Peseta Street Journal

El Sahel, perenne herida de África

En este mundo nuestro, coexisten diferentes realidades. Concretamente 2 mundos. El primer mundo, en el que vivimos, el único que conocemos. Encumbrado como gran faro de desarrollo, humanidad y avance. El tercer mundo, tan largo tiempo denostado, relegado a ser mirado despectivamente desde nuestra cómoda posición de nación opulenta. Porque sí, somos un país acaudalado aunque a alguno le sorprenda, Mientras que en Europa discutimos acerca de temas que pueden parecer sino cruciales (inflación, pactos parlamentarios, quizás incluso la última polémica en redes sociales,) se tornan banales cuestiones si son comparadas con los problemas de cierta franja de África: El Sahel. Aquí el tiempo parece haberse detenido en una etapa de crudísima violencia. Esta franja que atraviesa de este a oeste el continente africano), surge los conflictos, las guerras civiles y en especial, el terrorismo. Aparece entonces un nombre: Boko Haram. La ya mencionada organización no es precisamente nueva. Surgió a principios de los 2000, bajo una premisa tan simple como aterradora: rechazar toda influencia occidental y someter a la población a una interpretación radical del islam. Su nombre significa, literalmente “La educación occidental es pecado”. Queda más que clara la ideología que posee esta gente. Con los años, este grupo terrorista ha ido mutando desde ser una secta de tercera clase regional hasta convertirse en una organización terrorista supranacional que extiende su radio de acción por Níger, Chad, Nigeria, Benín y Camerún. Este crecimiento exponencial solo ha sido posible gracias a unas fronteras porosas, a Estados débiles y una pobreza estructural que actúa como perfecto caldo de cultivo para captar adeptos. Sufre especialmente Camerún, en particular su región del Extremo Norte: convertida en uno de los principales blancos. Zona empobrecida, mayoritariamente rural, con una presencia mínima de fuerzas estatales, que más que escasas, inexistentes. En suma, una población abandonada a su suerte desde hace décadas.  Boko Haram no entra a sangre y fuego en los territorios fuertes. Ataca aldeas, quema casas, secuestra niños, utiliza mujeres como armas, obliga a desplazarse a comunidades enteras. Atacar y huir. Tirar la piedra y esconder la mano. Conquistar territorios y captar adeptos a través del terror puro y duro. La violencia no es puntual, no es excepcional: se ha asimilado hasta el punto de convertirse en sistemática, diaria, normalizada. La crudeza del conflicto no se mide solo en muertos — que los hay, a miles— sino en todo el coste humano de diverso carácter. Pobreza, desplazamientos forzosos (creando ingentes cantidades de refugiados). En suma, vidas rotas. Una amenaza de la que no se libran niños, mujeres, ancianos, hombres pues todos viven atrapados entre 2 frentes. A un lado las acciones de Boko Haram, en el otro los diferentes y descoordinados ejércitos  con gran tendencia a disparar primero y preguntar después. Así, la respuesta militar, demasiadas veces torpe y desproporcionada, termina castigando a inocentes, exonerando sin quererlo a aquellos precisamente culpables. Se plantea así inevitablemente una pregunta ¿Por qué sigue existiendo Boko Haram? ¿Acaso la comunidad internacional no tiene nada que decir? ¿Cómo tras casi un cuarto de siglo desde su funesta aparición perviven hoy por hoy? ¿Acaso no existen medios para poner fin a tamaña sangría?  La respuesta, siempre y llanamente: la pobreza. No como la entendemos aquí, en España. Una pobreza más extrema y mísera si cabe, una que reduce a seres humanos a esqueletos recubiertos de piel por la desnutrición extrema. A la par que el hambre reduce al ser humano a apenas una sombra moribunda de lo que debería ser, arranca poco a poco cada pizca de esperanza. En tan tremendas circunstancias la desesperación es tal que empuñar un arma, convertirse en terrorista y masacrar a semejantes ha dejado de ser una salida a la desesperada, para mudar, tristemente, en una salida económica viable. Un sustento. Así es el Sahel. En medio de esta franja destacan por sus encomiables labores con las asociaciones humanitarias. ONG tanto de índole local e internacional que trabajan donde nadie más quiere o puede hacerlo. Llevan trocitos del primer mundo hasta cuán lejanas latitudes: alimentos, atención médica, educación básica y apoyo a comunidades devastadas. No es una historia que sea heroica por la épica propia de las epopeyas, sino heroica por atreverse a intentar lo que muchos han considerado y consideran imposible.  Mientras los gobiernos discuten estrategias antiterroristas desde distantes despachos, estas organizaciones están sobre el terreno, sorteando los ataques, la falta de fondos y una más que notoria y creciente indiferencia global que podría tildarse de obscena sin demasiado miedo. Existe el conocimiento de los hechos. Lo que falta es voluntad política y atención mediática. Boko Haram no es rentable en términos informativos. Lo que ocurre en Camerún o en Níger no vende. El Sahel no interesa. Y así, el olvido se convierte en cómplice. Conforma un enorme error pensar que esto no es sino un problema ajeno. Aún siendo distante geográficamente hablando, el Sahel conforma hoy uno de los principales focos de inestabilidad del planeta, y los sucesos allí acaecidos ocasionan consecuencias globales que sí que nos atañen. Visto desde la comodidad del primer mundo, poseemos la creencia de que el horror sucede siempre, en otros continentes, lugares, a otras personas. Desviar la mirada hacia otro lado no nos hace estar más seguros, solo nos convierte en meros ignorantes. Hemos de atrevernos a conocer, so pena de que aquello que descubramos no sea de nuestro agrado. Citando a Kant, Sapere Aude! Tal vez el quid de la cuestión no sea ya qué ocurre en el Sahel, ni siquiera el responsabilizar a alguien de los hechos y buscar culpables. Se trata de ser consecuentes, comprendiendo que el mundo no termina allá donde acaba nuestra frontera. Porque mientras nosotros vivimos, ellos sobreviven. Y eso, en pleno siglo XXI, debería interpelarnos a todos. Mario Maldonado Jaramillo – 1º BTO

