La última llave

En estos momentos estoy corriendo a una velocidad que ni yo imaginaba qué pudiese correr. Por detrás dos figuras altas e imponentes me perseguían con rostros sombríos. Me dirijo hacia la Biblioteca Classense de Ravenna, allí encontraré todas las respuestas qué busco. Miro atrás y me percato de que las figuras están cada vez más cerca de mí. Cinco metros, tres metros… Tres días antes en el aeropuerto de Roma mi móvil sonó, un número con un prefijo estadounidense que nunca antes había visto. Estuve a punto de no cogerlo pero al final me convencí de que al menos podría escuchar las primeras palabras de la conversación. Cuando contesté, una voz profunda y pausada con un fuerte acento de la costa oeste me saludó. -¿Es usted Marco Ricci?- -¿Quién lo pregunta?- respondí desconfiado. -Mi nombre no importa. Lo que importa es que he encontrado algo…algo que podría cambiarlo todo. Un manuscrito antiguo, olvidado en las bóvedas de una biblioteca, escrito en una lengua que pocos entienden. Creo que usted puede ayudarme a descifrarlo. Estuve a punto de colgar, sonaba una de esas historias que solo buscan robar tu tiempo o tu dinero. Pero entonces la voz pronuncio un nombre que me dejó helado. -La biblioteca Classense de Ravenna tiene lo que buscas.- Ese nombre me resultaba inquietantemente familiar. Sabía que en esa biblioteca se guardaban textos prohibidos, historias antiguas y secretos que nunca tomé en serio… hasta ahora. -¿Cómo consiguió este número?- pregunté con voz trémula. Hubo un breve silencio y luego la voz respondió: -Sabemos más de lo que crees. Ravenna, dos días. No falte. La llamada se cortó antes de que pudiera reaccionar, y me quedé mirando el móvil sin comprender lo que acababa de ocurrir. Esa misma noche, en una pequeña cafetería cerca del Panteón en Roma, revisaba algunos libros de historia y notas, intentando encontrarle el sentido a la llamada. Fue entonces cuando una figura encapuchada se sentó frente a mí sin decir nada dejando sobre la mesa un sobre de cuero desgastado, sellado con cera roja. Inmediatamente después la figura desapareció en la penumbra. Con curiosidad y con una creciente sensación de peligro, abrí el sobre y encontré un fragmento de un pergamino antiguo con letras enigmáticas. Estaba escrito en una lengua que nunca había visto y, sorprendentemente, el pergamino parecía irradiar un suave calor. En el borde había una inscripción casi ilegible pero lograba distinguir una palabra: “Classense”. Fue ese fragmento, ese pedazo de misterio en mis manos, el que me condujo hasta Ravenna, como si el pergamino tuviese vida propia. Y ahora mientras corro hacía la biblioteca con las figuras pisándome los talones, aprieto el fragmento en mi bolsillo. Finalmente alcanzó las grandes puertas y sin detenerme a admirarlas, las empujo con todas mis fuerzas. El aire denso y frío del interior me envuelve, y mis pasos resuenan en la penumbra entre estantes antiguos. No hay nadie, miro a mi alrededor y me percato que hay dos antiquísimos globos terráqueos pero no puedo detenerme. ¿Dónde está la persona que debía esperarme? Las sombras parecen alargarse a mi alrededor, el eco de mi respiración es lo único que escucho mientras trato de detener el ritmo frenético de mi corazón. Las figuras han entrado también, avanzan despacio como si supieran que ya no tengo escapatoria, que ya nada puede salvarme. Desesperado saco el fragmento del pergamino del bolsillo, preguntándome qué habría pasado si nunca hubiera cogido el teléfono. Examino el fragmento con cuidado y me percato de que las letras se están moviendo por la superficie del papel como intentando decirme algo. Entonces lo siento, algo detrás de mí. Me doy la vuelta y me encuentro cara a cara con un anciano mirándome con un rostro severo. -Has venido- dice con una voz profunda- Has traído lo que nunca debiste tocar- Intento explicarle que yo no quería coger el pergamino, que vino a mí como un imán. Pero en cambio señalo a las figuras y murmuro: -Ellos lo quieren- El anciano asiente sin mostrar sorpresa alguna. -Lo sé. Tú no eres al único al que han perseguido pero si te acercas a esas puertas quizás seas el último. Miro hacia donde ha señalado y me percato de que hay unas puertas de madera oscura con unos símbolos que parecen brillar débilmente. -Marco, el pergamino que tienes solo es una parte de la verdad, la clave para entenderlo todo está detrás de esa puerta. Es tu decisión si quieres entrar o no pero si decides pasar ya no habrá marcha atrás- me dice el anciano. Me he quedado en blanco, no sé si debería entrar. Puede ser qué no regrese o si lo hago puede que esté muy cambiado. No sé qué hacer pero el tiempo apremia. Unos segundos después me decido. Si no entro puede que esta decisión la tenga que hacer otro. Si tú no puedes cargar un peso sobre tus hombros no lo debería cargar otra persona. -Entraré- le respondo al anciano. Él me mira con una cara que no soy capaz de interpretar. Inmediatamente después abre una de las dos grandes puertas. En ese momento los grabados del pergamino empiezan a refulgir y me impulsan hacia delante, hacia la sala. Echo un vistazo dentro de la habitación y veo que hay un gran tomo con las páginas descoloridas por el tiempo. Coloco el pergamino dentro del libro y sus caracteres se traducen al italiano. Por fin entiendo lo que quería decir el anciano. Todo lo que creía que era cierto o daba por sentado ya no es lo que parece. Este pergamino explica los grandes misterios a los que la humanidad se ha enfrentado han quedado resueltos ante mis ojos, pero no solo veo eso. Hay una presencia que quiere entrar a lo que todos nosotros, las personas llamamos hogar. -No- gritó horrorizado. El anciano me mira con la cara pintada de compresión. Por fin sé lo que planeaba el hombre. Yo no solo soy el que le ha traído el
