Finalistas del concurso de marcapáginas

Os presentamos a los tres finalistas del concurso de marcapáginas y poesía que hicimos en el Departamento de Lengua para conmemorar el Día de la Poesía (21 de marzo). En este concurso, nuestros estudiantes tenían que crear una poesía partiendo del verso Yo no podré quejarme, que da inicio a uno de los poemas de Poeta en Nueva York, obra de Federico García Lorca. Os dejamos aquí nuestra selección: Yo no podré quejarme si el sol se esconde lento sobre el mal si la arena guarda huellas de risas y carreras y el cielo, se hace fuego justo en un instante. No podré quejarme si el aire es suave y el agua salta jugando. Si miro el atardecer en la playa mientras el día se va apagando otra vez. Marina Martín – 1º ESO Yo no podré quejarme si su mirada ya no me busca porque no traté de acercarme. Yo no podré quejarme si mis tormentas le pertenecen porque no pude alejarme. Yo no podré quejarme si mi mente lo memoriza porque nunca quise olvidarte. Yo no podré quejarme si yo cumplo mi promesa porque él no pudo amarme. Elena Maldonado – 4ºESO Yo no podré quejarme; si la historia se derrumba, si en vez del canto de los pájaros, resuene un pozo negro sin fin. Es la dignidad nuestro error, el que nos somete, el que se clava y no duele. Cuando ya no quede sociedad, será entonces, cuando se definan nuestros actos, y las lágrimas caen, caen sin poder parar. Es el alma la que se hiere y a la vez la que llora. Laura Muñoz – Pacheco 2º ESO
La obsesión por la eterna juventud