Un futuro sin clásicos del cine

Desde hace tiempo no se ven películas destacables a nivel de argumento en cines. Siempre siguen una estructura de acción constante, sin dejar espacio a una narrativa decente. En efecto, nos encontramos ante una reestructuración del cine nunca antes vista, y es que no es raro ver personajes secundarios e incluso protagonistas, sin ninguna complejidad, casi como si fueran simples extras. Todo ello proviene de una de las mayores fuentes de problemas de la actualidad: las redes sociales. Empezó con TikTok y se le unieron YouTube e Instagram, así como muchas otras. Los vídeos en formato corto, de menos de un minuto, provocan grandes adicciones en los jóvenes de hoy en día, pues están diseñados para ello al aportar dopamina constante. Los índices de déficit de atención se han disparado, y si niños y adolescentes no pueden mantener la concentración ni cinco minutos, mucho menos lo harán durante una hora de película. Las empresas lo saben, por lo que han decidido comenzar a transformar el cine en otra fuente de dopamina constante. Las escenas tensas predominan sobre las más narrativas. Llega a tal punto que el propio tráiler ya resume el argumento, porque ya no importa. La gente quiere ver persecuciones, peleas y personajes sin importancia muriendo de forma trágica, con los que no establece más conexión emocional que el mero parecido físico, pues un personaje admirado muriendo provoca el odio de la comunidad al director. Si bien se pueden apreciar la acción y aventura, también necesitamos tomar descansos, reflexionar y deleitarnos con las historias. La gente apenas lee, las películas se consideran basura si no ocurre algo importante cada minuto, e incluso la música cada vez se acorta más y se vuelve repetitiva. Se necesita un cambio urgente, es necesario apreciar los argumentos, puesto que, de no hacerlo, encontraremos un futuro donde ya no aparezcan nuevos clásicos del cine como E.T, Regreso al futuro o Jurassic Park (la original), solo vídeos de hora y media de gente pegándose sin razón alguna. La acción complementa la historia, no la sustituye. Diego Simón Navarro – 2ºBTO  

Noticias del futuro: Desde Suiza confirman la primera cura para el Alzheimer

Tauclear: la inyección que regenera las conexiones cerebrales y cura el Alzheimer. Hoy, la ciudad de Zúrich (Suiza), ha amanecido con una noticia que promete cambiar miles de vidas y recuperar incontables recuerdos que se daban por perdidos. Después de años y años de investigación, muchos fracasos y pequeños avances, un grupo de científicos de distintas nacionalidades han encontrado la cura para el Alzheimer. El 29 de junio de 2036, una serie de expertos formados por Sofia Lindstrom, Markus Vogel e Isabel Romero, descubrieron la cura para la enfermedad del Alzheimer mientras trabajan en el Instituto Federal Suizo de Neurociencia. El tratamiento se llama Tauclear y es una inyección intramuscular que tiene varias aplicaciones entre las que destaca la activación de los factores regenerativos que promueven la reconexión neuronal. “Hemos demostrado que la memoria se puede restaurar cuando se repara el tejido cerebral dañado” explicó la Dra. Isabel Romero, mientras daba una conferencia en la universidad de Ginebra junto a sus compañeros.  Los resultados de la inyección son fascinantes. En apenas seis meses de tratamiento, 9 de cada 10 pacientes han mostrado mejoras notables en memoria, orientación y lenguaje. La mayoría de las personas que padecían esta enfermedad han dicho que sus recuerdos regresaron de forma progresiva. Es el caso de Agustín Rivas, de 92 años. Recibió su tratamiento en el hospital de Zúrich durante nueve meses y sus recuerdos regresaron tal y como estaba previsto. Llevaba seis años sin reconocer a su nieta, Lola, que actualmente tiene 12 años. “Cada día íbamos a visitarlo, aunque él no sabía quiénes éramos”, cuenta Maria Rivas, la hija de Agustín. “Lola se sentaba a su lado y le hablaba, pero él solo miraba al frente y balbuceaba palabras aleatorias”. Hasta que un día la miró fijamente y pronunció su nombre. Desde entonces, Agustín no ha parado de mejorar, aunque aún se olvida de algunas cosas, reconoce a toda su familia y ha recuperado hábitos como salir a caminar cada mañana, tocar el piano y sobre todo vuelve a hablar de su pasado con claridad.  Cada día, los casos como el de Agustín se multiplican en distintos hospitales de Suiza, y muy pronto del mundo. Las autoridades sanitarias ya trabajan para que Tauclear esté disponible cuanto antes, mientras los científicos siguen estudiando sus efectos a largo plazo. Celia Sanz Corniguel – 3ºESO 