Mi diario. Madame C.J Walker

5 de julio 1881 Hoy es el día de mi boda. Me caso con un hombre llamado Moises McWilliams. Aunque no esté enamorada de él, sea muy feo y no quiera tener un matrimonio, hago lo que sea con tal de dejar de recibir los abusos del mal nacido de mi cuñado, el señor Powell. 6 de junio de 1885 ¡Ha sido hoy! ¡Hoy ha nacido mi pequeña Leila! Estoy muy feliz. Es la niña más guapa del mundo. La voy a cuidar y a enseñar todo lo necesario y voy a hacer que tenga una vida feliz, y no voy a permitir que le pase lo mismo que a mí, no se va ha quedar huérfana. 30 de diciembre de 1887 Ayer me mudé a Saint Louis debido a que necesito más dinero para mantener a mi hija. Me han dado un trabajo en una lavandería, donde cobraré un dólar cincuenta y cinco centavos al día. Voy a esforzarme mucho para que mi hija pueda ir a la escuela, pero mientras tanto iré todas las noches a la Iglesia para poder aprender. 1 de febrero de 1888 Estoy cansada de que se me caiga todo el rato el pelo, no puedo más. La semana pasada, visité a mi hermano, el barbero, y me enseñó productos para tratar el cabello, pero yo no me los puedo permitir, así que decidí experimentar, y empecé a mezclar productos y tratamientos pero nada… Un momento, ¿y si pudiera crear un tratamiento capilar especial para los afroamericanos? Eso sería fantástico. Mañana visitaré de nuevo a mi hermano y le preguntaré. 7 de agosto de 1905 Mis productos han sido un éxito, todos lo quieren comprar. De hecho, en unos días me mudo a Denver, Colorado, para seguir vendiendo mis productos allí. Gracias a esto, mi hija está teniendo una buena educación y un gran ejemplo a seguir. 19 de septiembre 1906 Si, lo vuelvo a escribir. Hoy es el día de mi boda, ya es la tercera y sé que esta es la definitiva. He encontrado al mejor hombre del mundo, Charles Joseph Walker, un hombre, que además de ser muy familiar y amoroso, es un publicitario y le ha encantado mi negocio de los productos, incluso me ha ofrecido su ayuda. De hecho, me ha propuesto una idea maravillosa: cambiar el nombre de los productos a Madame C.J Walker, para hacerlos más atractivos. 23 de marzo de 1907 Después de llevar un año viajando por todos lados y haciendo demostraciones de mi fórmula de cuidado capilar hecha en casa (además de peines calientes y una fórmula especial del cepillado para estimular el crecimiento del cabello), se han vuelto tan famosas que hasta he comenzado a contratar a otras mujeres para promover los productos, he incluso se han puesto un nombre “ Las agentes Walker”, me encanta. 7 de enero de 1908 Hoy nos mudamos a Pittsburg, Pensilvania, donde me han dado permiso para abrir un salón de belleza, el cual lo llamaremos “Leila College” . Allí, empezaremos a establecer el “Sistema Walker”, que consistirá en tener una licencia como agente de ventas y emisiones bien pagadas. 27 de mayo de 1919 Escribe ALeila Walker. Hace dos días que mi madre ya no está con nosotros. No sé qué escribir, la echo mucho de menos. He tomado el mando de la empresa, pero sé que no va ha ser lo mismo. Mi madre ha sido un ejemplo a seguir de muchas mujeres de raza negra, y ha sido la primera mujer negra en ser millonaria por sus propios medios, además de ser una filantróloga. Era la mujer más cariñosa del mundo. Estoy muy orgullosa de ella, y sé que en un futuro será muy conocida, ojalá ser como ella. Leire Alba – 2ºESO
El secreto del bosque

Era una soleada mañana de verano cuando un grupo de amigos llamados Martina, Álvaro, Carla y Marcos estaban deseando que llegase la tarde ya que habían quedado para irse a explorar un bosque que había cerca de su pueblo al que nunca habían ido. A medida que pasaban las horas y ya iba llegando el momento de dirigirse al parque, donde habían quedado todos ellos iban preparando una mochila con elementos básicos como: agua, comida, linternas, juegos,… Cuando ya estaban todos en el parque preparados, decidieron partir hacia el bosque. Tras media hora caminando todos estaban muy cansados pero lo bueno es que también estaban muy emocionados por llegar ya y empezar a explorar. Pero antes de adentrarse al bosque, Marcos les preguntó a sus amigos a qué hora tenían que estar en casa. Y es que si llegaban tarde, sus padres les iban a regañar. Todos respondieron que tenían que estar a las 21:00 de la noche, pero lo que pasaba es que habían llegado a las 19:30 y así no les iba a dar tiempo a llegar. Luego Martina exclamó enfadada que tenían que ir ya a casa porque si no sus padres la iban a regañar. Pero todos con un aire de calma le contestaron a ella que se relajara ya que les iba a dar tiempo de sobra. Luego ella un poco angustiada aceptó pero todavía no estaba de acuerdo. Después, de camino por el bosque de repente todos vieron una casa muy curiosa, era una cabaña de madera muy pequeña, entonces decidieron entrar y empezar a explorar. Dentro de