Peseta Street Journal

Se vende: La moral

Corría el año 1979 cuando acontece la Revolución iraní. El rumbo de Irán, y de todo Oriente Medio cambió para siempre. De la mano de aquella revolución se imponía una dictadura teocrática liderada por el ayatolá Jomeini. Han pasado más de cuatro décadas desde entonces, la mayor parte del tiempo el régimen de los ayatolás no ha tenido demasiados impedimentos para perpetuarse (si no se cuentan los últimos acontecimientos). Y es que este artículo viene motivado a tenor de las relativamente recientes actuaciones de EEUU e Israel en Irán. Empecemos por los hechos. A lo largo de 40 años hemos podido ver desde fuera cómo las mujeres en Irán perdían sus derechos de forma sistemática. Ver cómo la población vivía bajo un régimen restrictivo, con libertades, ya no coartadas, sino cortadas de raíz, una economía renqueante condicionada tanto por sanciones, como por cuestionables decisiones internas, siendo la consecuencia última de todo que millones viviesen en condiciones míseras. Y, sin embargo, aquí estamos. Día tras día, el tiempo ha ido corriendo en el reloj, y la respuesta internacional ha sido, en el mejor de los casos, tibia. Alguna que otra declaración, advertencia o sanción de diversa índole, pero poco más. Es un hecho que, mientras el petróleo seguía fluyendo por el Estrecho de Ormuz, y el equilibrio energético no se veía comprometido, la urgencia de una actuación brillaba por su ausencia. Irán importaba, sí, pero en su justa medida, solo para rellenar discursos muy puntuales. Hasta que, de golpe y porrazo, llega a la Casa Blanca el excéntrico Donald Trump, muy probablemente el presidente más estrambótico y peculiar de la historia de los EEUU, que lleva a cabo una intervención militar en Irán y que acaba deviniendo en una guerra que prosigue a día de hoy, sin vistas a terminar pronto. Sin embargo, desde Europa sólo importa la guerra, no por el hecho del conflicto mismo, sino por el notorio impacto económico; en especial, tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz, lugar por donde pasa alrededor del 25% del petróleo mundial y el 22% del gas. El Estrecho de Ormuz es el motivo de que esta guerra aparezca, día sí día también, en telediarios, periódicos, radios, tertulias o panfletos. El problema no es una dictadura en Irán; el problema es una guerra que nos toca el bolsillo. Llegados a este punto, conviene hablar de responsabilidades. La intervención de Estados Unidos es cuestionable, más que cuestionable, muy posiblemente viola el derecho internacional, pero no es el único actor responsable, al menos directamente. La pasividad de la Unión Europea, de la ONU, e inclusive de la OTAN le quitan fuerza a las quejas acerca de la intervención de Washington en Oriente Medio. Pasividad es, por ende, sinónimo de complicidad. Cuestionemos, así, como sociedad, nuestra moral: nos importa un país cuando sube la gasolina, pero nos trae sin cuidado que haya allí dictaduras o violaciones de los derechos humanos, no ya como personas a título individual, sino como colectivo, como masa.  Cuando la moral no depende de los actos, sino de los precios, el problema ya no está solo en Irán, sino en nuestra propia hipocresía moral.  Mario Maldonado Jaramillo – 1ºBTO

