El 15 de enero de 2028, Israel y Palestina pactaron un “alto el fuego» para frenar los ataques que se estaban produciendo. Desde aquel día, más de 350 palestinos han muerto en ataques israelíes.
¿Por qué un país que no respeta los valores humanos y sigue atacando, incluso después de pactar no hacerlo, debería tener derecho a participar en un concurso que promueve la unión de países y la paz? Los cinco países que ya se han negado a participar en Eurovisión opinan de la misma forma.
España, Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia no han querido participar en un concurso en el que se permite que un país que ha quitado tantas vidas sea admitido sin consecuencias ni cuestionamientos. Si nos remontamos a hace unos años, a una situación muy similar, nos encontraremos en febrero de 2022, cuando la UER (Unión Europea de Radiodifusión) comunicó de forma oficial que Rusia no podría participar en Eurovisión por la guerra que comenzó contra Ucrania. Aseguraron que Rusia había violado el reglamento del concurso al provocar una guerra, rompiendo con los valores de intercambio y comprensión internacional que la competición trata de promover.
A mi parecer, Israel ha roto dichos valores de la misma manera, pero lo que no habría razón alguna para aceptar su participación. Al menos, hasta que miras el peso de su aportación económica en el concurso. Últimamente, el logo de Eurovisión ha sido casi reemplazado por el de Moroccanoil, el principal patrocinador, y curiosamente, de origen israelí. Dicha contribución económica explicaría por qué el UER trata de defender a Israel con que “no ha roto el reglamento interno como Rusia” aun cuando ha sido acusado de usar instancias del gobierno y la televisión pública para hacer campañas de promoción e influenciar en el voto, lo cual está prohibido en el reglamento.
Por todo eso, los cinco países anteriormente mencionados han decidido no seguir aguantando una corrupción de este estilo. Y aunque puede parecer una tontería salirse de un concurso de canto por la participación de un solo país, es una forma de dar un golpe en la mesa y demostrar su posición ante semejante injusticia; es una forma de reivindicar el derecho a una competición justa, no política y no económica; a un concurso que realmente respete los valores de unión e intercambio intercultural que promete.
Alejandra Caravantes García – 1º BTO