ella, había lo típico de cualquier cabaña normal, la única diferencia es que la ropa que había en el cuarto era muy pequeña y contenía una “L” bordada en todos los lados de las prendas y los muebles estaban llenos de juguetes. Luego todos exclamaron que la cabaña era de una niña ya que todas las cosas eran pequeñas… Ya eran las 20:30 y ya habían decidido volver hacia el pueblo, lo que pasaba es que iban hablando y no se estaban dando cuenta de que en vez de ir saliendo del bosque se estaban adentrando más y yendo por el camino equivocado… Fue ahí cuando llegaron cerca de un río y se dieron cuenta que así no iban a llegar pronto a su casa. Así que de pronto Martina vio una flecha en la tierra con la inicial de la “L” y entonces les exclamó que a lo mejor esas señales les llevarían al pueblo. A todos les gustó esa idea, así que decidieron ir corriendo por todo el bosque siguiendo las señales que había tanto en los árboles como en la tierra. Finalmente, todos estaban agotados ya que habían estado un largo tiempo corriendo pero todos tenían la esperanza en que les faltase poco aunque fuesen las 20:54. Hasta que por fin…Todos se sorprendieron y gritaron al volver a ver el parque de su pueblo. En ese momento a Carla le encajó todo. Ya que la letra “L” coincide tanto en la ropa que había en la cabaña como la que había en la tierra tallada, en ese momento todos supusieron que quien había hecho eso era una niña que vivía en el pueblo y lo mismo esa cabaña era su zona de descanso donde para volver al pueblo utilizaba siempre las señales que ella había hecho. Aunque no lo supiesen verdaderamente, lo que sí sabían es que esa niña les acababa de salvar la vida. Para terminar, todos los amigos con una voz muy fatigada, ya que estaban agotados, se despidieron y todos volvieron a su casa con una alegría y euforia. Además de aprender que en todas las situaciones, tanto como si son malas como si son buenas, siempre va a ver alguna solución. Sara Hernández Alonso – 1º ESO
Bienvenidos a mi cluedo

Me levanté a las 7:30 de la mañana pensando en lo que había pasado. Alguien había sido asesinado y nadie quería hablar, excepto yo. Todo el mundo tenía miedo, pero yo quería que el mundo supiera la verdad. Aunque no sabía cómo iba a poder, porque aquí siempre había ruido y era difícil pensar. Unas horas después empecé a investigar, así que lo primero que hice fue ir a ver cómo estaba la víctima. Resultó ser que todavía no se sabía el motivo de la muerte, simplemente estaba ahí, tirada en el centro del suelo. Llevaba puesta una camiseta azul, unos pantalones marrones y una gorra roja. Aunque había algo más: -Lo hemos identificado, se llamaba Mateo- me dijo el policía. Lo que me pareció raro fue que estaba solo, y eso me hizo pensar en mi primer sospechoso. Después fui a comer a casa y cuando terminé me dirigí a hablar con la hermana de Mateo, Carla. Nos saludamos y le pregunté si últimamente había notado algo raro en Mateo. Me dijo que sí, que los últimos días había estado muy preocupado hablando por el móvil, y que eso era todo. También me dijo que me tenía que contar algo que tenía en la punta de la lengua, pero no se acordaba. Le di las gracias y nos despedimos. No sé por qué a veces me costaba hablar, pero no me importaba. También me dio la sensación de que no me quería contar todo, pero lo entendí porque suponía que estaría afectada. Pero lo que sí que me preocupó fue que tenía algunas arañas como mascota y le faltaba solo una, eso me hizo pensar en un posible motivo de la muerte. Salí de allí muy tarde, así que descansé lo que me quedaba de día en mi casa. Al día siguiente por la tarde, ya que estaba muy cansado, fui a hablar con el mejor amigo de Mateo, Luis. Al principio me cerró la puerta sin siquiera preguntarme quién era o qué quería, lo que me pareció un poco extraño y así pensar en otro posible asesino. Luego conseguí que me abriese e incluso me dejó pasar. Fue una conversación un tanto corta, pero ya me lo suponía: -Buenas tardes- nos dijimos. -Eres el mejor amigo de Mateo, ¿verdad?- le pregunté. -¡Así es!- exclamó Luis. -¿Conoces algún hecho relevante que pueda ayudarme en mi investigación sobre el asesinato?- fue lo siguiente que le pregunté. -La información más relevante que conozco es que había estado hablando mucho con una chica por el móvil que se llama Claudia, pero eso ya te lo dijo Carla, aunque creo que no te dijo con quién.- me dijo. -Muchas gracias- le dije yo. -Hasta otro día- nos despedimos. A continuación fui a ver a Claudia; Luis me dijo que vivía dos casas abajo. Nos saludamos, y le pregunté si era verdad que había estado hablando con él. Me dijo que sí, que había sido porque alguien le había robado un cuchillo y ella estaba convencida de que fue Mateo. Le di las gracias y eso fue lo único que hablamos. Lo que me contó del cuchillo podría ser otra arma, pero si le hubieran asesinado con uno se habría notado. También podría haber sido para despistar. Me fui a mi casa a dormir, pero no pude porque cada cierto tiempo volvían esos ruidos tan molestos que no me dejaban descansar. Toda la noche imaginándome cosas que en realidad no me había contado nadie. Los ruidos seguían, me parecía que había gente hablando y discutiendo aunque parecía que no querían que nadie se enterase. Después conseguí dormir un rato. La mañana siguiente me despertaron unos señores que me sonaban de algo, pero no sabía muy bien de qué. Lo siguiente que me dijeron me costó creerlo: -Sabemos que últimamente estás muy raro, y no sabemos si te pasa algo- me dijeron. -¿Pero dónde estoy?- pregunté yo. -Estás en el centro psiquiátrico de Canadá- me respondieron. No volví a decir nada más, no me salían las palabras. Me dijeron que parecía que estaba investigando un asesinato, pero que en realidad había sido yo. Que yo robé una araña, que yo había escondido un cuchillo. Lo peor es que no me acordaba de nada, pero creo que por eso mismo estaba metido en un sitio de esos en los que nadie quería estar. No era exactamente así como quería que la gente se enterase, pero ya estaba hecho, ya se sabía la verdad. Julia Moya Turrión – 1ºESO
