Al fresco #1

Bruno Sanz y Rubén Reina. 3º ESO
¿Te consideras más machista o más racista?

La diferencia que afrontan las mujeres entre llevar un trozo de tela para cubrir su rostro y no llevarlo radica en elegir si desean vivir en constante vigilancia, reprendidas por un cuerpo policial o ponerse un velo. Esta es la situación actual de la mujer en Irán. Si para algo tan insignificante como llevar un velo, las mujeres son detenidas y las agresiones de la policía son amparadas por la ley, ¿cuáles son las limitaciones contra la violencia hacia la mujer? Lo cierto es que en algunos países de Oriente, las interpretaciones incorrectas y radicalizadas del Corán que constituyen la ley, autorizan al marido de cada mujer a agredir a su esposa físicamente. Esto da paso a que miles y miles de abusos se pasen por alto en los tribunales de estos estados sin que nadie haga nada. Si lo máximo a lo que aspiran estos abusos es a generar titulares de noticias en occidente y vetos comerciales insignificantes de la ONU, quizá será porque desde nuestro cómodo sofá nos parece que el asunto no se desarrolla lo suficientemente cerca para afectarnos. En ese caso, hay zonas que disparan las estadísticas, y bastante cerca; sólo 3 de cada 100 mujeres que sobreviven al abuso lo terminan denunciando en Marruecos. Quizá esta falta de medidas con resultados útiles pueda explicarse por la negligencia de los políticos, como es el caso de Errejón, exportavoz de SUMAR y comprometido difusor de la ley de Sólo sí es Sí, que ya acumula dos denuncias por agresión sexual que se han llevado a juicio, casi tan rápido como él ha hundido su propia carrera política vulnerando las ideas que él mismo utilizaba para dar lecciones a otros políticos. Es evidente que no se puede esperar dichas medidas útiles de personas cuya ética y honor pesa menos que sus palabras. Lo realmente preocupante sucede cuando se combinan ambos factores: negligencia política y extremismo islámico, como fue el caso de las violaciones a las más de 1400 mujeres menores en Reino Unido desde 1997 a 2013. Un grupo de taxistas de la comunidad pakistaní de Rotherham, que eran pertenecientes a pandillas de abusadores de origen asiático, violaban a mujeres adolescentes extorsionándolas a cambio de sus servicios. Durante todo ese tiempo, diversas investigaciones por especialistas se comunicaron al resto del cuerpo policial local sobre el caso ya habiéndose identificado los delitos, pero estos cuerpos hicieron caso omiso e ignoraron todo lo que se expuso por no ser calificados de racistas y evitar conflictos con grupos minoritarios. Si debe ser considerado como un acto “racista” el de afirmar con hechos empíricos que hay grupos radicalizados islámicos en Asia que practican el abuso hacia las mujeres, entonces me considero muy racista (por favor, véase la ironía). Por otro lado, la policía local de Rotherham eligió voluntariamente ser menos “racista” a costa de ser definitivamente machistas al permitir toda una trama de abuso sexual gravísima hacia tanta cantidad de menores. ¿Y qué eligirán los dirigentes políticos en occidente, ser “racistas” o machistas?, ¿se centrarán en elaborar medidas que puedan solucionar los abusos o los seguirán dejando pasar? En el segundo caso, resulta difícil hacer que otros países cumplan normativas que no estén reconocidas en su ley, principalmente porque para que en Oriente se reciban sanciones, se debe tener un poder sancionador que sencillamente no tenemos, por la razón de que en Oriente hay petróleo y aquí no, además de que el propio cambio debe ser incentivado por las mujeres en esos países, puesto que emana de una cuestión cultural. Pero esta no deja de ser una obligación que supone tener un cargo político y si los políticos no demuestran ser capaces de proteger a las mujeres de las agresiones sexuales en el mundo, entonces, ¿quién lo hará?, ¿los partidos islamistas radicales en Irán?, ¿la comunidad pakistaní de Reino Unido?, ¿o los talibanes en Afganistán? Gonzalo Martín Díaz – 1ºBTO
El valor de las personas

