Bebés a la carta

¿Animales que brillan en la oscuridad? ¿Superárboles que frenan el cambio climático? ¿Cabras que tejen telarañas? Esto no es ciencia ficción, es nuestro futuro y se llama ingeniería genética. En el apasionante mudo de la tecnología se va abriendo paso un espacio denominado ingeniería genética humana. esta rama de la ciencia, que se inició en la década de los setenta, está revolucionando la medicina. Los expertos definen ingeniería genética como el conjunto de técnicas que modifican el ADN, añadiendo o eliminando fragmentos de los cromosomas con el objetivo de alterar su expresión en el ser humano. Sus aplicaciones son importantísimas: tratamientos para enfermedades incurables, eliminación prenatal de patologías, creación de numerosas vacunas y terapias personalizadas. Sin embargo, en este mundo de posibilidades, donde a priori, parece que todo son ventajas, no está exento de polémicas y de peligros. Tener en nuestras manos las herramientas necesarias para alterar la esencia de la vida, el ADN, confiera al ser humano un poder para el que no estamos preparados. Uno de los ejemplos más preocupantes es el de los llamados «bebés a la carta». Has ahora existen casos aislados de embriones cuyos genomas han sido tratados antes de su concepción con el fin de erradicar el desarrollo de una enfermedad o de conseguir que sus células sirvan como cura par un hermano enfermo. En estos casos hay que aplaudir a la ciencia, por ser capaz de obrar estos milagros. Pero en estos contextos es donde surgen preguntas inevitables: ¿Quién establecerá el límite entre un uso terapéutico de la ingeniería genética humana y el diseño de las características físicas de los bebés? Más inquietante es aún pensar en la posibilidad de que los científicos identifiquen el gen de la personalidad y que este sea susceptible de ser modificado junto con las características físicas antes del nacimiento. La ingeniería genética humana abre una nueva era para la humanidad, un tiempo en el que la ciencia utilizará métodos nuevos y eficaces para salvar, mejorar y prolongar vidas. Pero este progreso debe ser practicado de manera responsable, con conciencia plena de las consecuencias que conllevan un uso inadecuado de las técnicas. No se deben sobrepasar los límites éticos ni morales, por lo que es necesario establecer leyes estrictas que regulen su aplicación. Como seres humanos no debemos permitir que los avances científicos vayan en contra de nuestra existencia y esencia. Las personas somos seres diversos que aprendemos de nuestras diferencias y que nos enriquecemos recorriendo el camino. ¿Qué sentido tendría la vida si diseñamos perfecta en un laboratorio? Leyre Peinado – 1ºBTO
La guerra, un gran negocio

Los convulsos balcanes nos han dejado, a lo largo de los tiempos, cruentos hitos que marcaron y marcan la historia. En plena Guerra de Bosnia, el asedio a la ciudad de Sarajevo fue, por desgracia, otro remarcable suceso. Aquel asedio nos dejó muchas imágenes difíciles, aunque ninguna tan perturbadora como la figura de un francotirador disparando contra civiles: indefensos, desarmados, se exponían a la muerte cuando estos debían, inexorablemente, cruzar una avenida. A modo de amargo recuerdo aquella calle sería renombrada popularmente como avenida de los francotiradores. Durante años se ha asumido que aquella violencia, si bien inmoral a la par que innecesariamente cruel, respondía exclusivamente a la despiadada lógica militar. Una guerra brutal, sin duda, pero una guerra a fin de cuentas. Sin embargo, a tenor de recientes informaciones, es obligado el replantearse aquellos sucesos hacia una versión de los hechos sumamente más incómoda. Y es que diversas investigaciones periodísticas, junto a testimonios judiciales han sacado a relucir en estos últimos tiempos que no todos aquellos francotiradores eran militares serbios. Existe una muy verosímil posibilidad de que hubiese personas que pagaron por participar como francotiradores. Ir de montería. Pero las piezas eran civiles bosnios. Escandaloso. Ya no hablamos únicamente de la guerra y sus atrocidades, ni siquiera de un ferviente fanatismo ideológico que explique tamaña miserabilidad. Hablamos de individuos que tornaron el sufrimiento ajeno en una mera actividad recreativa, por la cual merecía la pena desembolsar escandalosas cifras de dinero. En contienda solemos atribuir la culpa al otro, el enemigo, al cual pintamos como rastrero, traidor, sucio… el malo de la película. Nos resulta así a los humanos mucho más sencillo cometer tamañas atrocidades enarbolando como bandera un sistema, una ideología, un líder, un dios… o quizás solo la propia bandera con tal de justificar nuestras acciones.. Solo que esta vez ni siquiera hubo atisbo de justificación. Aunque tampoco lo hace más o menos atroz. Cómo justificar asesinar inocentes sea cual sea el motivo. Fue asesinar. Y pagar por hacerlo. La comunidad internacional llegó tarde, como otras tantas veces. Pero llegó. Aunque han hecho falta muchos años (demasiados) antes de comenzar siquiera a depurar responsabilidades. Puede que los francotiradores de Sarajevo solo disparasen balas. Pero demostraron sin quererlo 2 cosas: Primero que incluso en el conflicto deben, en el más alto de los imperativos, existir límites. Líneas rojas. En segunda instancia, que la guerra es un acto estéril para las sociedades, pero lucrativo para selectos individuos. Muchas veces se resume en negocio, ya sea pagando por hacer de francotirador, o vendiendo las balas mismas. Porque quién es más culpable. ¿El que aprieta el gatillo, el que se embolsa una fortuna con el armamento o el que provocó el enfrentamiento? Todo se resume en una simple pregunta: ¿Cuánto vale una vida? Dejo la respuesta a elección del lector.