El castigo que superó al crimen

No confundamos justicia con venganza. Esto es lo que ha sucedido entre Israel y Gaza. El gobierno israelí quiso hacer justicia por el atentado que provocó el grupo terrorista de Hamás, pero la respuesta fue desmesurada y se convirtió en una venganza contra un pueblo que no merecía ser el foco del dolor israelí. Cuesta creer que en pleno siglo XXI aún se recurra a la guerra para solucionar diferencias entre países. Parece que no hayamos aprendido nada de los horribles sucesos que ocurrieron a principios y mediados del siglo pasado. La muestra de ello es esa desmesurada respuesta del gobierno israelí, que desembocó en una guerra extremadamente sangrienta que nos ha dejado miles de muertos y otros tantos desplazados, que tuvieron que huir del conflicto o quedaron sin hogar. Esta guerra, como tantas otras, es el resultado de cuando cada uno se toma la justicia por su mano en lugar de buscar una solución diplomática. Lo peor viene cuando se acuerda una solución para el conflicto y no se respeta. Diez días después de que se pusiera en marcha un Alto el Fuego en esta guerra ya habían muerto casi cien personas más. Y lo más triste es ver cómo las personas que “lograron la resolución del conflicto” se cuelgan su medalla y miran hacia otro lado, como si no quedase nada por hacer. El resultado de la guerra: miles, incluso millones, de vidas destrozadas sin ningún beneficio aparente, una guerra sin sentido cargada contra inocentes. Al final el dicho va a tener razón y siempre pagan justos por pecadores.   Silvia Alba González – 2ºBTO

Diario de Harriet Tubman

17 de septiembre de 1849  Por fin he tomado la decisión más difícil de mi vida: escapar. Mañana mis hermanos y yo dejaremos la plantación de los Bordess. No sé qué pasará pero será mejor que ser esclava de por vida. 3 de octubre de 1849 ¡Soy libre! Por fin estoy en Filadelfia. No puedo describir lo que siento, nadie me manda aquí. Pero no tengo la sensación de estar haciendo lo correcto. Mi familia sigue esclavizada. Voy a volver a por ellos. 2 de diciembre de 1850 He reunido fuerzas y he regresado a rescatarlos, me llaman loca pero no podía soportar que mi familia sufriera. Con la ayuda del ferrocarril subterráneo, he logrado liberar a algunos de los míos. El viaje  ha sido peligroso, pero merece la pena al verlos por fin libres. 4 de junio de 1857 He vuelto a ir, ahora para llevarme a mis padres Ben y Rita. Son ancianos y ha sido complicado, pero no podía permitir que los arrestaran. Ya he salvado a decenas de esclavos, hasta el punto en el que me llaman “Moisés”. Estoy muy orgullosa de ello. 2 de junio de 1863  ¡Nunca me lo hubiera imaginado! Hoy he acompañado al coronel Montgomery a una misión en el río Combahee. Mi tarea ha sido guiar a las tropas por caminos que conozco de memoria. Hemos liberado a más de 700 esclavos. Al verlos correr libres recordé por qué nunca dejé de luchar. 18 de marzo de 1869  Siento que hoy va a ser el día más importante de mi vida: ¡Me caso con Nelson Davis! Después de tantos años grises. él me ha traído color a la vida. Ahora sé que el amor es también una forma de libertad.  15 de junio de 1874  Todos los días me alegro de ser libre, pero hoy más que nunca. Nelson y yo hemos adoptado una niña, su nombre es Gertie. Aunque no es un bebé, su sonrisa ilumina toda la casa llenándola de esperanza. Cuidarla me recuerda a todo lo que perdí de pequeña y todo lo que aún se puede construir. 10 de marzo de 1913  Siento que el final se acerca, cada día me siento más débil, pero estoy feliz y orgullosa de mí misma por todo lo que he logrado. Miro atrás y no me arrepiento de nada. Si alguien lee estas palabras, que sepa que la libertad no se regala, hay que conquistarla.  Julia García Génova – 2º ESO