Peseta Street Journal

Inmigrante. Socialista. Musulmán. La impurísima trinidad, según algunos enconados detractores, que hoy dirime el destino de la ciudad de Nueva York. Un nombre: Zohran Mamdani (34 años), que ha sacudido el tablero de la política, de forma tremenda.

Dio, sin duda alguna, el sorpasso por antonomasia en las elecciones a la alcaldía de Nueva York, en noviembre de este año, imponiéndose Mamdani (con el partido demócrata) a los candidatos independientes y a los republicanos de forma indiscutible, cosechando con ellos algo más del 50% de los votos. 

Y así, se aparecía la pregunta: ¿Cómo? ¿Cómo es posible la elección de un alcalde así en la Ciudad, en teoría, más compleja del mundo, la más rica de todo el orbe, elija tal alcalde? No hay más que mirar en las entrañas de la meca del capitalismo. 

Una mezcla étnica y religiosa que no puede ni debe ignorarse, el precio de la vivienda disparado, más aún si hablamos de alquileres, parejo va el coste de vida (alimentos, el transporte público inclusive), unas diferencias en cuanto a la distribución de la renta que aunque ya de por sí más que notorias, crecen día tras día. Debajo de la brillante fachada  de acero y cristal de Nueva York hay más de un problema.

He aquí la razón de la victoria. El programa político de Mamdami se centraba en controlar por ley los alquileres, transporte público gratuito, guarderías de la misma condición, asimismo la creación de una cadena de supermercados públicos con márgenes de ganancias reducidos. Todo financiado con un aumento de la presión fiscal con especial incidencia en las rentas altas. En suma, un programa de corte social, retocado con derechos LGTB y controvertidas pero políticamente rentables declaraciones acerca de peliagudos temas como el fascismo, Trump o Palestina.

Limpiando de polvo y paja la situación, lo resultante es lo siguiente: Mamdani ha ganado las elecciones de forma legítima, es sin duda un político que habla convencido de las palabras que pronuncia y de las ideas que defiende, y eso es lo único que debe importar a la hora de valorar la legitimidad de unas elecciones. Que su legislatura sea más o menos beneficiosa para Nueva York, al igual que la viabilidad de sus políticas queda relegado a lo que ocurra en el futuro, (a no ser que contemos con una bola de cristal).

Como guinda, cuando se reunieron Trump y Mamdami en el despacho oval, la peculiar reacción de ambos líderes, ante la pregunta de una periodista, acerca de las declaraciones de Zohran en las que él afirmaba que Donald Trump era un fascista. Y Trump, lejos de enfadarse, sencillamente le dijo (y muy animadamente) que contestase sin reparos. 

En suma, una interacción sorpresivamente respetuosa, también, pacífica entre 2 políticos pertenecientes a ideologías diametralmente opuestas. Simple y llanamente: un milagro en tiempos tan convulsos y polarizados.

Ojalá que a este lado del Atlántico pudiésemos disfrutar también de políticos que, sin ser santos, estén a la altura de las circunstancias. Ojalá. Menos mal que soñar es gratis.

 

Mario Maldonado Jaramillo – 1ºBTO