El mensaje sin enviar

Tenía el dedo encima del botón de enviar, el texto llevaba escrito más de 5 minutos, solo eran dos palabras, pero no tenía el valor para enviarlas. Las había borrado y reescrito unas 10 veces. No sonaban bien, ninguna de las palabras sonaba bien. En su habitación no había ruido, solo se escuchaba el zumbido del móvil y su respiración, que era más lenta de lo normal. Miró la pantalla otra vez, «Necesito ayuda´´ , dos simples palabras con un significado no tan simple, solo era darle a un botón, ¿Suena muy fácil verdad? Se quedó quieta, como si el moverse fuera a romper algo, el móvil vibró, un mensaje entrante, «Oye, ¿Sigues ahí?´´. Era su mejor amigo, no había escrito nada raro, no había drama, solo esa frase. Clara tragó saliva, no había contestado todavía. Justo llegó otro mensaje del mismo chat:« Hoy en clase teníamos que hablar sobre alguien querido y yo he hablado sobre ti. ¿Sigues despierta?´´ Clara apretó el móvil, cerró los ojos mientras una lágrima bajaba por su mejilla. El texto que había escrito seguía ahí, esperando. El dedo le tembló por un segundo, pero borró el mensaje sin enviarlo. Respiró hondo, se limpió la lágrima y respondió al mensaje: «Sí  Estoy aquí´´. Tardó unos segundos en llegar la respuesta: «Vale, oye, solo quiero que sepas que no estas sola´´.  Clara no se sintió bien de golpe, ni feliz, ni salvada… Solo un poco más lejos.  Se quedó quieta, mirando el techo, sin hacer nada durante unos minutos. No porque estuviera pensando en algo concreto, sino porque por primera vez en todo el día no tenía que fingir que estaba bien. El silencio ya no la molestaba tanto, seguía ahí, pero no la empujaba igual. Giró la cabeza hacia el móvil, no lo cogió, solo lo miró. Pensó en el mensaje que no había enviado. En lo fácil que habría sido no escribir nada. En lo cerca que había estado de quedarse completamente en silencio. Y entendió algo incómodo: no era que todo estuviera arreglado, no lo estaba. Pero alguien había notado su ausencia antes de que se hiciera definitiva. Y eso cambió el peso del momento, no el problema, el momento. Respiró hondo. Y entendió, que si no hubiera llegado ese mensaje no habría contestado nunca más. Y por primera vez en mucho tiempo, no le dio miedo seguir despierta.  Daniela Casado – 1º ESO

Quien paga, canta

El 15 de enero de 2028, Israel y Palestina pactaron un “alto el fuego» para frenar los ataques que se estaban produciendo. Desde aquel día, más de 350 palestinos han muerto en ataques israelíes. ¿Por qué un país que no respeta los valores humanos y sigue atacando, incluso después de pactar no hacerlo, debería tener derecho a participar en un concurso que promueve la unión de países y la paz? Los cinco países que ya se han negado a participar en Eurovisión opinan de la misma forma. España, Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia no han querido participar en un concurso en el que se permite que un país que ha quitado tantas vidas sea admitido sin consecuencias ni cuestionamientos. Si nos remontamos a hace unos años, a una situación muy similar, nos encontraremos en febrero de 2022, cuando la UER (Unión Europea de Radiodifusión) comunicó de forma oficial que Rusia no podría participar en Eurovisión por la guerra que comenzó contra Ucrania. Aseguraron que Rusia había violado el reglamento del concurso al provocar una guerra, rompiendo con los valores de intercambio y comprensión internacional que la competición trata de promover.  A mi parecer, Israel ha roto dichos valores de la misma manera, pero lo que no habría razón alguna para aceptar su participación. Al menos, hasta que miras el peso de su aportación económica en el concurso. Últimamente, el logo de Eurovisión ha sido casi reemplazado por el de Moroccanoil, el principal patrocinador, y curiosamente, de origen israelí. Dicha contribución económica explicaría por qué el UER trata de defender a Israel con que “no ha roto el reglamento interno como Rusia” aun cuando ha sido acusado de usar instancias del gobierno y la televisión pública para hacer campañas de promoción e influenciar en el voto, lo cual está prohibido en el reglamento. Por todo eso, los cinco países anteriormente mencionados han decidido no seguir aguantando una corrupción de este estilo. Y aunque puede parecer una tontería salirse de un concurso de canto por la participación de un solo país, es una forma de dar un golpe en la mesa y demostrar su posición ante semejante injusticia; es una forma de reivindicar el derecho a una competición justa, no política y no económica; a un concurso que realmente respete los valores de unión e intercambio intercultural que promete.   Alejandra Caravantes García – 1º BTO