Desde el inicio de la revolución industrial allá por finales del siglo XVIII, las fábricas y los trabajadores han sido figuras fundamentales a la hora de desarrollar sus actividades adjuntas. Sigue siendo esta la realidad a día de hoy, en pleno siglo XXI, en la que los trabajadores cumplen amplias jornadas laborales realizando, muchos de ellos, labores físicas exhaustas y en las que, para colmo, su salud mental y física acaba, en algunos casos, con sus vidas. Me fascina, en esta línea, la labor y las prioridades del Gobierno; ¿cómo vamos a cuidarnos si ni siquiera ellos son capaces de aportarnos los materiales necesarios que no supongan un riesgo para nuestra salud? Puede parecer que esto, a lo largo de los años, ha ido mejorando y ya se ha terminado de erradicar; sin embargo, supone una realidad para algunos trabajadores actuales, que sin ellos saberlo se pasan las ocho horas laborales manejando piezas o inhalando sustancias que si no les provocan bajas laborales recurrentes, les provocan cáncer o la necrosis de ciertos tejidos que desemboca en amputación. En este contexto, cuesta no imaginarse a una familia llorando por la muerte de un ser querido; una mujer que no puede evitar culparse ante de falta de atención que prestó a su marido en sus últimos meses de vida, unas hijas que crecerán sin una figura paterna o unos padres que reclaman una solución urgente ante esta situación y un largo etcétera de consecuencias que parecen no estar a la altura ni merecer la pena para aquellos a quienes solo les importan los números rojos y cumplir con su cometido para mantenerse en su puesto. Tras todo lo dicho, solo siento una profunda decepción por las prioridades del Gobierno, pues todo queda regulado por las normativas vigentes, y las de los altos cargos y las decisiones que toman, porque parece que lo barato y rápido, sin tener en cuenta las vidas que esto pueda acarrear, prevalece en todo momento por encima de una vida humana; al final si va a ser verdad que nos comportamos como verdaderos animales y no como seres humanos. Lucía Muñoz Marchante – 2º Bachillerato
Protagonistas #28. Entrevista a Mónica García.

Mauro García. 3º ESO
Nuestro peor enemigo, el aburrimiento

¿Hemos perdido la capacidad de estar aburridos? En este mundo tan interconectado en el que siempre que tenemos un rato libre cogemos el móvil, abrimos las redes, leemos no sé qué o miramos no sé cuál. Es completamente imposible aburrirse. Esto de primeras podríamos pensar que es muy positivo porque el aburrimiento es un sentimiento desagradable que obviamente queremos evitar, pero si cogemos distancia es supernegativo porque evita que pensemos de manera creativa para buscar solución a esta emoción. La lucha contra esto no es nueva, a principios del S. XIX creamos entretenimiento masivo para solucionar uno de los grandes problemas de los obreros industriales, la monotonía de sus actividades. Sin embargo, con el tiempo la situación se ha desfasado y el entretenimiento ha dejado de servir para despejar la mente de vez en cuando, convirtiéndose en una actividad “obligatoria” cuando tenemos un día libre. Esto no es tan grave, porque nuestra capacidad cognitiva sigue siendo buena y podemos seguir nuestras actividades “obligatorias” con normalidad. El problema viene con el uso masivo de las redes sociales, que están hechas para generar adicción. Estas provocan que nos acostumbremos a muchísimo contenido corto, de poca calidad. Con lo cual, cuando tenemos que estudiar para un examen, ver una serie o, escuchar música,; nos aburrimos porque nos parece que va muy lento y no somos capaces de concentrarnos únicamente en esa actividad. En un estudio de la Universidad de Carnegie Mellon realizado a 136 estudiantes, comprobaron que los que realizaban una tarea y eran interrumpidos por mensajes en su teléfono móvil, hacían la tarea un 20% peor que aquellos que no tenían ninguna distracción. Además de todos los efectos perjudiciales que tienen las redes en nuestra concentración, las solemos usar cómo vía de escape a nuestros problemas. Vivimos en una sociedad que supuestamente normaliza los trastornos mentales, pero luego cuando se trata de nosotros, huímos de nuestros pensamientos y de los problemas. Lo peor es que no somos conscientes de esto, creemos que descanso es igual a entretenimiento, y por eso llenamos cada trayecto en transporte público, cada hora antes de dormir, cada comida y cena con contenido de Youtube, TikTok o Instagram. Sin embargo, estamos llenando nuestra cabeza de más estímulos. Recuperar la capacidad de aburrirnos no es tarea fácil en la actualidad. Hay que empezar a ver esos momentos de vacío como una ayuda para reconectar con nuestra creatividad, para desarrollar nuestra paciencia, y lo que es más importante para aprender a estar en paz con nosotros mismos y con nuestros pensamientos. A lo mejor es hora de redescubrir el valor del silencio, de la observación y del tiempo sin un propósito inmediato como una forma de recuperar el equilibrio en un mundo que parece no detenerse nunca. Paula Moro – 1º BTO
Caballo

Daniela Conde – 2º ESO
LA REGADERA #3

Alumnos oratoria de Secundaria
Podcast: La mente adolescente

Sofía Márquez, Jimena Marcos, Andrea Valverde y Marina Chamorro – 1ºBTO
La felicidad

