Es un día como cualquier otro, llegas a casa cansado del trabajo, te tumbas en el sofá y enciendes la televisión. Lo primero que aparece son las noticias de la cadena que sueles ver, pero ese día, por casualidad, decides cambiar y poner el telediario de otro canal. Enseguida te das cuenta de que se diferencia mucho de lo que estás acostumbrado a ver, no solo en el formato, sino también en la forma de contar los hechos. Te preguntas si las noticias que habías estado viendo hasta ahora eran tan objetivas y ciertas como pensabas.
Lo cierto es que el género informativo cada día se aleja más de esa objetividad que lo define y los telediarios son el más claro ejemplo de ello. A menudo, los presentadores no se limitan a narrar un acontecimiento, sino que lo interpretan, lo relacionan con otros hechos y, de forma sutil, crean una opinión en el receptor. Especialmente llama la atención el caso de Antena 3 y La Sexta, ambas pertenecientes a la misma corporación pero totalmente opuestas en ideología. Viendo las noticias de una y otra cadena, a veces surge la duda de si realmente hablan de los mismos hechos.
Al final, todo esto no hace otra cosa que aumentar la polarización social. En un contexto en el que las redes sociales se han convertido en un espacio para la difusión de bulos, desinformación y odio, los medios de comunicación tradicionales asumen una gran responsabilidad. De ellos se espera precisos y objetivos, dejando la opinión para los programas de tertulia.