Mi diario. Tina Turner

24 de marzo de 1950: Diario, hoy ha sido un día muy especial, ya que he ido por primera vez a la iglesia bautista de Nutbush Hill. Mi madre quería que saliéramos de casa y que cambiáramos de ambiente, porque mis padres están pasando por una fase de continuas disputas. En cuanto a la iglesia, al escuchar por primera vez su música con esas voces tan dulces, me ha generado mucha alegría y nostalgia. Después de estar un buen rato reflexionando, finalmente he decidido que de mayor quiero dedicarme al mundo de la música, y no me importa cuanto tiempo me lleve, sino que alcance mis sueños. Por eso he decidido empezar este diario, para escribir mis procesos y recordar cada paso que he realizado para cumplir mis sueños. 15 de julio de 1954: Mi querido diario, no puedo más. Cuanto más tiempo pasa, mis padres discuten más. Además, ayer por la noche, mi madre se escapó de casa y no sé cuando volverá. Espero que arreglen las cosas pronto, porque ahora es cuando necesito más ayuda, con la presión del instituto. 2 de diciembre de 1956: Tras el divorcio de mis padres, y que mi padre se volviera a casar y también se fuera de casa, llevo ya tres meses en la casa de mi abuela. Para alegrarnos el día a mi y a mis hermanos, nos ha llevado al Manhattan Club a escuchar a los Kings of Rhythm. Ha sido impresionante, sobre todo me ha atraído la forma en que cantaba y se expresaba Ike Turner, uno de mis cantantes favoritos. 11 de febrero de 1958: Querido diario, estoy muy nerviosa y contenta. Ya sé que han pasado algunos años pero se me olvidó ponerlo el día que fui al Club. Tras acabar la actuación, me acerqué a Ike y le empecé a contar que yo desde hace tiempo había empezado en el mundo de la música y que él era uno de los artistas que más me inspiraban y me animaban para seguir adelante. Le sugerí que si me podía dar una oportunidad para intentar integrarme cómo uno de sus componentes de la banda y formar parte del grupo, ya que tengo los suficientes conocimientos. Finalmente, después de estos dos últimos años, hoy he recibido una carta, en la que ponía que me aceptaba como una de sus coristas. Ahora mismo estoy super contenta y todavía no acabo de creérmelo. 22 de abril de 1962: Diario, como ya sabrás, tras mi exitosa canción “A full in love”, con la que llegué a la fama, tiempo después, Ike y yo nos enamoramos de una forma intensa y cariñosa. Ike es amable, cariñoso, alto, su pelo brillaba cómo un diamante y es el mejor hombre con el que he estado. Hoy, por fin me ha pedido matrimonio y nos casaremos dentro de siete meses. Estoy ansiosa y emocionada, no puedo esperar más. 8 de septiembre de 1981 Mi querido diario, estos últimos años no he estado muy activa por aquí ni por mi vida profesional. Ya hace diecinueve años que Ike y yo nos casamos, pero desde ese momento todo fue a peor. Durante los diez primeros años, todo fue bien: salíamos de viaje, disfrutábamos haciendo música juntos, íbamos a los estrenos de muchas películas, tuvimos un hijo… Pero a partir del año 76 todo fue cuesta abajo. Ike perdió el control con su adicción, y siempre lo pagaba conmigo de forma muy brusca y me trataba bastante mal. Ni siquiera puedo pensar en ello. Fue una etapa muy dura, en la que me entró mucha depresión y toda mi carrera se hundió. Pero hoy en día, después de nuestro divorcio, he tenido tiempo de reflexionar y por fin ya me he recuperado del todo. Por ello, David, un mánager mío, me ha ayudado a retomar mi carrera y ahora todo está yendo a mejor. 31 de mayo de 1986 Estoy demasiado contenta y emocionada. Gracias a la colaboración de mi buen amigo Kurt Loder, hemos publicado mi biografía, en la que cuenta cómo viví mi infancia y cómo con mi propio apoyo y mi motivación llegué a estar en lo alto de la fama. 12 de enero de 2016 Diario, hoy ha sido un día bastante duro para mí y para mi familia. Hoy he ido al médico y desgraciadamente me han diagnosticado cáncer intestinal. Cuando me lo han dicho me he quedado petrificada, todavía creyéndome que eso era un sueño, pero no, es la pura realidad. Estoy un poco confusa y asustada pero a mis setenta y siete años, sé que soy una persona muy fuerte y que va a conseguir superar todo esto. Noelia Benito – 2º ESO
La chica de enfrente