Un futuro sin clásicos del cine

Desde hace tiempo no se ven películas destacables a nivel de argumento en cines. Siempre siguen una estructura de acción constante, sin dejar espacio a una narrativa decente. En efecto, nos encontramos ante una reestructuración del cine nunca antes vista, y es que no es raro ver personajes secundarios e incluso protagonistas, sin ninguna complejidad, casi como si fueran simples extras. Todo ello proviene de una de las mayores fuentes de problemas de la actualidad: las redes sociales. Empezó con TikTok y se le unieron YouTube e Instagram, así como muchas otras. Los vídeos en formato corto, de menos de un minuto, provocan grandes adicciones en los jóvenes de hoy en día, pues están diseñados para ello al aportar dopamina constante. Los índices de déficit de atención se han disparado, y si niños y adolescentes no pueden mantener la concentración ni cinco minutos, mucho menos lo harán durante una hora de película. Las empresas lo saben, por lo que han decidido comenzar a transformar el cine en otra fuente de dopamina constante. Las escenas tensas predominan sobre las más narrativas. Llega a tal punto que el propio tráiler ya resume el argumento, porque ya no importa. La gente quiere ver persecuciones, peleas y personajes sin importancia muriendo de forma trágica, con los que no establece más conexión emocional que el mero parecido físico, pues un personaje admirado muriendo provoca el odio de la comunidad al director. Si bien se pueden apreciar la acción y aventura, también necesitamos tomar descansos, reflexionar y deleitarnos con las historias. La gente apenas lee, las películas se consideran basura si no ocurre algo importante cada minuto, e incluso la música cada vez se acorta más y se vuelve repetitiva. Se necesita un cambio urgente, es necesario apreciar los argumentos, puesto que, de no hacerlo, encontraremos un futuro donde ya no aparezcan nuevos clásicos del cine como E.T, Regreso al futuro o Jurassic Park (la original), solo vídeos de hora y media de gente pegándose sin razón alguna. La acción complementa la historia, no la sustituye. Diego Simón Navarro – 2ºBTO
El castigo que superó al crimen

No confundamos justicia con venganza. Esto es lo que ha sucedido entre Israel y Gaza. El gobierno israelí quiso hacer justicia por el atentado que provocó el grupo terrorista de Hamás, pero la respuesta fue desmesurada y se convirtió en una venganza contra un pueblo que no merecía ser el foco del dolor israelí. Cuesta creer que en pleno siglo XXI aún se recurra a la guerra para solucionar diferencias entre países. Parece que no hayamos aprendido nada de los horribles sucesos que ocurrieron a principios y mediados del siglo pasado. La muestra de ello es esa desmesurada respuesta del gobierno israelí, que desembocó en una guerra extremadamente sangrienta que nos ha dejado miles de muertos y otros tantos desplazados, que tuvieron que huir del conflicto o quedaron sin hogar. Esta guerra, como tantas otras, es el resultado de cuando cada uno se toma la justicia por su mano en lugar de buscar una solución diplomática. Lo peor viene cuando se acuerda una solución para el conflicto y no se respeta. Diez días después de que se pusiera en marcha un Alto el Fuego en esta guerra ya habían muerto casi cien personas más. Y lo más triste es ver cómo las personas que “lograron la resolución del conflicto” se cuelgan su medalla y miran hacia otro lado, como si no quedase nada por hacer. El resultado de la guerra: miles, incluso millones, de vidas destrozadas sin ningún beneficio aparente, una guerra sin sentido cargada contra inocentes. Al final el dicho va a tener razón y siempre pagan justos por pecadores. Silvia Alba González – 2ºBTO
Zohran Mamdani: crónica de hacer posible lo increíble