La midorexia es la dificultad que tienen las personas para aceptar su edad biológica, causada por el miedo irracional al envejecimiento. Este problema se identifica en psicología como trastorno de la imagen corporal. Las personas que lo padecen se autoconvencen de que son más jóvenes de lo que en realidad son, manteniendo una imagen juvenil, recurriendo a hábitos, actividades o rutinas exigentes, que en exceso, pueden ser perjudiciales como someterse a cirugías estéticas para “rejuvenecer” su físico. Patricia García García, psicóloga del Hospital Miguel Servet de Zaragoza explicó que la midorexia tiene características de fobia, ya que las personas que lo experimentan los signos de envejecimiento desde el temor y llevando a cabo acciones o conductas que, en muchas ocasiones, ponen en riesgo su salud. Esto puede estar potenciado por factores culturales ya que en algunas la vejez simboliza sabiduría y experiencia, mientras que en otras, atrae más la juventud y la belleza física casi inalcanzable, mostrando así que la percepción del estatus de perfección varía dependiendo de la cultura. También se relaciona con la presión social porque, aunque no lo parezca, las sociedades actuales se mueven por los medios de comunicación y redes sociales que idealizan estándares de belleza casi imposibles, generando una presión constante hacia las personas para parecer atractiva y juvenil a cualquier edad. Además, genera miedo a la pérdida de un “valor atractivo” físico ya que no son capaces de aceptar un cambio natural de la vida y esto, puede desencadenar perfectamente en un problema mental como la midorexia. El siglo XXI, se caracteriza por la invención de la IA, que ha supuesto un avance inmenso en nuestra sociedad y que nos ha permitido avanzar como especie. Se encuentra en todos nuestros dispositivos, redes sociales y aplicaciones de edición que permiten editar y alterar los rostros y cuerpos para modificar rasgos y ocultar signos de la edad. Esto va generando una “distorsión cognitiva” con la que las personas son más propensas a desarrollar una obsesión por verse en la vida real tal como aparece en las imágenes hechas por la IA. Argelia Guillén, psicóloga sanitaria destacó el impacto de los retos estéticos para alcanzar estándares de belleza casi imposibles. Debido a desarrollar esta obsesión, se experimenta un miedo alarmante al envejecimiento en personas relativamente jóvenes, como a la aparición de arrugas, pérdida de cabello, etc. También, muchas de las personas con midorexia desarrollan una obsesión a las cirugías estéticas ya que, en los últimos años, se ha potenciado una dependencia alarmante en el mundo de la cosmética a los productos y tratamientos faciales que aseguran frenar algunos signos de la edad incluso en jóvenes que los consumen de manera excesiva y constante para verse más atractivos. Incluso existen algunas marcas que han sacado al mercado mascarillas faciales para niños pequeños a partir de los 3-4 años de edad. Asimismo, este tipo de trastornos pueden derivar en imitar también comportamientos, actitudes de la juventud como estilo de vida, ropa, poses y formas de expresarse. Esta actitud se asemeja a la surrealista situación que presenta Tora Flynn Boyle, quien destaca en las redes por sus cambios físicos a la edad de 66 años, pasando por quirófano en numerosas ocasiones. Para muchos expertos, esto puede derivar además en desarrollar el síndrome de Peter Pan en adultos que evitan crecer para así también eludir responsabilidades, compromisos y madurez emocional. Esta obsesión por la eterna juventud afecta tanto a mujeres como a hombres en edades comprendidas entre los 40-50 años. Pero sí es verdad que las mujeres lo sufren más debido a que actualmente se les sigue exigiendo unos estándares de belleza y cuidados muy exigentes en comparación a los hombres por parte de la industria de la moda, cosmética y redes sociales. Además, suelen compararse con las personas de su alrededor en mayor medida, por lo que cuando estas muestran un pequeño signo de envejecimiento empeora la no aceptación de uno mismo. Se estima que cerca del 85% de las mujeres y que el 14,3% de los hombres en el mundo se han sometido a algún tratamiento estético. Pero, entre estas cifras, la mayoría tienen entre 18 y 24 años de edad, lo que demuestra la exigencia entre los más jóvenes por alcanzar una belleza estética irreal. La generación Z viene acompañada de la necesidad de recurrir a estos retoques estéticos , intervenciones quirúrgicas, un abuso de filtros y maquillaje en fotografías y vídeos. El problema no solo está ahí, sino que ahora son los jóvenes quienes están afectados por el exceso de la falsa información distorsionada que circula por las redes sociales como fotos editadas, rostros generados por IA con rasgos y siluetas consideradas “perfectas” lo que potencia una dificultad mayor para la aceptación y autoestima. Finalmente, este síndrome es cada vez más frecuente y está más normalizado en la sociedad actual, pero tampoco es normal encontrarlo en edades tan tempranas por la constante exigencia social por conseguir determinados estándares de belleza que en realidad, no existen de manera natural. El objetivo de estas personas es mantener su físico juvenil recurriendo a diferentes soluciones que acaban por convertirse en una fuerte adicción. No se deben normalizar este tipo de comportamientos ya que son las propias facciones, rasgos y signos de cada uno lo que nos hace únicos y demuestran nuestra evolución a lo largo de la vida. Experimentar estos cambios no debe ser algo de lo que nos tengamos que avergonzar. Paula Benito Daganzo – 3ºESO
Paella y pa él #3

Bruno Sanz, Rubén Reina, Diego García y Jesus Cifuentes
El jardín oculto

Aquel verano fui a pasar unas semanas con mi abuela a su casa del pueblo. Estaba muy emocionada. Esa casa me encantaba; era grande, bonita, tenía decoración antigua, techos altos…Pero, sin duda, lo que más me gustaba era el gran jardín. Aún recordaba las tardes tan divertidas que había pasado allí jugando con mis primos. Cuando llegué, mi abuela Carmen me recibió con un fuerte abrazo. Subí a mi habitación, coloqué mis cosas, volví a bajar y me quedé un rato hablando con ella. Después de comer, salí al jardín a disfrutar de la naturaleza y me percaté de que había una puerta detrás de unas hojas. Estaba casi segura de que esa puerta no estaba ahí antes así que, tras pensarlo un poco, decidí abrirla. Al otro lado se encontraba el mismo jardín pero, en este, a diferencia del otro, la fuente que solía estar seca tenía agua, el césped se veía mucho más verde y los árboles eran bastante más pequeños que antes. De repente se abrió la puerta de la casa y salió una niña. Me saludó y me preguntó con voz dulce si quería jugar. Me lo pensé unos segundos, pero algo en ella me hacía confiar, así que acepté. Le pregunté cómo se llamaba y me respondió que su nombre era Carmencita. Estuvimos jugando al escondite, recogiendo moras y saltando a la comba juntas. Después de un rato, me senté a descansar y cerré los ojos. Cuando los abrí, todo volvió a ser como antes: la fuente estaba seca de nuevo, la hierba no era tan verde, los árboles habían crecido y mi amiga ya no estaba. Entré a la casa confundida en busca de una explicación sobre lo que había pasado. Vi a mi abuela haciéndome la merienda, me preguntó cómo me lo había pasado fuera. Le respondí que bien y le pregunté con curiosidad si ella de pequeña solía jugar en ese jardín. Me respondió que sí, que a ella le encantaba estar ahí. A continuación, me contó que tenía una amiga imaginaria con la que le gustaba mucho pasar el tiempo. – Se llamaba Carla, por eso te pusimos ese nombre – añadió entusiasmada. En ese momento entendí todo. Yo era la niña que mi abuela imaginaba, y la niña con la que yo había estado jugando era mi abuela de pequeña. Desde ese día, siempre salgo al jardín con la ilusión de volver a encontrarme aquella puerta y poder jugar de nuevo con ella. Nora Soler Pindado – 1º ESO
Se cumplen veinticuatro años del atentado 11-S