¿Qué es la felicidad? ¿Cómo se alcanza? Parece que no hay respuestas únicas para estas cuestiones. Y es que la felicidad es un concepto subjetivo. La felicidad no solo está influenciada por el lugar del mundo en el que vivimos, ni por la etapa histórica en la que hemos nacido, ni por el momento vital en el que se encuentre una persona. Sin lugar a dudas, la felicidad también está fuertemente determinada por nuestra educación, nuestros valores, nuestra forma de pensar y nuestras estrategias personales para enfrentar las dificultades. Es decir, está influenciada tanto por factores externos que, posiblemente no podemos controlar, pero sobre todo por factores internos los cuales, determinarán la manera de interpretar nuestra realidad y marcarán así nuestros estándares de felicidad. Al reflexionar sobre la felicidad en el contexto de nuestra actualidad, parece que ser feliz es una tarea sencilla. Sin embargo, tras realizar una pequeña encuesta sobre felicidad a personas de mi entorno, y escuchar y observar a unos y otros, concluyo que el concepto de felicidad varía a lo largo de la vida de una persona. Observo que a los más pequeños, lo que más felices les hace son cosas bastante simples como que su madre los mantenga en sus brazos. Cuando los niños crecen, les hace muy felices compartir tiempo con sus padres, no hay mejor plan que una tarde de juegos juntos. Pero pasados unos años, algo ocurre en la mente del ser humano, pues el niño mayor empieza a darle valor a los objetos materiales. Pienso que, en parte, esto sucede, cuando el niño madura y tiene capacidad para percibir el comportamiento general de su entorno, contagiándose de él, socializándose en él, olvidando lo innato de la felicidad para reemplazarlo de manera sencilla por el materialismo. Unos padres que inocentemente calman la rabieta de un niño comprándole un juguete, contribuyen a dar valor a las cosas materiales como medio para ser feliz. Hasta es posible que un adulto joven viva inmerso en este concepto de felicidad: “tener es sinónimo de ser feliz”. Tener una casa, tener varios coches o tener mucho dinero. Cuando la capacidad para poseer cosas se convierte en sinónimo de felicidad, producto de un mundo competitivo, materialista, ruidoso y rápido, donde no hay tiempo para dedicarse a uno mismo, ni a los demás, cada vez es más difícil sentirse feliz de la manera natural, y se busca esa manera rápida, con refuerzo inmediato (redes sociales, consumismo, drogas…) olvidando que este refuerzo es también fugaz y pasajero. Y uno de los problemas de esta felicidad inmediata, es que con ella nunca se puede llegar a alcanzar la felicidad permanente. Se trata de una felicidad pasajera y fugaz. Observo que cuando las personas se hacen mayores, y han recorrido parte del camino de la vida, cuando han vivido experiencias buenas, malas y regulares, vuelven a ser capaces de situar el foco en lo verdaderamente importante: en el valor infinito de las cosas no materiales, situando a la salud, al amor y a la familia como verdaderos ejes de la felicidad. Si nos situamos fuera de nuestro contexto histórico y viajamos al pasado, estoy segura de que la felicidad en todas las etapas de la vida se asemejaba bastante a este concepto anteriormente descrito, donde el foco no estaba en lo material. Imaginémonos en la Prehistoria. Estoy convencida que las personas eran felices cuando se sentían miembros de un grupo, cuando conseguían comida para todos y conectaban con la naturaleza pues era el lugar donde vivían. ¿Y si hacemos otro viaje, ahora en este mismo contexto histórico, pero a otro lugar del planeta, por ejemplo, un país subdesarrollado? Aquí los niños son felices con cosas o pequeñas acciones, que para nosotros son cosas del día a día, como cuando tienen zapatos para caminar, agua que beber o cuando tienen una chapa para jugar en la calle. Finalmente me gustaría dar mi opinión sobre este controvertido refrán: “el dinero no da la felicidad”. Yo estoy parcialmente de acuerdo con ello. Es innegable que hoy en día el dinero es aquello que nos facilita tener acceso a prácticamente todo lo que necesitamos para obtener un bienestar, pero la cuestión está en que cosas tan importantes como la comida o un techo bajo el que vivir, deberían llegar a todas las personas en todos los rincones del mundo. Es decir, sin que tuvieran un valor económico. Después de esta reflexión, quiero concluir definiendo lo que es, desde mi punto de vista, la verdadera felicidad: Es un sentimiento que construimos a lo largo de nuestra vida, y que depende de múltiples factores. Creo que se puede cultivar y conseguir de manera permanente cuando lo construimos alrededor de la gratitud hacia las cosas que tenemos y, el amor a los demás, cuando nos aceptamos tal y como somos, o intentamos mejorar la parte de nosotros que no nos gusta. Otros aspectos muy valiosos que favorecen este sentimiento son la familia y los amigos, verlos felices nos hace felices. También creo que es importante saber, que en la vida no todo son momentos felices, y que la adversidad forma parte de ella, pero que debemos desarrollar estrategias personales para afrontar las cosas que nos pasen de la mejor manera posible. Así que, sí, para disfrutar más la felicidad, también necesitamos aceptar y acoger la tristeza. Leyre Peinado – 4º ESO D
Protagonistas #27. Entrevista a Enrico Giacometti

Mario Maldonado Jaramillo. 4º ESO
