Ir al contenido principal

Peseta Street Journal

Era un día soleado por la mañana. Cuando una niña salió fuera a jugar al parque. Ella era muy detallista y se fijaba en absolutamente todo. Le gustaba ver hasta el más mínimo detalle, por ejemplo, si un día una flor tenía tres pétalos y al día siguiente tenía dos ella se daba cuenta.

Su abuelo murió cuando ella solo tenía dos años. Sus padres no sabían por qué pero, aunque ni siquiera lo recordaba, ella siempre tuvo miles de dudas sobre él, había algo que la inquietaba mucho. Resulta que sus padres tenían una flor preciosa y muy llamativa de color amarillo que desde que murió su abuelo, hacía ya ocho años, esa flor estaba siempre ahí  igual de bonita que siempre. Los padres no le habían contado nada pero las cenizas de su abuelo estaban ahí, en esa planta. La niña siempre les decía:

– Esa flor tiene algo especial. – A lo que los padres siempre le respondían,

– Esa flor nos la regaló tu abuelo y no tiene ni nada especial ni nada malo.

– Pues yo creo que sí. – Decía la niña. Aquello siempre acababa en una discusión. La niña siempre terminaba arrepentida.

 

Un día la niña se acercó al salón para ver una película, fue entonces cuando escuchó un ruido. Era la planta. Al principio no le dio importancia pero al rato volvió a sonar, se acercó despacio y con un poco de miedo.

– Soy tu abuelo. – Dijo la planta -Ella se asustó tanto que casi se cayó, pero luego pensó que no debían enterarse su padres y guardó silencio.

– He estado aquí todos estos años y he esperado a este momento para que tú lo supieses. – Volvió a hablar la planta.

La niña, ya un poco más tranquilizada, dijo:

– Siempre sentí que te tenía muy cerca…

– Siempre que te sientas sola ven y yo te escucharé, es como si siguiera a tu lado pero un poco más lejos.

– Al final la niña comprendió que cada cosa va a su tiempo y no debía ser impaciente.

 

Clara Herrera García. 1º ESO