Peseta Street Journal

Nos gusta creer que nadie nos dice qué pensar, que nuestras opiniones nacen de la reflexión personal y de decisiones propias. Sin embargo, basta abrir el móvil para empezar a opinar con una seguridad que no siempre procede del pensamiento crítico, sino de lo que vemos repetido una y otra vez. La política ya no se discute solo en parlamentos o en casa, sino entre memes, vídeos virales y comentarios cargados de rabia. En lugar de analizar,  reaccionamos, y en lugar de comprender, repetimos. En medio de este ruido permanente, la opinión política se vuelve frágil y dividida. La desconfianza crece cada vez más, y pensar por uno mismo parece cada día más complicado, casi como un acto de resistencia.

La última encuesta sobre tendencias sociales elaborada por el CIS muestra el creciente peso de las redes  sobre opinión política, siendo estas el principal factor influyente en el voto del 30,4% de la población española, situándose incluso por encima de la televisión y la opinión de amigos y familiares. La misma encuesta muestra que el 57,6% están muy interesados en la política. Entonces, se plantea una pregunta: si hay tanto interés, ¿las principales fuentes de información no deberían ser otras? Al igual que se plantea esto, es importante tener en cuenta que sí hay medios fiables en las redes sociales como periódicos o canales de noticias, pero todos sabemos que no hay muchos jóvenes que sigan a RTVE o a Antena 3 en sus redes sociales, sino mayoritariamente a divulgadores que crean contenido sobre política en cualquier caso.

Los discursos políticos transmitidos en general por estos divulgadores son de odio, o muy críticos. Este tipo de discursos aumentan la polarización y la discriminación entre votantes de distintos partidos, además de favorecer estereotipos negativos y dificultar un diálogo respetuoso. Además, los algoritmos de las plataformas controlan qué información te aparece en tu perfil, mostrando principalmente contenidos acordes a tus preferencias previas. Como consecuencia, nos encontramos expuesto a un solo punto de vista, el que el sistema nos recomienda, lo que limita el pensamiento crítico y refuerza opiniones ya existentes sin la oportunidad de contrastar información debidamente.

Otro de los muchos peligros es la fácil difusión de bulos y noticias falsas. Sobre esto se pueden ver ejemplos de hace poco, relacionados con las tragedia ferroviaria ocurrida en Córdoba, tragedia aprovechada por el conocido divulgador Vito Quiles para hacer campaña política y mente sobre una supuesta concesión de dinero del gobierno destinado a comercios ferroviarios con Marruecos y Uzbekistán. La concesión de dinero es real, pero son créditos reembolsables que se tienen que devolver antes de 2027, y que además, promueven el desarrollo de la industria ferroviaria española en el extranjero. ¿Qué pasa con esto?, que como este bulo hay otros cientos, y al final la gente conforma su opinión política en base a noticias que ni siquiera son verdad. Y el problema es este, que a base de tantos bulos y aprovechando la desinformación, estos partidos salen ganando. 

El entorno digital actual está promoviendo una opinión pública que prioriza la validación social y la simplificación de mensajes, distanciándose del análisis crítico de la información. Si esta tendencia, donde la polarización y la desinformación son recompensadas con mayor visibilidad y adhesión política continúa, el riesgo es el debilitamiento de una ciudadanía informada capaz de tomar decisiones electorales en lo objetivo. Es muy importante el cambio de esta tendencia que nos está llevando hacia la irracionalidad política influenciada e inducida por el entorno digital.

Estela Fructuoso – 1º BTO