Peseta Street Journal

Los convulsos balcanes nos han dejado, a lo largo de los tiempos, cruentos hitos que marcaron y marcan la historia. En plena Guerra de Bosnia, el asedio a la ciudad de Sarajevo fue, por desgracia, otro remarcable suceso. Aquel asedio nos dejó muchas imágenes difíciles, aunque ninguna tan perturbadora como la figura de un francotirador disparando contra civiles: indefensos, desarmados, se exponían a la muerte cuando estos debían, inexorablemente, cruzar una avenida. A modo de amargo recuerdo aquella calle sería renombrada popularmente como avenida de los francotiradores

Durante años se ha asumido que aquella violencia, si bien inmoral a la par que innecesariamente cruel, respondía exclusivamente a la despiadada lógica militar. Una guerra brutal, sin duda, pero una guerra a fin de cuentas. Sin embargo, a tenor de recientes informaciones, es obligado el replantearse aquellos sucesos hacia una versión de los hechos sumamente más incómoda.

Y es que diversas investigaciones periodísticas, junto a testimonios judiciales han sacado a relucir en estos últimos tiempos que no todos aquellos francotiradores eran militares serbios. Existe una muy verosímil posibilidad de que hubiese personas que pagaron por participar como francotiradores. Ir de montería. Pero las piezas eran civiles bosnios. Escandaloso.

Ya no hablamos únicamente de la guerra y sus atrocidades, ni siquiera de un ferviente fanatismo ideológico que explique tamaña miserabilidad. Hablamos de individuos que tornaron el sufrimiento ajeno en una mera actividad recreativa, por la cual merecía la pena desembolsar escandalosas cifras de dinero. 

En contienda solemos atribuir la culpa al otro, el enemigo, al cual pintamos como rastrero, traidor, sucio… el malo de la película. Nos resulta así a los humanos mucho más sencillo cometer tamañas atrocidades enarbolando como bandera un sistema, una ideología, un líder, un dios… o quizás solo la propia bandera con tal de justificar nuestras acciones.. Solo que esta vez ni siquiera hubo atisbo de justificación. Aunque tampoco lo hace más o menos atroz. Cómo justificar asesinar inocentes sea cual sea el motivo. Fue asesinar. Y pagar por hacerlo.

La comunidad internacional llegó tarde, como otras tantas veces. Pero llegó. Aunque han hecho falta muchos años (demasiados) antes de comenzar siquiera a depurar responsabilidades.

Puede que los francotiradores de Sarajevo solo disparasen balas. Pero demostraron sin quererlo 2 cosas: Primero que incluso en el conflicto deben, en el más alto de los imperativos, existir límites. Líneas rojas. En segunda instancia, que la guerra es un acto estéril para las sociedades, pero lucrativo para selectos individuos. Muchas veces se resume en negocio, ya sea pagando por hacer de francotirador, o vendiendo las balas mismas. 

Porque quién es más culpable. ¿El que aprieta el gatillo, el que se embolsa una fortuna con el armamento o el que provocó el enfrentamiento? Todo se resume en una simple pregunta: ¿Cuánto vale una vida? Dejo la respuesta a elección del lector.