Inmigrante. Socialista. Musulmán. La impurísima trinidad, según algunos enconados detractores, que hoy dirime el destino de la ciudad de Nueva York. Un nombre: Zohran Mamdani (34 años), que ha sacudido el tablero de la política, de forma tremenda. Dio, sin duda alguna, el sorpasso por antonomasia en las elecciones a la alcaldía de Nueva York, en noviembre de este año, imponiéndose Mamdani (con el partido demócrata) a los candidatos independientes y a los republicanos de forma indiscutible, cosechando con ellos algo más del 50% de los votos. Y así, se aparecía la pregunta: ¿Cómo? ¿Cómo es posible la elección de un alcalde así en la Ciudad, en teoría, más compleja del mundo, la más rica de todo el orbe, elija tal alcalde? No hay más que mirar en las entrañas de la meca del capitalismo. Una mezcla étnica y religiosa que no puede ni debe ignorarse, el precio de la vivienda disparado, más aún si hablamos de alquileres, parejo va el coste de vida (alimentos, el transporte público inclusive), unas diferencias en cuanto a la distribución de la renta que aunque ya de por sí más que notorias, crecen día tras día. Debajo de la brillante fachada de acero y cristal de Nueva York hay más de un problema. He aquí la razón de la victoria. El programa político de Mamdami se centraba en controlar por ley los alquileres, transporte público gratuito, guarderías de la misma condición, asimismo la creación de una cadena de supermercados públicos con márgenes de ganancias reducidos. Todo financiado con un aumento de la presión fiscal con especial incidencia en las rentas altas. En suma, un programa de corte social, retocado con derechos LGTB y controvertidas pero políticamente rentables declaraciones acerca de peliagudos temas como el fascismo, Trump o Palestina. Limpiando de polvo y paja la situación, lo resultante es lo siguiente: Mamdani ha ganado las elecciones de forma legítima, es sin duda un político que habla convencido de las palabras que pronuncia y de las ideas que defiende, y eso es lo único que debe importar a la hora de valorar la legitimidad de unas elecciones. Que su legislatura sea más o menos beneficiosa para Nueva York, al igual que la viabilidad de sus políticas queda relegado a lo que ocurra en el futuro, (a no ser que contemos con una bola de cristal). Como guinda, cuando se reunieron Trump y Mamdami en el despacho oval, la peculiar reacción de ambos líderes, ante la pregunta de una periodista, acerca de las declaraciones de Zohran en las que él afirmaba que Donald Trump era un fascista. Y Trump, lejos de enfadarse, sencillamente le dijo (y muy animadamente) que contestase sin reparos. En suma, una interacción sorpresivamente respetuosa, también, pacífica entre 2 políticos pertenecientes a ideologías diametralmente opuestas. Simple y llanamente: un milagro en tiempos tan convulsos y polarizados. Ojalá que a este lado del Atlántico pudiésemos disfrutar también de políticos que, sin ser santos, estén a la altura de las circunstancias. Ojalá. Menos mal que soñar es gratis. Mario Maldonado Jaramillo – 1ºBTO
Los problemas de una nueva política

Estados Unidos es un país creado por inmigrantes. Fueron los colonos ingleses quienes, expulsando a los nativos y matándolos, crearon las Trece Colonias, y a partir de ellas fundaron el país que conocemos hoy en día. Irónicamente, ahora, uno de los principales objetivos del Gobierno es expulsar a los inmigrantes, que esta vez solo buscan una mejor vida. La deportación masiva de inmigrantes en Estados Unidos fue propuesta e iniciada durante la segunda presidencia de Donald Trump. Este planteó usar la agencia federal ICE para deportar a, al menos, 11 millones de inmigrantes en situación irregular. Las cifras de deportaciones entre enero de 2025 y junio del mismo año son de 6.397 personas deportadas. Podrás pensar: «Es normal, son criminales» Sin embargo, los datos publicados por el gobierno americano indican que los inmigrantes sin antecedentes penales son los más numerosos en ICE (Servicio de control de aduanas estadounidense). Es más, hay fuentes que señalan que este grupo sin antecedentes compone el 70% de los detenidos. La detención de gente trabajadora e inocente no es el único problema que tiene esta nueva política. Las redadas antimigratorias también rompen familias con niños pequeños, una acción desalmada. Un ejemplo son los niños de seis y nueve años que, una noche de este septiembre, fueron arrebatados de su madre y único pariente, a la que deportaron. El CNN de Estados Unidos identificó a más de 100 niños de recién nacidos hasta adolescentes, que