La sensación de angustia que sentía era inexplicable. Las paredes completamente blancas y la luz fría reflejada en ellas creaban un ambiente que me resultaba asfixiante. Parecía como si los muros de aquel pasillo se fueran a desplomar encima de mí, quedando cada vez menos aire entre ellos. Pasamos junto a miles de puertas, o quizá fuesen tan solo decenas, pero cada paso que dábamos veía el final del túnel más lejano. Cuando la mujer que me acompañaba se frenó frente a la puerta, mis pensamientos se dispersaron. Ni siquiera sabía quién era ella. La veía, pero no la miraba. Lo único que me preocupaba en ese momento era lo que me esperaba detrás de esa pieza de madera blanca que me separaba del interior de la sala. Algo me decía que sabía lo que era, o más bien quién era. Al abrirse la puerta, el aire se volvió más denso. Me costaba respirar. No quería estar allí, pero era demasiado tarde. La puerta estaba cerrada y la mujer se había quedado fuera, dejándome sola ante el peligro. Miré por todos lados, pero no vi a quien esperaba, de hecho no vi a nadie, lo que me alivió en cierto modo. Comencé a moverme por la habitación. Era mucho más luminosa e inquietante que el camino hacia ella. Comencé a caminar y a tocar las paredes. Al parecer estaba sola, o eso creía yo. Seguí recorriendo los interminables tabiques. Las preocupaciones comenzaban a difuminarse, aunque no por mucho tiempo. Entonces la vi. Toda esa paz dio lugar a angustia. Se me aceleró el pulso. Me sudaban las manos. Se me inundaban los ojos y no veía bien. No podía ser, no era ella. Me acerqué para asegurarme, y ahí estaba, delante de mí como hace mucho tiempo. Pude ver cómo me miraba de arriba a abajo como solía hacer, yo hice lo mismo. En cuestión de segundos pude notar la diferencia. Estaba distinta, no la recordaba así. Tenía los ojos hinchados y llenos de lágrimas, al igual que yo. Parecía que llevase días sin dormir, el color morado se acumulaba en sus ojeras. Su rostro estaba muy delgado. Se le marcaban los pómulos y la mandíbula. Estaba muy pálida. En el cuello destacaban todos los tendones y sus clavículas descubiertas parecían estar protegidas solo por una fina capa de piel. Sus brazos largos y delgados asemejaban frágiles ramas de árboles. Estaba escuálida. No entendía cómo podía haber cambiado tanto. Ese brillo en sus ojos que yo recordaba se había desvanecido. Era evidente que no estaba atravesando su mejor momento, y nuestro encuentro estaba siendo incómodo para ambas. Estábamos situadas una frente a la otra, de pie pero con el cuerpo caído, como si nos sujetasen unos hilos con la fuerza justa para no caer al suelo. Perdí la noción del tiempo. No sé si pasaron segundos, minutos u horas, pero se me hizo eterno. Las lágrimas ya corrían por mis mejillas, y cuando fui a secarlas ella lo hizo también. Desde entonces, cuando yo hacía algún movimiento ella lo imitaba con exactitud. Si yo abría la boca, ella también la abría. Si yo movía la cabeza, ella también la movía. Cuando ella extendió su brazo hacia mí, el mío hizo lo mismo sin control alguno y el miedo inundó mi cuerpo. Nuestras manos estuvieron a punto de tocarse, pero algo nos lo impidió. Pude ver cómo movía la boca, y por primera vez tuve control de mi propio cuerpo. Consiguió hablar y se me helaron las venas. “Soy tú”, me dijo. No podía ser, esa no era yo. Comencé a temblar del miedo que sentía. Eso era lo único que podía hacer: temblar. Se me doblaron las piernas y me caí al suelo. Me di en la cabeza, pero eso no importaba, no importaba nada más mientras esa chica estuviera ahí conmigo. La habitación comenzó a girar. Las dichosas paredes daban vueltas y vueltas constantemente alrededor de mí, haciéndome sentir la gravedad cada vez más fuerte, presionándome en el pecho. Me sentía frágil, como si mis huesos fueran a romperse contra las frías baldosas. La opción de ser absorbida por el suelo era tentadora con tal de no volver a verla jamás. Luché por levantar la cabeza y pude verla de nuevo. Ahí seguía, pero estaba tirada en el suelo como un trapo, al igual que yo. Me miraba fijamente, y de repente desapareció. Al fin pude ser consciente de dónde estaba. Vi a la doctora apartando el espejo y acercándose a mí después. La oí decir algo, pero no era capaz de entenderla. Sus palabras eran lejanas y difusas. Lo único que podía escuchar era la procesión interna que estaba ocurriendo en mi mente. “Soy tú, soy tú, soy tú”. Las palabras retumbaban en mi cabeza como pelotas descontroladas. Mi acompañante, cuya identidad ya conocía, me ayudó y conseguí sentarme. Cuando comencé a sentir mi cuerpo de nuevo y a controlar mis pensamientos, me di cuenta de la realidad. Aunque la chica había desaparecido, siempre estará dentro de mí. Siempre habrá una parte de mí que le pertenezca, y tendré que aprender a convivir con ella. Por mucho que me duela, tengo que aceptar que yo soy ella y ella soy yo. Victoria Martínez Herrero- 2ºBachillerato
No estamos solos en el universo – Noticia del futuro

