Desde hace tiempo no se ven películas destacables a nivel de argumento en cines. Siempre siguen una estructura de acción constante, sin dejar espacio a una narrativa decente. En efecto, nos encontramos ante una reestructuración del cine nunca antes vista, y es que no es raro ver personajes secundarios e incluso protagonistas, sin ninguna complejidad, casi como si fueran simples extras.
Todo ello proviene de una de las mayores fuentes de problemas de la actualidad: las redes sociales. Empezó con TikTok y se le unieron YouTube e Instagram, así como muchas otras. Los vídeos en formato corto, de menos de un minuto, provocan grandes adicciones en los jóvenes de hoy en día, pues están diseñados para ello al aportar dopamina constante. Los índices de déficit de atención se han disparado, y si niños y adolescentes no pueden mantener la concentración ni cinco minutos, mucho menos lo harán durante una hora de película.
Las empresas lo saben, por lo que han decidido comenzar a transformar el cine en otra fuente de dopamina constante. Las escenas tensas predominan sobre las más narrativas. Llega a tal punto que el propio tráiler ya resume el argumento, porque ya no importa. La gente quiere ver persecuciones, peleas y personajes sin importancia muriendo de forma trágica, con los que no establece más conexión emocional que el mero parecido físico, pues un personaje admirado muriendo provoca el odio de la comunidad al director.
Si bien se pueden apreciar la acción y aventura, también necesitamos tomar descansos, reflexionar y deleitarnos con las historias. La gente apenas lee, las películas se consideran basura si no ocurre algo importante cada minuto, e incluso la música cada vez se acorta más y se vuelve repetitiva. Se necesita un cambio urgente, es necesario apreciar los argumentos, puesto que, de no hacerlo, encontraremos un futuro donde ya no aparezcan nuevos clásicos del cine como E.T, Regreso al futuro o Jurassic Park (la original), solo vídeos de hora y media de gente pegándose sin razón alguna. La acción complementa la historia, no la sustituye.
Diego Simón Navarro – 2ºBTO