quedaron varados sin padres por culpa de las redadas. Yo me pregunto: ¿es necesario hacer una redada a la salida de una graduación de primaria? Para Donald Trump parece que sí, y ¿dónde van los detenidos aún no deportados? Pues a centros de concentración camuflados con el nomore de centros de detención migratoria. Uno de ellos es conocido como Alligator Alcatraz. Este obtiene su nombre por su localización en medio de una zona repleta de caimanes. Cientos de personas detenidas en este centro han «desaparecido» La base de datos del servicio de Control de Inmigración y Aduanas no los muestra, y sus familias y abogados no logran dar con su paradero. Iván González – 1ºBTO
El precio de ser invisible

Una mochila abandonada. Un asiento vacío. Un colegio en silencio. Un nombre que duele: Sandra Peña, 14 años, Sevilla. Una adolescente que decidió quitarse la vida después de sufrir bullying por parte de sus compañeras. Su madre pidió ayuda. Insistió una y otra vez al colegio pero el protocolo nunca se activó. Mientras ella sufría, el tiempo pasaba. El mundo miraba, nadie escuchaba, y el dolor crecía hasta volverse insoportable. Sandra empezó a desear ser invisible y desaparecer para dejar de sentir ese dolor. Este caso no es el único, y ahí está el verdadero problema. El año pasado en Carabanchel, en el Instituto Franciaco Ayala, ocurrió algo parecido con un adolescente con autismo. Esto muestra que no es un caso aislado, sino un problema real que puede estar presente en cualquier aula, edad y en cualquier rincón. Algo todavía más importante son los agresores. Muchas veces se asocia ese papel únicamente con los niños, pero no siempre es así: también son niñas quienes acosan, hieren y humillan. El acoso no es una broma, no es «cosa de niños». Es un ataque verbal, físico, psicológico constante que destruye poco a poco la autoestima de la víctima hasta hacerla sentir insuficiente, hasta convencerla de que su vida no vale nada. Lo peor no es eso, sino la sensación de estar solo mientras el resto mira y se calla. Si tú también te callas, eres igual de culpable. Existen leyes y protocolos contra el acoso escolar pero ¿de qué sirven si no se aplican a tiempo? Las normas son papel mojado si profesores, alumnos o el propio centro no actúan cuando ven señales. Cuando el sistema falla, la víctima queda desprotegida y el dolor acaba siendo mortal. ¿Y los agresores? Sí, son adolescentes, pero eso no les da derecho a destruir a otros. No basta con una expulsión, ya que lo toman como tiempo libre, un parte, un papel más y así con todo. Es necesario ponernos en esa mochila abandonada, en ese asiento vacío, en ese nombre que duele. Porque el verdadero problema no es solo quien agrede, insulta o humilla, sino también quien calla, quien mira y no actúa. Los compañeros que observan y no intervienen, los profesores que no nacen caso, los centros que ignoran y los adultos que no escuchan son parte del mismo daño. No basta con sentir pena después; hay que actuar antes. Es necesario que entiendan lo que han hecho y provocado y que asuman su responsabilidad, porque el silencio no protege, destruye mientras sigamos mirando hacia otro lado, seguirán apareciendo mochilas abandonadas y asientos vacíos en nuestras aulas. Cada uno de esos vacíos será el reflejo de lo que como sociedad no quisimos ver. Laura Ortega Rebollo – 1ª BTO
Estados Unidos se ha equivocado apoyando el mayor genocidio del siglo

Niños asesinados, cadáveres bajo los escombros, familias destrozadas, personas mutiladas y un país completamente destrozado, ¿y para qué? ¿Para construir el nuevo Arabia Saudí? Ese es el magnífico plan de Donald Trump para el futuro de Gaza. Para ello ha estado retrasando el fin del conflicto con sus vetos en la ONU. Esta situación sociopolítica en la que se encuentra Israel gracias a Estados Unidos es un problema actual y aún más a futuro. Middle East Riviera fue el nombre que le dio el presidente de los Estados Unidos a este desalmado proyecto. Esta idea vio la luz en febrero de 2025 durante una rueda de prensa conjunta con el presidente de Israel, Benjamin Netanyahu. Trump incluso generó un surrealista vídeo con inteligencia artificial