El pasado miércoles 31 de marzo de 2110, aterrizó en Estados Unidos la cápsula Anipa V, tripulada por el comandante Tom Jhonson, el piloto del módulo del mando Michael Holland y el piloto del módulo lunar James Collins. Estos aseguran haber descubierto un nuevo mundo habitado en el brazo de Norma. Esta expedición fue creada para explorar la galaxia en busca de un planeta habitable. Tras 1836 días del inicio de su misión, la nave espacial Anipa V, detectó un planeta con una atmósfera similar al de la Tierra. Ante este acontecimiento, el comandante decidió explorar ese planeta. Por el análisis de sus elementos, se confirmó que era habitable, con características parecidas a las de la Tierra. La expedición había dado sus frutos. Después de dos semanas explorando el planeta bautizado como “Última Thule”, descubrieron que había formas de vida avanzadas, aunque al principio les resultó difícil comunicarse con ellos al tener un idioma distinto y al ser un lugar remoto. La descripción que nos proporciona la tripulación sobre “Última Thule” es que se trata de un planeta con mucha vegetación y abundante agua. Además, en su parte Norte , donde reside la población, se encuentran ciudades con una gran tecnología, mientras que en la parte Sur, al tener temperaturas extremadamente variables, se encuentra deshabitada. Según las declaraciones de Tom Jhonson, este nuevo planeta presenta unas nuevas tecnologías que podrían significar un avance importante en la ciencia. Entre las más interesantes, cabe destacar, que en el ADN de una especie animal, se encuentran una células denominadas “Células de la Eterna Juventud”, que hace que los seres humanos envejezcan más lento, lo que revolucionará la medicina, dando la posibilidad de que haya una mayor esperanza de vida. Además, los habitantes de “Última Thule” han desarrollado un sistema en el que se puede comunicar con las plantas a través de las ondas que transmiten al acercar un dispositivo. Esto facilita la comprensión de las necesidades y estados de las plantas, lo que podría transformar la agricultura. Este descubrimiento no solo nos hace saber que no estamos solos en el universo, sino que también supone un gran avance para la humanidad, ya que nos asegura un lugar en caso de que los recursos naturales de la Tierra se agotaran, además de un intercambio cultural, proporcionándonos así nuevas tecnologías que podremos implementar en nuestro día a día, haciendo una vida más fácil. Los científicos esperan ansiosamente el siguiente paso de esta misión, que promete descubrir más secretos sobre este maravilloso mundo y sus habitantes. Nerea Prieto Román – 3ºESO
Él está ahí aún

Cuando fuera interrogado tiempo después sobre ese supuesto viaje, Mikel no dudaría en afirmar que sin duda lo emprendió, pero que por alguna inexplicable razón, era incapaz de recordar nada de este. Ni su duración, ni los lugares que visitó, ni el hotel donde se alojó. Ni un solo detalle. Mikel recordaba haber abandonado su apartamento un tiempo antes y el trayecto hasta el aeropuerto, ya que fue su hermana Diana, a quien adoraba, quien se ofreció a llevarlo. Sin embargo, eso era lo único recordaba de aquel viaje, le era imposible evocar más de él. Lo único que sabía a ciencia cierta en ese preciso instante era que pasaban unos minutos de las siete de la tarde del domingo 7 de abril del 2000 cuando regresó a su vivienda. Esta vez su madre, Sabela, se había ofrecido a llevarle y hablar durante el tiempo que duraría el viaje hasta llegar a 256 Boulevard Avenue, la calle en la cual se encontraba su apartamento. Se despidió de su madre una vez en su destino y seguidamente entró en el ascensor y marcó el número trece, piso en el que se encontraba su hogar. Buscó las llaves y abrió la pesada puerta de madera. Seguidamente, entró junto a su gran maleta de color lavanda repleta de ropa, y una vez en la entrada del apartamento, soltó con alivio el equipaje y se dispuso a levantar las persianas y ventilar la casa, lo cual era necesario tras una temporada cerrada. Sin embargo, una extraña sensación recorría el subconsciente de Mikel tras pasar la puerta del salón, que poseía un gran ventanal con vistas al centro de Nueva York. El joven sentía que algo no estaba donde o como debiera, pero tampoco le dio mucha importancia. Iba avanzando por el pasillo y mirando a cada estancia de la casa sin demasiada atención. A la derecha, el dormitorio principal y el estudio; y a su izquierda, el aseo y el vestidor. El apartamento estaba patas arriba. La cama deshecha, el aseo sucio, las perchas sobre el sofá… Todo estaba como cuando se marchó, que era más o menos tal como había quedado poco antes de que se marchara Abril. Se dirigió a la cocina y se sirvió una copa en el mueble bar. Tras comprobar que no tenía mensajes en el teléfono fijo, aprovechó para llamar a un restaurante italiano y pedir que le mandaran su pizza favorita y unas alitas de pollo. Tras colgar se derrumbó en el amplio y cómodo sofá que había en el comedor frente a la imponente cristalera. Encendió la luz de la lámpara situada al lado del sofá y se asustó. – ¡Madre mía! – exclamó de repente. Frente a él, apenas a cuarenta metros, al otro lado de la calle, vio un majestuoso edificio idéntico al suyo, que desde luego no estaba allí cuando partió de viaje. Y en el piso equivalente al suyo, sentado en un sofá como el suyo , alguien idéntico a él. Un veinteañero infeliz, alto y fuerte, que a lo único a lo que aspiraba en la vida era a encontrar su felicidad sin moverse del sofá. Y a su lado, Abril, una joven deslumbrante abrazada a él. Para descartar la posibilidad de una broma, Mikel se limitó a observar desde casi la totalidad oscuridad de su salón cómo sus imposibles vecinos se fundían en un largo abrazo y alguna que otra muestra de cariño. Pasado un tiempo, sonó el timbre de la puerta, pero no el suyo, porque no lo oyó. En el otro edificio su doble desapareció a través del pasillo y volvió con una pizza y una ración de alitas de pollo. Para confirmar sus sospechas, el