Recuerdo y homenaje a las víctimas del atentado Cada 11 de septiembre, Estados Unidos y gran parte del mundo rinden homenaje a las víctimas del atentado contra las Torres Gemelas en el World Trade Center, ocurrido en 2001. Hace veinticuatro años, cuatro aviones fueron secuestrados por terroristas: dos impactaron contra las torres en Nueva York, mientras que los otros dos se estrellaron contra el Pentágono y en un campo de Pensilvania. El ataque dejó cerca de 3.000 muertos y en apenas dos horas, convirtió ese día en un recuerdo trágico. Aquel 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por terroristas del grupo Al Qaeda. A las 8:46 de la mañana, el primero de ellos se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center en Nueva York. Diecisiete minutos después un segundo avión impactó contra la Torre Sur. Esto provocó que ambos edificios se derrumbaran horas más tarde. Mientras tanto, un tercer avión se estrelló contra el Pentágono, y el cuarto cayó en un campo de Pensilvania tras el intento de los pasajeros por recuperar el control del avión. Desde entonces, cada año se llevan a cabo homenajes en la mayoría de países del mundo. En Nueva York, el Memorial del 11-S se llena de familiares, sobrevivientes y ciudadanos que recuerdan a las víctimas colocando flores, velas y nombrándolas una por una. También se guardan minutos de silencio y se celebran pequeñas ceremonias en las que se reconoce la valentía de los bomberos y policías, la solidaridad de la gente y la importancia de no olvidar lo ocurrido. Entre los asistentes al Memorial 11-S se encuentra María, quien recuerda cómo aquel día marcó su vida para siempre. Desde su casa, fue testigo de cómo se derrumbaban las Torres Gemelas y fue entonces cuando se enteró de que había perdido a su hermano, que trabajaba en el World Trade Center. “Desde aquel día, vengo cada año al memorial para recordar y honrar la memoria de mi hermano”, dice María. Lamentablemente, la historia de María no es la única, miles de familias comparten este dolor y se reúnen cada año para apoyarse mutuamente y mantener presentes a sus seres queridos. Para concluir, el atentado del 11-S cambió la historia y la vida de muchas personas. Más que la destrucción de edificios imponentes y emblemáticos, dejó un gran dolor en miles de familias. Por ello, los homenajes ayudan a honrar y mantener viva la memoria de las víctimas, y reconocer la valentía de quienes arriesgaron su vida por otros. Año tras año, estas ceremonias nos recuerdan la importancia de no olvidar lo sucedido y de mantener presente el ejemplo de valentía y solidaridad que dejaron las víctimas y héroes. Celia Sanz Corniguel- 3º ESO
La historia se repite