Finalistas del concurso de marcapáginas

Os presentamos a los tres finalistas del concurso de marcapáginas y poesía que hicimos en el Departamento de Lengua para conmemorar el Día de la Poesía (21 de marzo). En este concurso, nuestros estudiantes tenían que crear una poesía partiendo del verso Yo no podré quejarme, que da inicio a uno de los poemas de Poeta en Nueva York, obra de Federico García Lorca. Os dejamos aquí nuestra selección: Yo no podré quejarme si el sol se esconde lento sobre el mal si la arena guarda huellas de risas y carreras y el cielo, se hace fuego justo en un instante. No podré quejarme si el aire es suave y el agua salta jugando. Si miro el atardecer en la playa mientras el día se va apagando otra vez. Marina Martín – 1º ESO Yo no podré quejarme si su mirada ya no me busca porque no traté de acercarme. Yo no podré quejarme si mis tormentas le pertenecen porque no pude alejarme. Yo no podré quejarme si mi mente lo memoriza porque nunca quise olvidarte. Yo no podré quejarme si yo cumplo mi promesa porque él no pudo amarme. Elena Maldonado – 4ºESO     Yo no podré quejarme; si la historia se derrumba, si en vez del canto de los pájaros, resuene un pozo negro sin fin. Es la dignidad nuestro error, el que nos somete, el que se clava y no duele. Cuando ya no quede sociedad, será entonces, cuando se definan nuestros actos, y las lágrimas caen, caen sin poder parar. Es el alma la que se hiere y a la vez la que llora. Laura Muñoz – Pacheco 2º ESO

La obsesión por la eterna juventud

La midorexia es la dificultad que tienen las personas para aceptar su edad biológica, causada por el miedo irracional al envejecimiento. Este problema se identifica en psicología como trastorno de la imagen corporal. Las personas que lo padecen se autoconvencen de que son más jóvenes de lo que en realidad son, manteniendo una imagen juvenil, recurriendo a hábitos, actividades o rutinas exigentes, que en exceso, pueden ser perjudiciales como someterse a cirugías estéticas para “rejuvenecer”  su físico. Patricia García García, psicóloga del Hospital Miguel Servet de Zaragoza explicó que la midorexia tiene características de fobia, ya que las personas que lo experimentan los signos de envejecimiento desde el temor y llevando a cabo acciones o conductas que, en muchas ocasiones, ponen en riesgo su salud. Esto puede estar potenciado por factores culturales ya que en algunas la vejez simboliza sabiduría y experiencia, mientras que en otras, atrae más la juventud y la belleza física casi inalcanzable, mostrando así que la percepción del estatus de perfección varía dependiendo de la cultura. También se relaciona con la presión social porque, aunque no lo parezca, las sociedades actuales se mueven por los medios de comunicación y redes sociales que idealizan estándares de belleza casi imposibles, generando una presión constante hacia las personas para parecer atractiva y juvenil a cualquier edad. Además, genera miedo a la pérdida de un “valor atractivo” físico ya que no son capaces de aceptar un cambio natural de la vida y esto, puede desencadenar perfectamente en un problema mental como la midorexia. El siglo XXI, se caracteriza por la invención de la IA, que ha supuesto un avance inmenso en nuestra sociedad y que nos ha permitido avanzar como especie. Se encuentra en todos nuestros dispositivos, redes sociales y aplicaciones de edición que permiten editar y alterar los rostros y cuerpos para modificar rasgos y ocultar signos de la edad. Esto va generando una “distorsión cognitiva” con la que las personas son más propensas a desarrollar una obsesión por verse en la vida real tal como aparece en las imágenes hechas por la IA. Argelia Guillén, psicóloga sanitaria destacó el impacto de los retos estéticos para alcanzar estándares de belleza casi imposibles.  Debido a desarrollar esta obsesión, se experimenta un miedo alarmante al envejecimiento en personas relativamente jóvenes, como a la aparición de arrugas, pérdida de cabello, etc. También, muchas de las personas con midorexia desarrollan una obsesión a las cirugías estéticas ya que, en los últimos años, se ha potenciado una dependencia alarmante en el mundo de la cosmética a los productos y tratamientos faciales que aseguran frenar algunos signos de la edad incluso en jóvenes que los  consumen de manera excesiva y constante para verse más atractivos. Incluso existen algunas marcas que han sacado al mercado mascarillas faciales para niños pequeños a partir de los 3-4 años de edad.  Asimismo, este tipo de trastornos pueden derivar en imitar también comportamientos, actitudes de la juventud como estilo de vida, ropa, poses y formas de expresarse. Esta actitud se asemeja a la surrealista situación que presenta Tora Flynn Boyle, quien destaca en las redes por sus cambios físicos a la edad de 66 años, pasando por quirófano en numerosas ocasiones. Para muchos expertos, esto puede derivar además en desarrollar el síndrome de Peter Pan en adultos que evitan crecer para así también eludir responsabilidades, compromisos y madurez emocional. Esta obsesión por la eterna juventud afecta tanto a mujeres como a hombres en edades comprendidas entre los 40-50 años. Pero sí es verdad que las mujeres lo sufren más debido a que actualmente se les sigue exigiendo unos estándares de belleza y cuidados muy exigentes en comparación a los hombres por parte de la industria de la moda, cosmética y redes sociales. Además, suelen compararse con las personas de su alrededor en mayor medida, por lo que cuando estas muestran un pequeño signo de envejecimiento empeora la no aceptación de uno mismo. Se estima que cerca del 85% de las mujeres y que el 14,3% de los hombres en el mundo se han sometido a algún tratamiento estético. Pero, entre estas cifras, la mayoría tienen entre 18 y 24 años de edad, lo que demuestra la exigencia entre los más jóvenes por alcanzar una belleza estética irreal. La generación Z viene acompañada de la necesidad de recurrir a estos retoques estéticos , intervenciones quirúrgicas, un abuso de filtros y maquillaje en fotografías y vídeos. El problema no solo está ahí, sino que ahora son los jóvenes quienes están afectados por el exceso de la falsa información distorsionada que circula por las redes sociales como fotos editadas, rostros generados por IA con rasgos y siluetas consideradas “perfectas” lo que potencia una dificultad mayor para la aceptación y autoestima. Finalmente, este síndrome es cada vez más frecuente y está más normalizado en la sociedad actual, pero tampoco es normal encontrarlo en edades tan tempranas por la constante exigencia social por conseguir determinados estándares de belleza que en realidad, no existen de manera natural. El objetivo de estas personas es mantener su físico juvenil recurriendo a diferentes soluciones que acaban por convertirse en una fuerte adicción. No se deben normalizar este tipo de comportamientos ya que son las propias facciones, rasgos y signos de cada uno lo que nos hace únicos y demuestran nuestra evolución a lo largo de la vida. Experimentar estos cambios no debe ser algo de lo que nos tengamos que avergonzar. Paula Benito Daganzo – 3ºESO

