Peseta Street Journal

Tenía el dedo encima del botón de enviar, el texto llevaba escrito más de 5 minutos, solo eran dos palabras, pero no tenía el valor para enviarlas. Las había borrado y reescrito unas 10 veces. No sonaban bien, ninguna de las palabras sonaba bien.

En su habitación no había ruido, solo se escuchaba el zumbido del móvil y su respiración, que era más lenta de lo normal. Miró la pantalla otra vez, «Necesito ayuda´´ , dos simples palabras con un significado no tan simple, solo era darle a un botón, ¿Suena muy fácil verdad?

Se quedó quieta, como si el moverse fuera a romper algo, el móvil vibró, un mensaje entrante, «Oye, ¿Sigues ahí?´´. Era su mejor amigo, no había escrito nada raro, no había drama, solo esa frase. Clara tragó saliva, no había contestado todavía. Justo llegó otro mensaje del mismo chat:« Hoy en clase teníamos que hablar sobre alguien querido y yo he hablado sobre ti. ¿Sigues despierta?´´ Clara apretó el móvil, cerró los ojos mientras una lágrima bajaba por su mejilla. El texto que había escrito seguía ahí, esperando. El dedo le tembló por un segundo, pero borró el mensaje sin enviarlo.

Respiró hondo, se limpió la lágrima y respondió al mensaje: «Sí  Estoy aquí´´. Tardó unos segundos en llegar la respuesta: «Vale, oye, solo quiero que sepas que no estas sola´´. 

Clara no se sintió bien de golpe, ni feliz, ni salvada… Solo un poco más lejos. 

Se quedó quieta, mirando el techo, sin hacer nada durante unos minutos. No porque estuviera pensando en algo concreto, sino porque por primera vez en todo el día no tenía que fingir que estaba bien. El silencio ya no la molestaba tanto, seguía ahí, pero no la empujaba igual. Giró la cabeza hacia el móvil, no lo cogió, solo lo miró. Pensó en el mensaje que no había enviado.

En lo fácil que habría sido no escribir nada. En lo cerca que había estado de quedarse completamente en silencio. Y entendió algo incómodo: no era que todo estuviera arreglado, no lo estaba.

Pero alguien había notado su ausencia antes de que se hiciera definitiva. Y eso cambió el peso del momento, no el problema, el momento. Respiró hondo.

Y entendió, que si no hubiera llegado ese mensaje no habría contestado nunca más. Y por primera vez en mucho tiempo, no le dio miedo seguir despierta. 

Daniela Casado – 1º ESO