sobre lo que podría ser Gaza en algunos años y lo compartió en sus redes sociales. Esta noticia no tardó en viralizarse y fue duramente criticada alrededor de todo el mundo. A su vez, en esa misma rueda de prensa lanzó una amenaza a Palestina insinuando que Estados Unidos podría tomar el control de la Franja reubicando a más de dos millones de personas, cosa que beneficiaría enormemente a Israel y resultaría aún más deshumanizante de lo que ya lo es la guerra. Hablando de las ayudas estadounidenses a Israel existen tanto económicas como políticas. Estados Unidos lleva años encargándose de que a su protegido no le falte de nada. Durante el mandato de Biden se aprobaron 17.900 millones de dólares para armar hasta los dientes a Israel. Por si fuera poco, llega Trump con la guerra aún en curso y aprueba una ayuda fulminante de 20 millones de dólares en materiales militares. Estas ayudas económicas solo han servido para seguir echando gasolina a una cruel guerra que parece no tener fin. Igualmente, Israel se ha visto protegidísimo ante cualquier medio internacional. En varias declaraciones de miembros de la ONU como la del presidente, Denis Francis, se ha dicho que el Consejo de Seguridad es incapaz de lidiar con las fuerzas internacionales. Todo esto es debido a los injustos y determinantes vetos de Estados Unidos. Vergonzosamente, Estados Unidos ha sido el único en contra frente a otros 14 países a favor de seis posibles medidas ante el conflicto. ¿Está bien que un único país tenga tantísimo poder? El simple hecho de que Estados Unidos, por intereses propios, anule cualquier solución para ayudar a acabar con las guerras actuales es bochornoso. Esos vetos que se dieron tras la Segunda Guerra Mundial deben acabarse ya, para así conseguir finalmente una verdadera democracia internacional. Los encargados de que esto suceda son el resto de países, principalmente la Unión Europea, a ser uno de los colectivos más fuertes, pero con la pasividad que lleva, si no cambian va a resultar imposible. El ingreso económico que ha ido recibiendo Israel durante la guerra debe ser castigado por el simple hecho de ayudar a continuar esta deshumanizante masacre. Estados Unidos se ha equivocado apoyando el mayor genocidio del siglo por mirar por sí mismo, pero el resto del mundo ha sido quien ha permitido que esto suceda, y es vergonzoso por ambas partes. Ese egoísmo ha sentenciado la vida de miles de personas. El abuso de poder existente por parte de algunos países es algo que debe terminar ya para así lograr un mundo más seguro para todos en todas partes, sin importar quién seas o de dónde vengas. Así que ya basta de mirar para otro lado y empezar a actuar para lograr la verdadera igualdad política. Alonso Loriente – 1ºBTO
Una herida al patrimonio y la confianza

Recientemente, se ha producido un robo que parece extraído de una película y recuerda a los golpes de ficción de Arsène Lupin. El domingo 19 de octubre de 2025, cuatro asaltantes accedieron al Louvre por la fachada del Sena a través de una escalera mecanizada en la avenida François Mitterand. En tan solo 7 minutos se adentraron en la galería Apolo, rompieron las vitrinas con una radial y robaron las nueve joyas de la corona. El Museo del Louvre es el más visitado y seguro de todo Francia. Según afirma el Ministro de Cultura, el golpe fue “rápido y brutal». Cinco presentes en la sala activaron rápidamente el protocolo de seguridad: llamar a las fuerzas del orden y evacuar la zona. El fiscal detalló que las alarmas funcionaron pero que «o los agentes no las escucharon o no sonaron en la Galería» lo que muestra una gran falta de seguridad. Además, la alarma sonó a las 9:37 y a las 9:38 los ladrones habían abandonado el lugar. Por si fuera poco, el Sindicato CGT denuncia desde hace años la falta de personal y agentes de seguridad. Según esto, ¿se debería aumentar la seguridad o ha sido un error puntual? No es el primer robo que sucede, ya que, una de las obras más famosas, La Gioconda, fue robada por un exempleado. Por lo que no ha sido un error puntual. Más allá del valor económico, estimado en decenas de millones de euros, las nueve joyas forman parte del patrimonio