El jardín oculto

Aquel verano fui a pasar unas semanas con mi abuela a su casa del pueblo. Estaba muy emocionada. Esa casa me encantaba; era grande, bonita, tenía decoración antigua, techos altos…Pero, sin duda, lo que más me gustaba era el gran jardín. Aún recordaba las tardes tan divertidas que había pasado allí jugando con mis primos. Cuando llegué, mi abuela Carmen me recibió con un fuerte abrazo. Subí a mi habitación, coloqué mis cosas, volví a bajar y me quedé un rato hablando con ella. Después de comer, salí al jardín a disfrutar de la naturaleza y me percaté de que había una puerta detrás de unas hojas. Estaba casi segura de que esa puerta no estaba ahí antes así que, tras pensarlo un poco, decidí abrirla. Al otro lado se encontraba el mismo jardín pero, en este, a diferencia del otro, la fuente que solía estar seca tenía agua, el césped se veía mucho más verde y los árboles eran bastante más pequeños que antes. De repente se abrió la puerta de la casa y salió una niña. Me saludó y me preguntó con voz dulce si quería jugar. Me lo pensé unos segundos, pero algo en ella me hacía confiar, así que acepté. Le pregunté cómo se llamaba y me respondió que su nombre era Carmencita. Estuvimos jugando al escondite, recogiendo moras y saltando a la comba juntas. Después de un rato, me senté a descansar y cerré los ojos. Cuando los abrí, todo volvió a ser como antes: la fuente estaba seca de nuevo, la hierba no era tan verde, los árboles habían crecido y mi amiga ya no estaba. Entré a la casa confundida en busca de una explicación sobre lo que había pasado. Vi a mi abuela haciéndome la merienda, me preguntó cómo me lo había pasado fuera. Le respondí que bien y le pregunté con curiosidad si ella de pequeña solía jugar en ese jardín. Me respondió que sí, que a ella le encantaba estar ahí. A continuación, me contó que tenía una amiga imaginaria con la que le gustaba mucho pasar el tiempo.  – Se llamaba Carla, por eso te pusimos ese nombre – añadió entusiasmada. En ese momento entendí todo. Yo era la niña que mi abuela imaginaba, y la niña con la que yo había estado jugando era mi abuela de pequeña. Desde ese día, siempre salgo al jardín con la ilusión de volver a encontrarme aquella puerta y poder jugar de nuevo con ella. Nora Soler Pindado – 1º ESO  