Este año 2026 ha dejado clara una cosa: la historia se repite. Una vez más, Estados Unidos interviene un país bajo el pretexto de acabar con un régimen autoritario, y este mes el país elegido ha sido Irán. Anteriormente, al menos se utilizaba como excusa el hundimiento de un barco. Sin embargo, en la actualidad, el presidente Donald Trump no ha empeñado muchos esfuerzos en esconder las verdaderas motivaciones del conflicto, que son, como siempre han sido, puramente económicas. Posiblemente, hasta él mismo sabe que nadie se creería que una persona con su historial pueda defender la democracia y los derechos humanos. Un personaje que aparece vinculado a los archivos del pedófilo Epstein y que encabeza un ejecutivo que encierra a las personas migrantes en lo que se asemeja a campos de concentración modernos. Lo cierto es que, aunque se tuvieran buenas intenciones, la violencia nunca es la solución. No se puede apagar el fuego con más fuego. Por supuesto que nadie puede apoyar un régimen autoritario como es el de Irán, pero tampoco se pueden defender las recurrentes violaciones al derecho internacional por parte de la administración Trump. La historia ha demostrado que este tipo de ataques no solucionan nada, generalmente lo único que consiguen es aumentar la inestabilidad política y social de los países afectados. Mientras tanto, cientos de civiles siguen muriendo en Irán y Líbano, y el costo de la vida continúa creciendo en todo el mundo. Desgraciadamente, vivimos en un mundo regido por la ley del más fuerte, donde los intereses económicos y estratégicos justifican la violencia. Por ahora, el destino del orden mundial se encuentra en manos de los impredecibles cambios de humor del presidente Trump y su colega Netanyahu. Álvaro López Nieto- 2º BTO
La Regadera #5

Zoe Montero, Amelia García, Fabiola Garcia, Jimena Ramos y Carla Maestro. Secundaria
¡Feliz Día del Libro!

El 23 de abril, en el Departamento de Lengua y Literatura de Secundaria y Bachillerato, celebramos siempre el día del mejor invento que ha salido de la cabecita del ser humano: ¡el libro! Os dejamos estos datos: Leer mejora la empatía, ya que los libros ponen al lector en situaciones que, aunque no haya vivido todavía, puede comprender gracias a los personajes. La lectura habitual mejora funciones clave del cerebro como la concentración y el pensamiento crítico. También fortalece las conexiones neuronales, lo que ayuda a procesar información de forma más eficiente. Las personas que leen con frecuencia tienden a mantener su cerebro activo durante más tiempo. Diversos estudios sugieren que la lectura puede contribuir a retrasar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento. Conclusión: leer te hace más listo, mejor persona y consigue que tu cerebro envejezca más despacio. ¿Qué más queréis? Aquí tenéis una cita para empezar: «…yo había olvidado durante años a Mendel, el de los Libros, justo yo que, sin embargo, debía de saber que los libros solo sirven para unir por encima del propio aliento a las personas y protegerlas así de la oposición inexorable a la que se enfrenta toda existencia: su naturaleza efímera y el olvido.» (Stefan Zweig)
Una victoria contra el dopaje

El nadador australiano Cameron McEvoy ya es el más rápido de la historia, tras rebajar el récord del mundo de los 50 metros libres por tan solo tres centésimas de segundo. Tres centésimas que, aunque puedan parecer insignificantes, son el reflejo de años y años de esfuerzo buscando redefinir los límites del cuerpo humano. A pesar de logros como este, existe un creciente número de personas (tanto deportistas como aficionados) que se sienten atraídos por propuestas como los enhanced games, que pretenden permitir el uso del dopaje para comprobar hasta qué punto es capaz de llegar el cuerpo humano. Sin embargo, al permitir esto se están abandonando todos los principios fundamentales del deporte. En primer lugar, el deporte debe ser sinónimo de salud, y si se permite el dopaje se está incentivando el consumo de sustancias potencialmente peligrosas. En segundo lugar, el deporte debería promover la cultura del esfuerzo para cumplir nuestros objetivos, en lugar de atajos artificiales. Por último, si alteráramos artificialmente las capacidades del cuerpo humano, el deporte perdería todo su sentido, ya que no se admiraría al deportista, sino a la tecnología utilizada. Por suerte, sigue habiendo referentes como McEvoy que representan los verdaderos valores del deporte con su esfuerzo y capacidad de superación personal. Javier Thomas Zurita – 2ºBTO
Podcast. La saturación del turismo

Iker Barroso y Rodrigo Segovia – 4ºESO
