinero aportaba a la economía mundial, a las Naciones Unidas y a sus agencias humanitarias, como Unicef, ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) o las agencias de desarrollo (FAO, UNDP, y otras muchas siglas, en definitiva, al progreso de países en vías de desarrollo y a la protección de los Derechos Humanos. Digo aportaba porque, desde que Trump llegó al despacho oval por segunda vez, se ha recortado gran parte del dinero con el que EE.UU. contribuía antes de su mandato a todas estas organizaciones internacionales y también a otras tantas dentro de su país. ACNUR y UNICEF, por ejemplo, han visto recortado su presupuesto global en un 40% y van a tener que eliminar muchos de sus programas y despedir a miles de sus trabajadores, lo o que va a imposibilitar gran parte de su trabajo en la asistencia a refugiados y a niños en todo el mundo, pero especialmente a aquellos que viven en los países más afectados por las guerras, los desastres naturales o la pobreza, como República Democrática de Congo, Sudán del Sur o Bangladesh, entre otros. Yo no sé mucho de economía y aún es pronto para saber cuál va a ser el alcance total de estas medidas, pero sí que sé cómo van a afectar estos recortes de presupuesto y de plantilla a todos estas organizaciones y sobre todo a los refugiados y a los niños urgentemente necesitados por su situación, ya sea porque su país esté en guerra o por que sean perseguidos o porque simplemente busquen una vida mejor, ya que todo el mundo se merece una vida mejor. José Ortiz Puentes – 2º ESO

Eurovisión: ¿Talento musical o juego de poder?

Recientemente se ha celebrado el festival de Eurovisión y han sido muchos de los fans que han protestado por el supuesto «robo» de este año con la actuación de la querida y también odiada Melody. Pero esta no es la primera vez que quedamos en una posición similar, canciones que son las primeras en las apuestas, quedan últimas. Y luego un país en mitad de una guerra recibe la mayor puntuación del público, desde luego por su buena fama no se los llevarían. Mi pregunta es, ¿realmente cuál es el objetivo de eventos de este tipo? ¿Es un concurso donde se valora el talento musical o la cantidad de poder y contactos que tengas? No debe sorprendernos que la única vez de los últimos años que hemos quedado en una buena posición, haya sido con una canción un tanto comercial que interpretaba una chica mona. ¿Ha sido la mejor canción que hemos llevado en las últimas décadas o simplemente la que mejor vende? Deberíamos pensar si tanto espectáculo vale la pena para camuflar realmente las verdaderas intenciones de eventos como este. Si quieres lavar tu imagen como país, mejor date una ducha antes de formar todo un circo para arreglar tus intereses políticos. Porque si no, lo único que estamos consiguiendo es menospreciar el verdadero talento, premiando el dinero camuflado de espectáculo. Sofía Soler Pindado – 1º Bachillerato

Cuando el perfeccionismo se convierte en enemigo

Cuando alguien dice que habla 5 idiomas, saca matrículas de honor o hace 3 deportes, tendemos a pensar que esa persona es capaz de todo o, con otras palabras, que es “perfecta”. Las personas, especialmente los estudiantes, estamos cada vez más acostumbrados a ponernos objetivos muy ambiciosos y a establecer expectativas demasiado altas de nosotros mismos, llevando la autocrítica a un nivel excesivo y perjudicial para nuestra salud mental. Pese a ello, la sociedad actual nos presiona constantemente a buscar la excelencia en todo lo que hacemos. Se está normalizando y se exige cada vez más que los alumnos alcancen estándares más altos que nunca, comúnmente conocidos como “perfección”. Pero la realidad es que un comportamiento excesivamente perfeccionista conlleva muchos más problemas que ventajas. Exigir resultados académicos “perfectos” a una persona suele desencadenar un estado de frustración constante y un empeño desmesurado por alcanzar las expectativas establecidas, con el objetivo de lograr la aprobación del entorno que le rodea. En 2022, los expertos de la Universidad de Ottawa realizaron una investigación en la que relacionaron la autoexigencia excesiva con la ansiedad y la depresión, examinando el rendimiento académico de 604 adolescentes de entre 12 y 18 años. Según los resultados, los jóvenes muy perfeccionistas tenían mejores resultados académicos, pero peores situaciones emocionales. Sin embargo, aunque este estudio evidencia este problema, el perfeccionismo se está generalizando como un rasgo imprescindible en nuestra personalidad. A día de hoy, una vida sencilla y realista se suele interpretar como una señal de insuficiencia, hasta llegar a la subestimación del valor personal. Como consecuencia de estos ideales, alumnos brillantes sobrepasan sus límites y se encuentran atrapados en un bucle de resultados excelentes y autoexigencia que les lleva a situaciones de baja autoestima y sentimientos de inferioridad, de culpa y de fracaso. Como sociedad, debemos conseguir reducir esta presión y transformarla en una manera de mejorar sin sufrir por las expectativas y aprendiendo a tolerar errores. Es simplemente cuestión de cambiar la autoexigencia por la aceptación y el autocuidado, y de darnos cuenta de que no alcanzar la perfección no es un fracaso   Alegría Lobo Estrella – 3ºESO