Se cumplen veinticuatro años del atentado 11-S

Recuerdo y homenaje a las víctimas del atentado Cada 11 de septiembre, Estados Unidos y gran parte del mundo rinden homenaje a las víctimas del atentado contra las Torres Gemelas en el World Trade Center, ocurrido en 2001. Hace veinticuatro años, cuatro aviones fueron secuestrados por terroristas: dos impactaron contra las torres en Nueva York, mientras que los otros dos se estrellaron contra el Pentágono y en un campo de Pensilvania. El ataque dejó cerca de 3.000 muertos y en apenas dos horas, convirtió ese día en un recuerdo trágico.  Aquel 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por terroristas del grupo Al Qaeda. A las 8:46 de la mañana, el primero de ellos se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center en Nueva York. Diecisiete minutos después un segundo avión impactó contra la Torre Sur. Esto provocó que ambos edificios se derrumbaran horas más tarde. Mientras tanto, un tercer avión se estrelló contra el Pentágono, y el cuarto cayó en un campo de Pensilvania tras el intento de los pasajeros por recuperar el control del avión. Desde entonces, cada año se llevan a cabo homenajes en la mayoría de países del mundo. En Nueva York, el Memorial del 11-S se llena de familiares, sobrevivientes y ciudadanos que recuerdan a las víctimas colocando flores, velas y nombrándolas una por una. También se guardan minutos de silencio y se celebran pequeñas ceremonias en las que se reconoce la valentía de los bomberos y policías, la solidaridad de la gente y la importancia de no olvidar lo ocurrido.  Entre los asistentes al Memorial 11-S se encuentra María, quien recuerda cómo aquel día marcó su vida para siempre. Desde su casa, fue testigo de cómo se derrumbaban las Torres Gemelas y fue entonces cuando se enteró de que había perdido a su hermano, que trabajaba en el World Trade Center. “Desde aquel día, vengo cada año al memorial para recordar y honrar la memoria de mi hermano”, dice María. Lamentablemente, la historia de María no es la única, miles de familias comparten este dolor y se reúnen cada año para apoyarse mutuamente y mantener presentes a sus seres queridos.  Para concluir, el atentado del 11-S cambió la historia y la vida de muchas personas. Más que la destrucción de edificios imponentes y emblemáticos, dejó un gran dolor en miles de familias. Por ello, los homenajes ayudan a honrar y mantener viva la memoria de las víctimas, y reconocer la valentía de quienes arriesgaron su vida por otros. Año tras año, estas ceremonias nos recuerdan la importancia de no olvidar lo sucedido y de mantener presente el ejemplo de valentía y solidaridad que dejaron las víctimas y héroes. Celia Sanz Corniguel- 3º ESO

La historia se repite

Este año 2026 ha dejado clara una cosa: la historia se repite. Una vez más, Estados Unidos interviene un país bajo el pretexto de acabar con un régimen autoritario, y este mes el país elegido ha sido Irán. Anteriormente, al menos se utilizaba como excusa el hundimiento de un barco. Sin embargo, en la actualidad, el presidente Donald Trump no ha empeñado muchos esfuerzos en esconder las verdaderas motivaciones del conflicto, que son, como siempre han sido, puramente económicas. Posiblemente, hasta él mismo sabe que nadie se creería que una persona con su historial pueda defender la democracia y los derechos humanos. Un personaje que aparece vinculado a los archivos del pedófilo Epstein y que encabeza un ejecutivo que encierra a las personas migrantes en lo que se asemeja a campos de concentración modernos. Lo cierto es que, aunque se tuvieran buenas intenciones, la violencia nunca es la solución. No se puede apagar el fuego con más fuego. Por supuesto que nadie puede apoyar un régimen autoritario como es el de Irán, pero tampoco se pueden defender las recurrentes violaciones al derecho internacional por parte de la administración Trump. La historia ha demostrado que este tipo de ataques no solucionan nada, generalmente lo único que consiguen es aumentar la inestabilidad política y social de los países afectados. Mientras tanto, cientos de civiles siguen muriendo en Irán y Líbano, y el costo de la vida continúa creciendo en todo el mundo. Desgraciadamente, vivimos en un mundo regido por la ley del más fuerte, donde los intereses económicos y estratégicos justifican la violencia. Por ahora, el destino del orden mundial se encuentra en manos de los impredecibles cambios de humor del presidente Trump y su colega Netanyahu. Álvaro López Nieto- 2º BTO