veinteañero se levantó del sofá y se dirigió hacia el teléfono fijo. Pulsó el botón de rellamada y se interesó por el estado de su pedido: había sido entregado – le dijeron – hacía breves minutos en la dirección proporcionada de ese número. Una aplastante sensación de irrealidad y sorpresa se adueñó de él. Se sirvió otra copa y volvió al sofá con la esperanza de comprender lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, una creciente oleada de rabia le fue invadiendo poco a poco. Notó que empezó a subirle la temperatura y se tuvo que quitar el suéter color vino que llevaba. ¿Quién era el otro para restregarle lo que él ya había perdido? ¿Qué derecho tenía esa copia barata de salir inmune de cualquier castigo? Al reclamo de una malévola ocurrencia sacó su teléfono móvil del bolsillo interior de la cazadora. No le costó encontrar el vídeo, al igual que tiempo atrás lo había encontrado ella. Por alguna razón lo visionó una vez más. Sonrió ante la perspectiva de contemplarlo de nuevo, en esta ocasión a resguardo de las consecuencias. En él, el cuerpo de Triana, la criada del apartamento desde hacía unos meses, y el suyo se fundían en el escritorio del estudio. Posteriormente, seleccionó la lista de contactos del teléfono y no dudo en enviárselo a Abril. Casi siempre lo inevitable se impone sobre lo imposible, así que casi al instante la mujer del otro edificio recibió un mensaje en su teléfono móvil. Cualquier duda que pudiera tener acerca de su contenido se desvaneció y, sin apartar la vista del aparato, su sonrisa se fue congelando. Llegaron no mucho después las peticiones de la mujer que requerían la explicación del infiel, y junto con eso, los gritos. Y al poco, ya estaba la otra Abril recogiendo sus enseres mientras el otro él la seguía como una sombra indigna. Luego, lo inevitable: ella se agacha para recuperar el teléfono móvil del sofá, dónde lo dejó caer y él la golpea con un cenicero de piedra idéntico al que Mikel tiene frente a él en ese momento. Y ella cae, y él la sigue golpeando. Horrorizado ante el espectáculo que inimaginablemente ha causado, el responsable del crimen marca el teléfono de la policía. – Un asesinato… Sí, una mujer… Planta
El universo del sufrimiento

En un universo remoto al nuestro, una entidad con la edad del mismísimo big bang se encuentra dando vueltas por la galaxia en la que lleva viviendo toda su larga vida. Después de muchos años observando la belleza de aquel universo nota un estruendo proveniente de un mundo cercano a donde se encontraba. Ese mundo ya lo había visto hace mucho tiempo, era conocido como el asteroide de tierra, o la Tierra para los que viven allí, el único problema es que no es como lo recordaba, ese planeta estaba lleno de problemas, guerras, robos, y estragos por todas partes. Mientras observaba el planeta pudo observar diferentes cosas, entre ellas se encontraba un curioso humano vestido de payaso, en su cara destacaba una enorme sonrisa causada por su psicopatía, colgando de su cuello había una corbata cortada de forma descendente, un patrón de corazones rodeaba sus mangas, y ciertos círculos en sus pantalones. Cuando Galax se fijó en él se estremeció, ese psicópata era conocido como Ignacio, el duque de la Trinidad. Lo único que Ignacio hacía era causar caos por donde pasaba, hacía cosas que no se podían arreglar. Después de observar ese desastre, la vieja entidad decidió observar otras cosas. En un lugar remoto de ese planeta se encontró a un joven policía, pero ese policía no era normal, su cabeza grande como un balón resaltaba por sus marcas de símbolos del poker, en su placa ponía que se llamaba PokerCop, un nombre extraño para una persona de ese lugar. El lugar donde se encontraba era fantástico, tenía muchos colores y muchas cosas que en otros sitios no se veían. Hacía bien su trabajo, era un simple policía de ese lugar, pero se notaba el esfuerzo que le ponía. Mientras Galax se encontraba admirando del trabajo de ese policía noto algo cerca, algo se aproximaba, una sombra se hallaba a sus espaldas. Cuando la gran entidad se dio la vuelta vio a una especie de ser con forma humanoide, una extraña armadura cubría todo su cuerpo, está hecho de un material entre rocoso y metálico. Era el conocido Völxtr’ïn, una criatura creada a la vez que Galax, no era la primera vez que se lo encontraba, hace muchos años ya había luchado, pero el final no fue bueno. Völxtr’ïn quería destruir lo que Galax más quería, el universo y su humanidad. La malvada criatura dio un puñetazo a la entidad dejándola en mal estado, fue un golpe tan fuerte que impulsó a Galax dejándole dentro de la atmósfera de la tierra. Después de mucho tiempo inconsciente despertó. – ¿Dónde estoy?, ¿cómo estoy hablando? Será por esta atmósfera- Observó a su alrededor y recordó a ese tal Ignacio que había visto antes. – Tengo que encontrarle, quizás pueda ayudarme contra Völxtr’ïn- Rápidamente Galax cerró sus ojos y localizó al duque de la trinidad. Cuando le encontró, Ignacio se encontraba masacrando gente. – Parece que es lo único que sabe hacer- dijo Galax – ¿Quién eres? – preguntó Ignacio entre risas – Soy Galax, un ser capaz de manipular el universo a su antojo, y necesito tu ayuda-. – De acuerdo- respondió Ignacio, – ¿En serio? Si no te he dicho para qué quiero tu ayuda…-, -Me da igual, quiero ayudar- dijo de forma