La midorexia es la dificultad que tienen las personas para aceptar su edad biológica, causada por el miedo irracional al envejecimiento. Este problema se identifica en psicología como trastorno de la imagen corporal. Las personas que lo padecen se autoconvencen de que son más jóvenes de lo que en realidad son, manteniendo una imagen juvenil, recurriendo a hábitos, actividades o rutinas exigentes, que en exceso, pueden ser perjudiciales como someterse a cirugías estéticas para “rejuvenecer” su físico. Patricia García García, psicóloga del Hospital Miguel Servet de Zaragoza explicó que la midorexia tiene características de fobia, ya que las personas que lo experimentan los signos de envejecimiento desde el temor y llevando a cabo acciones o conductas que, en muchas ocasiones, ponen en riesgo su salud.
Esto puede estar potenciado por factores culturales ya que en algunas la vejez simboliza sabiduría y experiencia, mientras que en otras, atrae más la juventud y la belleza física casi inalcanzable, mostrando así que la percepción del estatus de perfección varía dependiendo de la cultura. También se relaciona con la presión social porque, aunque no lo parezca, las sociedades actuales se mueven por los medios de comunicación y redes sociales que idealizan estándares de belleza casi imposibles, generando una presión constante hacia las personas para parecer atractiva y juvenil a cualquier edad. Además, genera miedo a la pérdida de un “valor atractivo” físico ya que no son capaces de aceptar un cambio natural de la vida y esto, puede desencadenar perfectamente en un problema mental como la midorexia.
El siglo XXI, se caracteriza por la invención de la IA, que ha supuesto un avance inmenso en nuestra sociedad y que nos ha permitido avanzar como especie. Se encuentra en todos nuestros dispositivos, redes sociales y aplicaciones de edición que permiten editar y alterar los rostros y cuerpos para modificar rasgos y ocultar signos de la edad. Esto va generando una “distorsión cognitiva” con la que las personas son más propensas a desarrollar una obsesión por verse en la vida real tal como aparece en las imágenes hechas por la IA. Argelia Guillén, psicóloga sanitaria destacó el impacto de los retos estéticos para alcanzar estándares de belleza casi imposibles.
Debido a desarrollar esta obsesión, se experimenta un miedo alarmante al envejecimiento en personas relativamente jóvenes, como a la aparición de arrugas, pérdida de cabello, etc. También, muchas de las personas con midorexia desarrollan una obsesión a las cirugías estéticas ya que, en los últimos años, se ha potenciado una dependencia alarmante en el mundo de la cosmética a los productos y tratamientos faciales que aseguran frenar algunos signos de la edad incluso en jóvenes que los consumen de manera excesiva y constante para verse más atractivos. Incluso existen algunas marcas que han sacado al mercado mascarillas faciales para niños pequeños a partir de los 3-4 años de edad.
Asimismo, este tipo de trastornos pueden derivar en imitar también comportamientos, actitudes de la juventud como estilo de vida, ropa, poses y formas de expresarse. Esta actitud se asemeja a la surrealista situación que presenta Tora Flynn Boyle, quien destaca en las redes por sus cambios físicos a la edad de 66 años, pasando por quirófano en numerosas ocasiones. Para muchos expertos, esto puede derivar además en desarrollar el síndrome de Peter Pan en adultos que evitan crecer para así también eludir responsabilidades, compromisos y madurez emocional.
Esta obsesión por la eterna juventud afecta tanto a mujeres como a hombres en edades comprendidas entre los 40-50 años. Pero sí es verdad que las mujeres lo sufren más debido a que actualmente se les sigue exigiendo unos estándares de belleza y cuidados muy exigentes en comparación a los hombres por parte de la industria de la moda, cosmética y redes sociales. Además, suelen compararse con las personas de su alrededor en mayor medida, por lo que cuando estas muestran un pequeño signo de envejecimiento empeora la no aceptación de uno mismo. Se estima que cerca del 85% de las mujeres y que el 14,3% de los hombres en el mundo se han sometido a algún tratamiento estético. Pero, entre estas cifras, la mayoría tienen entre 18 y 24 años de edad, lo que demuestra la exigencia entre los más jóvenes por alcanzar una belleza estética irreal.
La generación Z viene acompañada de la necesidad de recurrir a estos retoques estéticos , intervenciones quirúrgicas, un abuso de filtros y maquillaje en fotografías y vídeos. El problema no solo está ahí, sino que ahora son los jóvenes quienes están afectados por el exceso de la falsa información distorsionada que circula por las redes sociales como fotos editadas, rostros generados por IA con rasgos y siluetas consideradas “perfectas” lo que potencia una dificultad mayor para la aceptación y autoestima.
Finalmente, este síndrome es cada vez más frecuente y está más normalizado en la sociedad actual, pero tampoco es normal encontrarlo en edades tan tempranas por la constante exigencia social por conseguir determinados estándares de belleza que en realidad, no existen de manera natural. El objetivo de estas personas es mantener su físico juvenil recurriendo a diferentes soluciones que acaban por convertirse en una fuerte adicción. No se deben normalizar este tipo de comportamientos ya que son las propias facciones, rasgos y signos de cada uno lo que nos hace únicos y demuestran nuestra evolución a lo largo de la vida. Experimentar estos cambios no debe ser algo de lo que nos tengamos que avergonzar.
Paula Benito Daganzo – 3ºESO