e historia de Francia. Estas coronas no eran simples adornos sino símbolos de una historia que lleva estando presente en Francia durante décadas. Su pérdida supone una herida al patrimonio francés. Este caso deja al descubierto que, a pesar de que vivimos rodeados de tecnología y vigilancia, una cosa tan simple, como el acceso por una ventana en obras, es fácil de conseguir, lo cual apunta a que ha sido más que una casualidad. Este robo debe servir como advertencia global, que demuestra que, aunque vivamos en una época llena de avances y seguridad. Seguimos siendo vulnerables ante cualquier cosa. No trata solo de perder joyas, sino de perder parte de la historia francesa. Rafael Muñoz-Pacheco. 1ºBTO
De la esperanza al destierro

Hace poco se di una situación espeluznante en un juzgado de Estados Unidos, no es la primera. Un niño de cuatro años sentado solo, nervioso, temblando ante un juez, eso fue lo que pasó. «¿Estás un poco nervioso, verdad?» preguntó la autoridad. «Sí», respondió el niño con un nudo en la garganta cuando la respuesta era obvia. Miedo, abandono, soledad, eso era lo que sintió ese niño tras la deportación de sus padres y solo en aquel juzgado. Diminuto, como una hormiga en un mundo de gigantes, así debió sentirse ese obre niño. ¿Te imaginas ir en busca de una vida mejor y volver a los principios? La deportación de inmigrantes, sobre todo de personas latinas en Estados Unidos, es una injusticia que viola los derechos humanos y el debido proceso legal. En muchas ocasiones, estas personas son expulsadas sin tener la oportunidad de defenderse ante un juez ni de explicar sus circunstancias. Este problema está empezando a generar graves repercusiones sociales y económicas en el país. Miles de seres humanos migran con la esperanza de encontrar seguridad, trabajo y una vida digna. La mayoría huye de la pobreza, la violencia o la persecución por pensar diferente, como es el caso de muchos venezolanos, hondureños, cubanos o mexicanos. Son devueltos a condiciones de vida inhumanas, donde predomina el miedo, la inseguridad, el sufrimiento y la falta de libertades. Una decisión que pone en riesgo su vida y se les niega la posibilidad de construir un futuro mejor, no solo para ellos, sino también para sus hijos. Además, son precisamente muchos de ellos los que sostienen con su esfuerzo gran parte de la economía estadounidense. Trabajan en la agricultura bajo el sol, en los campos que luego alimentan al país, limpian calles, casas y oficinas para mantener las ciudades en buen estado, cuidan niños y ancianos con mucho cariño y paciencia , como si fueran su propia familia. Son los primeros en levantarse y los últimos en descansar. Sin embargo, su trabajo, aunque es esencial, pocas veces es valorado o reconocido. Es irónico pensar que un país tan desarrollado se apoye en las manos de aquellos que rechazan. Y no solo eso, entre los soldados que defienden la bandera estadounidense hay miles de latinos que arriesgan su vida en guerras que no son suyas. Jóvenes, que con tan solo veinte años, dejan atrás su familia por defender una nación que les discrimina. Muchos de ellos lo hacen con la esperanza de obtener un futuro mejor o la posibilidad de quedarse en el país que consideran su hogar. Algunos han muerto en combate sin recibir el reconocimiento que merecían, y aun así su sacrificio sigue siendo ignorado por un sistema que les da la espalda. Todo ser humano tiene derecho a quedarse, a ser escuchado y tratado con dignidad. No es justo llamarlos «ilegales» cuando lo único que buscan es una oportunidad para vivir en paz. Tal vez, en lugar de perseguir a quienes solo quieren trabajar y aportar, habría que prestar más atención a quienes verdaderamente incumplen las leyes, sin importar su nacionalidad y de dónde vengan. Porque nadie es ilegal por intentar sobrevivir, porque detrás de cada inmigrante hay una historia y una esperanza que merecen ser respetadas, y ningún muro ni frontera debería ser más fuerte que la humanidad que todos compartimos. Y a ese niño, nervioso y aterrado en el juzgado, sin poder recurrir a nadie, le hubiera venido bien un poco de esa humanidad. Jimena García Baño – 1º BTO