irónica. – Vas a tener que batallar por el universo- dijo Galax -Eso me encanta. Después de contarle eso se encaminó a por él tal PokerCop. Cuando llegó a ese lugar tan precioso que había observado antes rápidamente vio a ese caballeroso policía ayudando. Después de contarle lo mismo que al payaso Poker Cop acepto. Con todos reunidos hizo una enorme supernova sobre sus cabezas; fueron absorbidos por ellos. En un pestañeo había viajado de la tierra a un asteroide; este tenía una ligera atmósfera que hacía que esos humanos pudiesen respirar allí sin problema. Vieron ese gran planeta y delante suya había una sombra, era Völxtr’ïn, la última batalla que tuvo fue en ese lugar. Velozmente la criatura se abalanzó sobre los salvadores, todo fue una batalla tan violenta y majestuosa a la vez que no se puede explicar. Pero de tanto pelear y de no salir victorioso Völxtr’ïn estiró su brazo, del que salió un enorme filo hecho de una extraña energía. – Humanos, la batalla no ha hecho más que empezar – dijo entre gruñidos. Batallaron y pelearon con su vida durante horas. Pero quizás Galax hizo un gran error, en un giro de los acontecimientos Ignacio no se resistió, ante tanta rabia agarró a PokerCop, le levantó, no podía resistirse, empezó a estirar de sus extremidades partiéndolo en dos mitades. – ¡¡¡Noooooooo!!!!- exclamó ahogándose en la miseria mientras era rebanado. Galax estaba destrozado, Ignacio se había vuelto loco, se había cambiado de bando y ahora iba en el bando Völxtr’ïn. Galax perdió la esperanza en la galaxia pero siguió batallando. Entonces una luz empezó a salir del cuerpo de la entidad, era un destello similar al mismísimo big bang, durante esos momentos todos los presentes en esa batalla dejaron de pelear, un aura les rodeó y empezó a descomponer su materia. Esa extraña materia se recompuso formando así a un solo ser, era semejante a Galax pero no era el mismo de antes, la energía de esos seres se había convertido en un solo ser. Comenzó a levitar y a observar la destrucción que había causado esa batalla. No tardé mucho en dejar el terreno de guerra en el que acababa de estar. Desde ese momento ese ser solo se dedicó a escrutar lo bueno y lo malo de la tierra, a observar cada suceso que le ocurría a esa humanidad, y a ver cómo ese mundo dejaba de ser pura destrucción y empezase a ser paz. Rubén Reina. 2º ESO
La calle del León

La calle del León fue fundada en el siglo XVII y se ubica en el Madrid de los Austrias, dentro del barrio de las Letras. Esta se encuentra en el distrito Centro de la capital y queda delimitada hacia el oeste por la calle de la Cruz y la calle de Jacinto Benavente. Empieza en la calle del Prado y desemboca en la calle de Atocha. En los planos hechos por el cartógrafo Pedro Teixeira Albernaz en el año 1656, se conocía a esta calle como la del Mentidero o la calle del León. Actualmente se desconoce el porqué de este último nombre, que realmente es el que se ha conservado. Se dijo y se aceptó popularmente que provino de un extranjero de Oriente Medio que trajo consigo un león, y para poder verlo los vecinos pagaban dos maravedís, antigua moneda de España. Testimonio de esta leyenda ha quedado un azulejo a modo de placa en la que se ve al famoso león. En el siglo de Oro, época en la que floreció el arte y las letras españolas, esta calle era un mentidero donde los madrileños de entonces se reunían para compartir habladurías. Además, estaba cerca de l os corrales de comedia. Fue un lugar donde se desarrolló la dramaturgia española y abundaba la presencia de famosos escritores como Miguel de Cervantes, Quevedo, Góngora y Lope de Vega, lo que fomentó la creación de populares tertulias literarias y también era un lugar de encuentro para artistas y actores. Importantes fueron otras tertulias que en ella se desarrollaron, como las tertulias científicas, en las que se contaba con la presencia de Santiago Ramón y Cajal que se desarrollaban en el Café del Prado. En esta calle en 1866 nació el dramaturgo Jacinto Benavente, Nobel de Literatura, hay una placa en este lugar que recuerda este hecho. En el número 8 de la calle vivió Miguel de Cervantes. En esta calle también se encuentra la Casa del Nuevo Rezado, sede de la Real Academia de la Historia y ubicado en un área delimitada por la calle del León, la calle de Santa María y la Calle Huertas. Juan de Villanueva, arquitecto español neoclásico tenía como proyecto este edificio a finales del siglo XVII y su finalidad era aposentar los libros de rezos de los monjes jerónimos provenientes del Monasterio de El escorial, complejo que contiene un Palacio Real, una basílica, un panteón, una biblioteca, un colegio y un monasterio y fue construido en el siglo XVI entre 1563 y 1584. También llamada Real Academia de la Historia. A parte de ser un ejemplo de calle con cultural literaria, artística y científica también es una calle en la que disfrutar de nuestra cultura gastronómica y como ejemplo en el número 2 de la misma se encuentra la Casa González fundada en 1931 donde se pueden degustar y comprar productos de la tierra. En definitiva, esta es una calle céntrica de Madrid con mucha historia, con edificios importantes, en la que vivieron y pasaron su tiempo muchas personalidades relevantes de las letras españolas y de otras materias. Una calle con mucha vida. Pablo Álvarez – 3º ESO
