Peseta Street Journal

Qué te estamos haciendo, querido Carabanchel

Desde que tengo uso de razón y sé lo que está bien y lo que hay que mejorar, el barrio del PAU de Carabanchel está decayendo poco a poco, ya que hemos dejado de preocuparnos de pequeños problemas que han ido creciendo con el paso del tiempo. Por ello pido que se mejoren tres aspectos cruciales en este barrio: el transporte público (autobús), los carriles bici y la seguridad de nuestro barrio, ya que está claro que el barrio del PAU de Carabanchel necesita una mejora. En primer lugar, durante los últimos años, el transporte público en Madrid ha traído consigo la palabra “problemas”. El transporte público necesita mejoras, y las necesita ya. Debemos aumentar el número de autobuses, ya que con los que tenemos, la gente llega tarde, porque los que hay son muy lentos. Además, según cuenta un artículo de Newsletters, nuestro barrio ha denunciado a la EMT debido a los retrasos y las aglomeraciones de los autobuses. Estos también deben reducir el consumo de petróleo y hacerlos híbridos o eléctricos, pero tan solo hay 800 en Carabanchel de los 2102 autobuses que pasan por nuestro barrio. Hemos hablado sobre transportes que necesitan cambios, pero la bici no es uno de ellos. La bici siempre ha sido un buen medio de transporte, sin necesidad de consumir combustibles, pero opino que, en Carabanchel, el problema no es la bici, sino el carril. Según un artículo del portal web del Ayuntamiento de Madrid, han renovado 2,6 kilómetros de carril bici en la Peseta, pero no lo han hecho en Carabanchel. Otro gran problema es que no se respetan las normas del carril y eso produce accidentes. Según un experto de la empresa de bicis Scott, llamado Carlos Martínez, los accidentes han aumentado en los últimos años, habiendo 446 en 2023 y 810 en 2024 registrados. Creo que deberíamos contribuir a proyectos que nos ayuden a ser más sostenibles, como el del carril bici, asfaltado y poniéndole cámaras y no dejarlos atrás. Por último, uno de los grandes dilemas del barrio es su seguridad, y es que en el pasado año, de 4,4 millones de llamadas al 112 en Madrid, el 23% requería la actuación inmediata de la policía. Este año, un estudio ha confirmado que Carabanchel es el cuarto barrio más peligroso en toda Madrid, por razones violentas, como las bandas o las peleas. Ya se ha detenido a mucha gente, la mayoría menores, y esto es debido a gente que ha conseguido manipularlos para realizar actos de vandalismo, como afirma Telemadrid. Este problema es una herida que siempre permanece abierta y lo único que podemos hacer es ponerle una tirita, aumentando el número de patrullas en Carabanchel. Ya se ha aumentado el número de patrullas en distritos como Puente de Vallecas o Latina. Otra idea son los nuevos dispositivos, parecidos a las cámaras, que se ponen en diferentes zonas de Carabanchel para controlar a las bandas. La conclusión que saco con esto, es que el Gobierno no está cuidando el barrio y están tomando muy malas decisiones -que pueden ser perjudiciales- con los autobuses, los conflictos y el carril bici, asuntos que son muy importantes en nuestro barrio y comento esto porque yo lo pienso, al igual que mucha gente, y no vale solo con pensarlo, hay que ponerlo en marcha. Javier Calderón Díaz – 1º ESO

Los invisibles

El otro día iba andando por la Gran Vía y de repente me paré en seco. Había mucho ruido a mi alrededor. Gente subiendo y bajando por la calle a toda velocidad, cada uno pensando en sus cosas y con un sitio a donde ir. En medio de todo el bullicio había un hombre sentado en la calle, mirando hacia el suelo y con un cartón entre las piernas en el que decía, “AYUDA POR FAVOR, no tengo casa ni dinero para comer” y me hizo pensar: nadie se ha dado cuenta de que esa persona está ahí. Pese a lo modernas que son nuestras sociedades, hay muchas personas en la misma situación que el hombre de la Gran Vía. El sinhogarismo es uno de los males de nuestros días, personas invisibles que nos piden ayuda y que nos necesitan. Por desgracia, pocos, entre los que me incluyo, se acercan a las personas sin hogar. Muchos les culpan de haber llegado a estar así. Pero muchas veces no se le puede acusar de su desdicha. Nos puede pasar a todos. Si nos despiden, problemas familiares o mentales e incluso alguna mala decisión, nos puede llevar a quedarnos en la calle. Hemos de ser conscientes de que eso nos puede pasar a todos, de que esas personas posiblemente tuvieron una vida cómoda, como nosotros hoy, y sin embargo ahora tienen que verse así. No son culpables, son víctimas. La sociedad las aparta. Prácticamente nadie se preocupa de los sin hogar. Si una persona no tiene donde asearse, donde descansar, donde cortarse el pelo y poder arreglarse, es imposible que se pueda presentar a una entrevista de trabajo, de forma que su vida se convierte en una desesperación. La economía también tiene la culpa. La subida de las viviendas hace casi imposible acceder a una, el incremento de los tipos de interés produce desahucios. En el caso de que el sinhogarismo haya sido producido por un problema mental, se ve agravado por la falta de asistencia sanitaria para estas personas. Los gobiernos deben actuar rápidamente para que todas las personas puedan ejercer uno de los derechos fundamentales más importantes recogidos en nuestra Constitución en cuyo artículo 47 declara que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada…” Desde pequeños hay que enseñar a los niños en el colegio a mirar a los sin techos con empatía, no con asco y, si las entidades públicas no les ayudan, apoyar a las ONG’S que les protegen. Sólo tenemos una vida y es muy triste que algunas personas se tengan que ver así, mientras que otras nadan en la abundancia. Una palabra que aparece hoy en muchos medios de comunicación es la aporofobia, es decir, el odio a las personas pobres o desfavorecidas. Este fenómeno ha llevado a algunos a cometer auténticas barbaridades como el caso de unos jóvenes que en el 2015 quemaron viva a María Rosario Endrinal. Por desgracia, “gracias” a este hecho la aporofobia entró en el Código Penal. Encima de lo que tienen sobre sus espaldas, algunos les queman vivos. Creo que todos y todas deberíamos pararnos a pensar y actuar, cuando veamos a una persona en esa situación, tirada en la calle. No hay que olvidar que, detrás de esa persona, hay una historia. Paula Liberal – 1º Bachillerato